Factotum: el morbo de Bukowski












Y no me la pude parar.

Así termina Factotum, una de las novelas de mi lista de mejores lecturas, y que recientemente ha sido llevada cine, esterilizando Matt Dilón y Marisa Tomei, dos actores a cuyo culto me adhiero.

La premisa de la novela de Charles Bukowski es sencilla: un escritor (Henry Chinaski, alterego del propio autor) que busca su sustento a través de diversos empleos, y de ahí el título: factotum, que en mi país le llaman de diversas maneras, incluyendo soplapotes y taparotos. El resto es un viaje a través de la vida, muy al estilo del memorial On the road, pero, contrario a la obra de Kerouac, que recorre los Estados Unidos de este a oeste y culmina en México, Factotum nunca sale de Los Angeles. Vivir y sufrir quedan poetizados magistralmente por Bukowski, escritor Beat radical y periferal.

Pero el tema subyacente que asalta al lector es la lucha del artista moderno en la sociedad capitalista. Del arte ya no se vive. Y de ahí que toda la novela sea el acopio de experiencias laborales que en ocasiones no duran más de un día, todo con tal de obtener algo para comer, beber, fumar, y poder escribir, hasta el próximo empleo.

Y no me la pude parar, termina la obra de Bukowski, mientras Chinaski intenta masturbarse en un espectáculo porno en vivo.

Es la impotencia que sofoca toda posibilidad de procreación.


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