La caída de las utopías de acuerdo a Volpi

Hace seis años, Jorge Volpi (México, 1968) hablaba de ese compromiso ético con la novela “entendida como una investigación personal que trata de encontrar algunas soluciones y ofrecerlas a los lectores de investigar a través de la ficción que esa es la naturaleza esencial de la novela”. En efecto, Volpi valida la consabida heteroglosia de la que nos hablaba Bhaktin, y en su defecto nos comprueba que la novela en plena evolución.

Volpi es para mí uno de los que van a trazar la literatura por los próximos diez años. Miembro buona fide la Generación del Crack, es leído tanto en Europa como en América, un evento de suma rareza entre las letras hispanos, y privilegio compartido con Vargas Llosa y García Márquez, entre otros. En su novela En busca de Klingsor se conjugan la novela histórica, detectivesca y la divulgativa. Es todas y es ninguna. En su nueva novela, No será la tierra, es todo un proyecto literario donde los personajes son partícipes de algunos de los eventos más influyentes del siglo XX, entre los que destaca, más prominentemente, la caída del comunismo.

No será la tierra (que consta de 544 páginas), Volpi concluye una trilogía sobre los acontecimientos que marcaran el siglo pasado, proyecto iniciado con Klingsor y continuada con El fin de la locura.

Esta novela, a mi entender, es uno de esos libros que marcan hitos. La producción novelesca se comenzará a medir antes y después de esta novela, que, editorialmente, le devuelve el grosor a las buenas lecturas, y literariamente, señala un nuevo rumbo en las letras hispanoamericanas.


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