Synchronicity, o las ruedas del tiempo

La modernidad nos presenta, como uno de sus valores más exponenciales, la sensación de diversas experiencias de vida en puntos geográficos, distantes y diversos, que se manifiestan como un síntoma generalizado.

Cuando mi novela Gracia estaba en prensas, y mientras Dan Brown escalaba los mercados con El Código Da Vinci, Eduardo Mendoza ganó el premio Seix Barral con Satanás. Las tres novelas tienen un paratexto común. Pero mi punto es que cuando uno lee a Amir Valle en Cuba, a Alberto Fuguet en Chile, a Xavier Velasco en México (en especial en su libro El materialismo histérico), a Ray Loriga en España (aunque vive en Manhattan), uno encuentra un lenguaje común, que igual habla con Bret Easton Ellis en Estados Unidos o con Coupeland en Cánada, y que parecen desarrollarse en la misma espacialidad de la condición posmoderna: la distopía.

Todos estos escritores nacieron entre 1963 y 1970.

Como dice Tyler Durden en The Fight Club, la novela de Chuck Palanhiuk: "We're the middle children of history, man. No purpose or place… An we're very, very pissed off!"


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