Las babas de Cortázar



Los cuentos de Cortázar se cotizan entre los más refinados y perfectos de la literatura mundial por su maquinal sentido de la técnica sobre la cual se andamia un lúdico uso del lenguaje, que es sobrellevado a su vez en oraciones de complejidad sintáctica donde a veces se opaca la diégesis del discurso mismo. Precisamente, estos atributos destacan en “Las babas del diablo”, cuento publicado inicialmente en Las armas secretas su quinto libro, libro escrito bajo una admitida influencia del jazz be-bop de Charlie Parker, a quien dedicara uno de los cuentos.

“Las babas del diablo”, llevada al cine por Michelangelo Antonioni, fluye a manera de una trío de voces narrativas que, como instrumentistas ejecutando un jazz, van improvisando acordes intercalados, construyendo la historia sobre una escala musical, que será el discurso, dispuesto en tres secuencias narrativas, y el cual queda enmarcado por la elaboración de un metarelato. Pero más que un cuento que trata sobre hacer un cuento, nos enfrentamos a una historia donde la pérdida de la inocencia, en términos Blakeianos, nos abre los ojos a la experiencia, la cual no existe sin el mal. Este tema, que es esencialmente romántico, es presentado en las últimas dos de las tres secuencias que constituyen todo el desarrollo del cuento.

El cuento es una obra maestra de Cortázar. El lector nunca sabe dónde queda ubicado con respecto a la acción. Y terminamos, como con todo buen escritor, en sus redes de tinta.



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