"Gracia": un oasis en el infierno


Big Brother is watching you... always

Por Mario Alegre Barrios
El Nuevo Día

SE TRATA de una droga que hacer ver a Dios. Se llama Gracia y es como un falso oasis en el infierno que se vuelve eje de un asesinato, una conspiración y un culto religioso, triángulo en el que intervienen Patria, Abel, Sam y la CIA. Se trata de la novela más reciente de Elidio La Torre Lagares.

Insertada en la mejor tradición del thriller contemporáneo, Gracia -publicada por la editorial Oveja Negra- representa el debut en este género de La Torre Lagares, quien no hace mucho publicó el poemario Cáliz, con su editorial Terranova. "Con Oveja Negra se me abre un mercado más amplio, porque se trata de una editorial con presencia internacional y eso es vital para proyectar en el exterior la literatura joven puertorriqueña", apunta el escritor. "Gracia es un proyecto que me demoró alrededor de tres años y que está hecho con toda la intención de hacerse leer, a través de su temática, el tratamiento del lenguaje y su complejidad dramática."
Al aceptar que este tipo de literatura no es muy común como fruto de plumas locales, Elidio señala que algunas personas consideran que el thriller es "extranjerizante". "Yo simplemente lo considero como parte de la postmodernidad y una respuesta de los escritores contemporáneos que desean apartarse diametralmente del realismo mágico", reflexiona. "Si bien la novela policial ha sido abordada por varios de los escritores más famosos de nuestros tiempos, como Piglia, Bolaño y Fuguet, en el caso de Gracia ese aspecto es sólo uno de los elementos de la trama".

La idea germinal de Gracia, explica Elidio, nace de la idea de que se crea una droga que permite que los usuarios vean a Dios. "Todo esto tiene que ver con los experimentos que hizo la CIA con alucinógenos y otro tipo de drogas creadas en laboratorios con fines militares", ilustra. "Algunos de estos experimentos se hicieron en la Universidad de Harvard y de ahí salió el famoso ácido o 'LSD', que fue probado con estudiantes voluntarios. Uno de ellos fue el poeta Allen Ginsberg, quien más tarde realizó una cruzada casi solitaria para que la CIA decodificara los resultados de esas pruebas. Toda esa historia siempre me sedujo y alimentó la idea que finalmente se convirtió en Gracia. Llegó el vínculo con la religión y el proyecto tomó forma. Gracia es el nombre de una droga que hace ver a Dios y que es usada por una secta religiosa para controlar a sus miembros. A la vez, la CIA anda detrás del fármaco y así es como se complica la trama. En realidad, el final no lo sabía cuando empecé a escribirla... y sigo sin saberlo, a pesar de haberla terminado de escribir".

Como en todo proceso de escritura, dice Elidio que arduo no es escribir, sino reescribir, pulir los personajes y los diálogos, darles fluidez. "Siempre lo más difícil es el trabajo artesanal y ahí está también parte de la magia", apunta. "No me seduce describir los personajes... prefiero que ellos cobren vida por sí mismos con sus gestos, sus palabras, sus actitudes. Mis personajes nunca han sido héroes y en el caso de los de Gracia tampoco. Me gusta despertarme a media noche pensando qué estarán haciendo sin mí. Este es uno de los laberintos maravillosos de este oficio".
Elidio comenta que Gracia tiene diversos niveles de lectura, pluralidad que va desde la alegoría política o la de la salvación personal, hasta el simple entretenimiento. "De cualquier manera, intenta atrapar al lector y creo que lo logra, según testimonios de quienes la han leído", dice.
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"Me siento muy satisfecho con esta novela. Me gustó escribirla... el final es abierto. Me place escribir dando margen a que el lector también participe. Tiene un falso final: termina, pero no acaba. Y tampoco viene una segunda parte".


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