Ver el nombre de uno en un libro siempre es agradable. El escritor siempre es una suerte de exhibicionista, después de todo. Pero ver el nombre de uno y no poder leerlo, deja una sensación de desfamiliarización muy cruda. Abajo se supone que dice: "Gracia", por Elidio La Torre Lagares, y el texto aparece en una librería cibernética en China.


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Siendo uno de los escritores antologados en Pequeñas resistencias 4 (Madrid: Páginas de Espuma, 2006), quisiera compartir las impresiones de la prensa española respecto a la publicación.

por J. Ernesto Ayala
de Babelia, suplemento de El País (España)

Puede que los nombres recogios en Pequeñas resistencias 4. Antología del nuevo cuento norteamericano y caribeñono resulten familiares a los lectores españoles. De México el lector tendrá información de Ignacio Padilla, Mario Bellatín, Cristina Rivera-Garza, autores todos editados en nuestro país. De Cuba, República Dominicana (aprovecho para recomendar una valiosa antología de cuentistas dominicanos editada por Siruela hace dos años), Estados Unidos y Puerto Rico, apenas se tendrá alguna idea. Pero este desconocimiento queda perfectamente compensado con la calidad literaria de los antologados. No se trata ya de que nos guste un cuento más que otro. Se trata de que la sensación que nos deja su lectura es la de que todas las piezas elegidas (todas pertenecientes a libros editados) sintonizan con las exigencias básicas del cuento contemporáneo: sentido de la transfiguración de la realidad, inventiva y metaforización, concisión y sentido revelador del ocultamiento de lo narrado [...]
Porn star, decía la camiseta, en letras perladas y rosa sobre un fondo blanco marfil.

La chica entró al café cortando el aromatizado aire de Mocha y Latte, latiendo al ritmo de su propio aliento, deslizada en sus mahones wash-out, boot cut, low rise y exhibiendo el ombligo atravesado por un diminuto aro. Ella se acercó a una señora, de esas que lucen Botoxed-up, sun-tanned y air-brushed, y le dijo: “Estoy aquí, mamá”, cosa que era algo así como un pleonasmo, porque todos ya habíamos notado su presencia.

Porn star, se imponía orgullosa, con una aire de seguridad en sí misma.

Y me confirmó la tesis inscrita en el evangelio de Jenna Jameson: el sexo es poder.

Quien crea la ilusión, la controla. Y nos controla.
Lo demás es pura novela.
Abres los ojos lentamente, como si el mundo te pesara en los párpados. Tendido en medio de la sala de estar, todo gira en espiral a tu alrededor. Dos aspirinas, piensas, y el mundo entrará en equilibrio. El aliento te sabe a tabaco y tequila, pero el alma te susurra en frecuencias geométricas. La procedencia de una voz pronuncia el sustantivo que aúna tu minucia: Papá, ¿estás bien? Es Aurora, tu hija, y hoy le falta el tierno artilugio de su sonrisa. Te sientes miserable al ver el gusano de la incomprensión comerse el rostro de pétalos de la niña. Ella dice que te ves mal. Feo. Tratas de incorporarte y reciprocas su preocupación con una sonrisa. Tienes que ir al médico, asegura. Teresa entra en tu vago campo de visión y la separa de ti como quien teme al contagio de alguna enfermedad terrible. Le dice que es tarde, que se marchan para el colegio y que Papá se pondrá mejor para cuando él vaya a recogerla en la tarde. Antes de cerrar la puerta, atisbas a encontrar los ojos opacos de tu esposa. Los miras pero no los ves.

Elidio La Torre Lagares.
Foto por Ana Ivelisse Feliciano

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