Para leer de verdad, la nueva novela de Volpi Posted by Picasa
Hace seis años, Jorge Volpi (México, 1968) hablaba de ese compromiso ético con la novela “entendida como una investigación personal que trata de encontrar algunas soluciones y ofrecerlas a los lectores de investigar a través de la ficción que esa es la naturaleza esencial de la novela”. En efecto, Volpi valida la consabida heteroglosia de la que nos hablaba Bhaktin, y en su defecto nos comprueba que la novela en plena evolución.

Volpi es para mí uno de los que van a trazar la literatura por los próximos diez años. Miembro buona fide la Generación del Crack, es leído tanto en Europa como en América, un evento de suma rareza entre las letras hispanos, y privilegio compartido con Vargas Llosa y García Márquez, entre otros. En su novela En busca de Klingsor se conjugan la novela histórica, detectivesca y la divulgativa. Es todas y es ninguna. En su nueva novela, No será la tierra, es todo un proyecto literario donde los personajes son partícipes de algunos de los eventos más influyentes del siglo XX, entre los que destaca, más prominentemente, la caída del comunismo.

No será la tierra (que consta de 544 páginas), Volpi concluye una trilogía sobre los acontecimientos que marcaran el siglo pasado, proyecto iniciado con Klingsor y continuada con El fin de la locura.

Esta novela, a mi entender, es uno de esos libros que marcan hitos. La producción novelesca se comenzará a medir antes y después de esta novela, que, editorialmente, le devuelve el grosor a las buenas lecturas, y literariamente, señala un nuevo rumbo en las letras hispanoamericanas.

Pedro Cabiya (foto de Marcos Perez) Posted by Picasa
La escritura de Pedro Cabiya (o Diego Deni, o Tobías Bendeq, o Gregorio Falú, o todos ellos) es donde se sustraen todas las tradiciones continuidades literarias anteriores. Para que despunte una nueva literatura, tiene que haber negación y a la vez tradición.

La topografía de la escritura de Cabiya es diversa, dispersa, pero sobre todo, extraña, lo que nos recuerda a Donald Barthelme y a Thomas Pynchon. Los cuentos de Cabiya han aparecido en prestigiosas revistas literarias, periódicos y antologías, tales como la Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI, editada por Julio Ortega, y el consabido Rostro y la máscara. Así, en el claroscuro de los siglos, nos llega Historias tremendas.

En este primer libro de Cabiya, el efecto estético, por tomar prestadas las palabras de Dominic Head, se mantiene relativamente autónomo. Se aparta el escritor de los códigos conductuales y convenciones sociales, que son suplantados con afán fetichista por los juegos de palabras y unidades de lenguaje.

Más decididamente, la escritura de Cabiya plantea un cambio de paradigma en nuestra literatura, mejor representado en un pasaje de “Historia verosímil de la noche tropical”, cuando el personaje de Iris, al notar que el personaje de Bruno Soreno (a quién conoceremos más tarde) está ebrio, insiste en conducir: “Ah, no, pues no. Mejor yo guío porque lo que yo quiero es que no me vaya a parar la jara”, dice ella. El narrador advierte entonces: “¡La jara! ¡Oye eso bien, mi hermano, la jara!... ¿De qué... sarcófago se arrastró este... pescuezo?”.

Este pasaje, a mi entender, recoge, de manera alegórica, un decisivo distanciamiento generacional. Ciertamente, las cosas ya no son como eran, ni lo serán como son. Pero, no obstante, la intención que resguarda a este pasaje como telón de fondo es la de atrechar la distancia para, primero, equipararse con su sujeto, y luego, desplazarlo. Ya lo dijo J. Tinianov al tratar el problema de la sucesión literaria: “Cuando se habla de la tradición o de la sucesión literaria, se piensa generalmente en una línea recta que une a los autores más recientes de una rama literaria con sus mayores. Las cosas, empero, son mucho más complejas. No se trata de una recta que se prolonga, sino que cada paso asistimos a un comienzo que se organiza a partir de un punto que se refuta”.

En Historias tremendas, la palabra es el epicentro del efecto Cabiya. Lo filosófico y culto cohabitan con la jerga cotidiana en una impactante mezcolanza pop de aldea global post-tecnológica. En el cuento “Historia de una visitación”, por ejemplo, se recurre en el uso del hipérbaton, con énfasis especial en los verbos al final de la oración (recurso utilizado por los prosistas españoles del renacimiento). Los personajes en este cuento, Climenestra, Pericles, Hermógenes, Tais, entre otros, degustan pasteles de yuca y de plátano y persiguen a una rata. El realismo grotesco es enfatizado cuando los actantes, que llevan nombres extraídos del mundo clásico, se reducen a la gastronomía popular puertorriqueña. Y es que, en los tiempos de la Posmodernidad, las utopías se han disuelto y sólo nos queda la experiencia inmanente: la exaltación y la burla. Así, pese a que ocho personas persiguen la rata, “ninguna pudo agarrarla. Intentaban no tropezarse entre ellos, pero esa utopía fracasó”.

En el cuento “Historia de un hombre nacido bajo el influjo de una mala estrella, o vida de un desgraciado, o penosa tragicomedia en ocho acápites”, encontramos al hablante desventurado, una deformación del “Cándido” de Voltaire que se presenta a tales desdichas que incluso nos recuerdan a los Infortunios de Alonso Ramírez de Sigüenza. En el mundo carnavalesco de la risa, no existe negación abstracta pura. “Una paliza es tan ambivalente como un insulto se transforma en elogio”. Así, el personaje, luego de varias palizas y trifulcas, es reducido a su profecía: “Dentro de muy poco sepultaré mi tamaño y anonadaré la superficie de este mundo desplegando kilómetros y kilómetros de papilas digestivas”. El castigo se transforma en risa festiva. El objeto es asumido y el sujeto se disuelve.

El absurdo, la parodia y el pastiche son materia de uso en Cabiya. Es un ensayo de la incertidumbre y la transitoriedad. Directo a la sangre en irrigaciones de chocarrería y mundanalidad culta, Cabiya recoge lo que encuentra en el vertedero cultural de esta sociedad de excesos, y lo transforma en artefactos que, si bien portan algo de patético, también son bellos.

La literatura no será igual después de Pedro Cabiya.


Imagino el barco alejándose, cortando las olas que inundan la bahía, y a él, con sus ojos grandes perdidos en el horizonte de isla. Es el eterno viaje de ida, como el del Bayoán peregrino —el viaje que se repite como holograma de un arquetipo. Arístides, apenas con veinte años, deja atrás una estela de recuerdos y un libro de versos. Misa rosa, lo tituló.

Se torna hacia la proa y se pierde en el amplio y misterioso mar que se lo traga como una gran boca de tiempo.

Tan sólo lo imagino.

¿Razones para arar la distancia en búsqueda de otro suelo? Las podemos adivinar. Pero únicamente Arístides las conocía. Las guardaba como parte de su equipaje, allí, con “La ninfa y el fauno”, “Los cíclopes”, “Los argonautas”, “Pan” y “Prometeo”, quienes poblaron sus versos.

Tal vez era un pez demasiado grande para un estanque pequeño.

Arístides Moll Boscana se casó con la historia en una “misa rosa” que abría el espacio a una nueva estética poética al publicar el libro que oficializa el modernismo en Puerto Rico. Pero el matrimonio duró poco, y la historia se olvidó de Misa rosa, libro impreso en las prensas del Boletín Mercantil de San Juan en 1905 y que celebró el centenario de su publicación.

De la vida personal de Moll Boscana se conoce muy poco. Nacido en Adjuntas en 1885, el autor muere en Berkeley, California el 5 de marzo de 1964. Se educó en diversos centros de estudio en Francia, España y Estados Unidos. Fue maestro en su pueblo natal, pero luego migró de campo laboral para convertirse en subadministrador de aduana en Mayagüez.

Fue allí donde el mar comenzó a llamarle. Exactamente, 100 años atrás, cuando un tal Albert Einstein escribió que el tiempo no es el paradigma absoluto que hemos conocido y respetado. Masa y energía son recíprocamente transformables, dijo. Inclusive, un libro contiene energía en reposo.

Eso es Misa rosa, la obra que oficializa el modernismo en Puerto Rico. Energía en reposo.

O tal vez un pez muy grande para un estanque pequeño.


Llegué a Murakami cuando Alberto Fuguet me lo recomendó. Lo primero que leí fue After the Quake, colección de relatos, a lo que le seguí con Kafka on the Shore, novela. Le tomó a Murakami cerca de 20 años antes de ser reconocido como una de las figuras principales de la ficción mundial. Cuentista y novelista, su escritura ha sido criticada por estar muy mediatizada por la cultura de medios. En realidad, ¿qué no lo está en estos días? Posiblemente Murakami tiene tantos detractores como seguidores, pero, de nuevo, ¿qué escritor no está expuesto a eso?

Murakami escribe comprometido con la soledad del mundo moderno. Separar la realidad y la fantasía a veces ni merece la pena el esfuerzo, porque es una futilidad. Después de todo, ¿qué es la realidad? En Murakami se suscita el sujeto posmoderno y su cuestionamiento ante la soledad: el misterio, el abandono, la desesperación, el amor, la desilusión o incertidumbre. Probablemente la mejor historia de su último libro, Blind Willow, Sleeping Woman, es “Tony Takitani”, pautada para llegar al cine a inicios del año entrante, y donde el protagonista es básicamente un inadaptado de la sociedad japonesa. Sin relación edipal (su madre muere) y ante la inaccesibilidad de su padre (músico de jazz que nunca estaba en la casa), Takitani se confina a sus interiores, lo que lo desarticula como individuo partícipe de la sociedad.

Pero, ¿lo mejor de Murakami? Sus historias escapan las interpretaciones.

Cuando Mayra Santos-Febres publicó, al inicio del nuevo siglo, su novela Sirena Selena vestida de pena, los temas de la exclusión y la marginación –sostenes en la organización de la cultura occidental- adquirieron un renovado dinamismo en el imaginario popular puertorriqueño con la inclusión del concepto del travestismo que encarna el personaje que da título al libro. Según el crítico Kristian Van Haesendock, la novela de Santos-Febres marca un hito en la literatura puertorriqueña, puesto que su protagonista, Serena, es un joven quinceañero que encuentra su verdadero yo a través de la transitoriedad enmascarada que le provee la cultura del drag.

La novela escinde la visión cultural conservadora y abre un espacio a los estudios de la teoría queer y del drag and cross dressing en el Caribe. Por su carácter intrínsicamente político, el travestismo es un recurso excelente para desestabilizar aquellas posturas generalmente aceptadas en torno al sexo y al género.

Claramente, el travestismo –esto es, la apropiación de características de género normalmente asociadas con el sexo opuesto- adquiere significación más allá del género y es a la misma vez un acto sexual en sí mismo. Mas, en el caso de la Sirena Selena, el travestismo es un tanto de carácter paródico porque reta el orden occidental colonizador imperante en el Caribe, el cual es de naturaleza esencialmente falocéntrica.

La risa, en esta dirección, juega un papel fundamental como arma desestabilizadora.

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