Viaje a la semilla


Cerro de Guilarte, Adjuntas (Puerto Rico)

De vez en cuando uno siempre merece un viaje a la semilla. El trazo de asfalto montaña arriba, el aire cristalino, las variciones de verde, la casa de mi infancia. La lluvia me recibió, como siempre. La niebla se mantuvo vigilante desde la altura, y parecía que el pueblo era una extensión del cielo. O tal vez, que colgaba de las nubes.

Al llegar, una tierna soledad barría las calles del pueblo, y el silencio era ensordecedor.

En casa de mis padres, tuvimos la cena de acción de gracias -la segunda del día- y fue grato ver el pavo de siempre -el mismo pavo del año pasado, pensé, que era el eco de otros anteriores- y el relleno de carne de res acompañados de las papas majadas y el arroz con gandules. Luego la conversación después de la cena, sentados en la sala, mientras en la televisión -al igual que el año anterior- pasaban "Mujercitas". En un momento que las palabras faltaron, sentí el vacío de la casa nuevamente. En un tiempo, mis hermanas y yo llenábamos la casa. Eso era el concepto de tradición. Ayer éramos ramificaciones dispersas en distintos órdenes de prioridades.

Ayer solamente quedaba, pues, el silencio, el vacío y pavo repetido. Me es inevitable pensar que entre niebla, lluvia y silencio, llegará el día en que finalmente terminemos el pavo en casa de mis padres y entonces tendré que reinventar la tradición.

De todo esto, sólo quedará el fantasma de la memoria. Pero así de disfuncional, así de vivo en mí.


You may also like

Blog Archive