historia de amor con dos aspirinas (0.1)

Abres los ojos lentamente, como si el mundo te pesara en los párpados. Tendido en medio de la sala de estar, todo gira en espiral a tu alrededor. Dos aspirinas, piensas, y el mundo entrará en equilibrio. El aliento te sabe a tabaco y tequila, pero el alma te susurra en frecuencias geométricas. La procedencia de una voz pronuncia el sustantivo que aúna tu minucia: Papá, ¿estás bien? Es Aurora, tu hija, y hoy le falta el tierno artilugio de su sonrisa. Te sientes miserable al ver el gusano de la incomprensión comerse el rostro de pétalos de la niña. Ella dice que te ves mal. Feo. Tratas de incorporarte y reciprocas su preocupación con una sonrisa. Tienes que ir al médico, asegura. Teresa entra en tu vago campo de visión y la separa de ti como quien teme al contagio de alguna enfermedad terrible. Le dice que es tarde, que se marchan para el colegio y que Papá se pondrá mejor para cuando él vaya a recogerla en la tarde. Antes de cerrar la puerta, atisbas a encontrar los ojos opacos de tu esposa. Los miras pero no los ves.


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