Domo Arigato, Mister Murakami



Llegué a Murakami cuando Alberto Fuguet me lo recomendó. Lo primero que leí fue After the Quake, colección de relatos, a lo que le seguí con Kafka on the Shore, novela. Le tomó a Murakami cerca de 20 años antes de ser reconocido como una de las figuras principales de la ficción mundial. Cuentista y novelista, su escritura ha sido criticada por estar muy mediatizada por la cultura de medios. En realidad, ¿qué no lo está en estos días? Posiblemente Murakami tiene tantos detractores como seguidores, pero, de nuevo, ¿qué escritor no está expuesto a eso?

Murakami escribe comprometido con la soledad del mundo moderno. Separar la realidad y la fantasía a veces ni merece la pena el esfuerzo, porque es una futilidad. Después de todo, ¿qué es la realidad? En Murakami se suscita el sujeto posmoderno y su cuestionamiento ante la soledad: el misterio, el abandono, la desesperación, el amor, la desilusión o incertidumbre. Probablemente la mejor historia de su último libro, Blind Willow, Sleeping Woman, es “Tony Takitani”, pautada para llegar al cine a inicios del año entrante, y donde el protagonista es básicamente un inadaptado de la sociedad japonesa. Sin relación edipal (su madre muere) y ante la inaccesibilidad de su padre (músico de jazz que nunca estaba en la casa), Takitani se confina a sus interiores, lo que lo desarticula como individuo partícipe de la sociedad.

Pero, ¿lo mejor de Murakami? Sus historias escapan las interpretaciones.


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