Dos días antes del fin del año, pienso que este es el momento en que la gente se concientiza acerca del tiempo como campo de experiencia, aunque a muchos les basta sufrirlo como unidad de medida. En cualquier caso, pensamos en lo hecho, logrado o vivido, y planificamos hacia una abstracción mayor, que es el futuro.

Puras vainas del mito humano, digo yo, pero no por ello menos interesantes o relevantes.

Para mí, como para los Babilonios, me hace más sentido comenzar el año en primavera, donde nace la vida, que en pleno invierno, cuando muere. De todas maneras, hay 365 rotaciones.

Aquí entran las resoluciones de año nuevo.

Somos tan incompletos que necesitamos ficcionalizar, incluso, el mañana. Pero así es como funcionamos. Nadie nunca es un presente solo: siempre hay un pasado que nos constituye y un futuro que constituimos.

Yo creo que la gente piensa en resoluciones de año nuevo –indistintamente si es una futilidad o no- porque quieren ejercer voluntad sobre su destino; transformarlo; afectarlo; determinarlo. Claro, una cosa es, por ejemplo, predisponerse a perder 20 libras y otra es lograrlo.

Pero no veo nada de malo en ello. Antes que el verbo, vino el deseo.

Hay cosas que uno no puede evitar, claro. A mí, por ejemplo, me han acusado de tener actitud de hacendado, de ser arrogante, de creerme Dios y otras opiniones personales que me han hecho conocer públicamente y a través del “hate mail”, todo por razones que no vienen al caso. Yo sólo pregunto: ¿Quién en esta vida puede decir que me conoce? ¿Quién se ha sentado conmigo, comido conmigo, bebido conmigo o vivido conmigo como para juzgarme?

Nada. Que eso sólo prueba que también hay una realidad externa existente en nuestras realidades subjetivas.

Pero hay cosas que sí puedo determinar. Y en esas estoy.

Puras vainas del mito humano: a work in constant progress.

Lo mejor a todos en el 2008.

El mundo es un buffet, me enseñó el amigo y editor Félix Rivera, autor de La muñeca de chocolate (Plaza Mayor).

Uno se sirve de lo que quiere y de lo que le gusta.

Han traído a la mesa un nuevo blog que me ha gustado mucho, porque trata al lector con respeto y está escrito con inteligencia. Y es que hace unas cuantos posts atrás entró a la blogosfera Rubén Javier Nazario, con "Lo que queda en silencio".

Autor de La soberbia venganza del verbo, Rubén es escritor que se disfraza de médico para ganarse la vida. La soberbia venganza es un gran libro de cuentos, de paso, elogiado críticamente.

De Rubén esperamos cosas nuevas entre pollo frito estilo sureño y pan de maíz. Aunque vive en Kentucky, no toda la literatura puertorriqueña se escribe en Puerto Rico.

La identidad en constante desplazamiento.

Para él, un premio que me concediera Ninoshka Mermoud: el Thinking Blogger Award.



Vicios de construcción es mi cuarto poemario y lo dedico a mi madre, paciente de cáncer del seno.

En la página de Terranova lo pueden adquirir con descuento de preventa a través de PayPal en precio con descuento y por tiempo limitado, en lo que llega el Street Day -en algún día de enero, creo-.

Las regalías del autor van destinadas a ayudar a las víctimas de este padecimiento.


Así que, por si no es buen libro, al menos es buena causa.

Es una tontería, pero la deuda es con mi primera fuente de vida.

(Te quiero, mami).
Yule Approaches, de Emily Carding (©)

El árbolito era símbolo de vida en medio del invierno. El jabalí era asado y ofrendado a los dioses. El solsticio de invierno se convertía en una celebración del tiempo -ese patio negado de nuestra experiencia-. Eso era en una época que Dios era mujer y se adoraba a la Luna.

Y luego llegaron los cristianos y Jesús y el nacimiento y la Navidad y yada yada yada.

El asunto es un caso más del palimpsesto religioso, donde la espiritualidad es suplantada por el dogma religioso.

El arbolito todavía alumbra las salas. El jabalí le cede el lugar a su primo, el lechón.
Y todavía celebramos el tiempo, dominado y marcado por un Dios masculino que nace ese día del 25 de diciembre.

¿El vacilón? Bueno, eso se lo debemos tal vez a las Saturniadas romanas, donde se celebraba a Baco, o al mero impulso humano de darse a los placeres.

Whatever.

La Navidad en la Isla es fiesta, jolgorio "wepa wepa wepa", el "dame l'gua elía" y la ocasional parranda pre-acordada (en los tiempos del acceso controlado, uno tiene que avisar el desastre). Ah, e ir a la misa cuando se puede.

Pero esto es para el que lo quiera creer, ¿eh? Cada quien cree lo que quiera y disfruta a su manera.

Así que, celebren Kwanza o Hannukah, Navidad o Yule, o nada en particular, bendiciones a todos. A fin de cuentas, ya lo dijeron los apóstoles Juan (Lennon) y Pablo (McCartney):

"All you need is love, love...
love is all you need"


PD:
"She loves you yeah, yeah, yeah..."
H.R. Giger

Ayer Edgardo Rodríguez Juliá entró como Jesús en el templo y llenó de luz el periódico donde publicó un extrañísimo ensayo titulado "El halo", en el que dice:

"Es una enfermedad boricua que pienso incurable: Lo mismo es el músico culto (sic.) que, inflado de ambición escénica, un día descubre la mediocridad de su talento, por lo que, entonces, la música compuesta por otros puertorriqueños “es basura”. Como también ocurre con ese joven escritor que, apenas con un libro por publicar, desmerece -tacha o menosprecia- todo lo que se ha escrito antes que él en Puerto Rico, la propia tradición que seguramente ignora. El delirio de grandeza boricua -nuestro particular modo de ser acomplejados en el mundo- tiene como justo reverso el autodesprecio y la autonegación".

Lo que prosiguió, pues, es el juicio del Master Jedi de la crónica. Pero a mí me hizo recordar aquel estudiante que tuve una vez y que me trajo un manuscrito, bajo la irrebatible convicción que nadie nunca había escrito algo así; ni en Puerto Rico ni en ningún otro país.

Me dijo que no leía a nadie.
Que solo escribía de su profunda inspiración.
Todo lo aborrecía y el mundo muy bien pudiese arder en fuego mientras él preparaba su manuscrito: una novela acerca de una isla remota en el tiempo y donde hablaban y gobernaban los caballos, quienes sometían a los humanos a un régimen de terror.

No volví a ver al chico en la clase después que le informara que un tal Jonathan Swift, tras el disfraz de Lemuel Gulliver, había escrito algo similar... 250 años antes.
©2007 Michelle Giacobello, Looking for Love at the Library

¿Quién dice que las librerías son aburridas?

El amigo Omar Reyes Villanueva me envía el artículo “The art of the bookstore pickup”, de Dustin Goot, que, como se desprende de su título, trata del arte del acercamiento personal en las librerías.

O sea, un rapeo mongo, o tal vez contundente, pero, al fin y al cabo, un rapeo. Lo que bien pudiese ayudar a redefinir el término "autoayuda", superando de paso a la masturbación como recurso primario.

Jorge Valentine, amigo escritor y ex-discípulo, tenía una novela en progreso que trataba de encuentros sexuales entre los anaqueles de una megalibrería. Todavía anda haciendo "research", dice. (No, no, es broma).

El asunto es que los libros como vórtices entre dos personas dan resultado.

Y es que en las librerías se congregan gente con fines e intereses afines: los libros. Dentro de esto, pues están los que Pablo Cohelo Children, los que buscan poesía, los políticos sofistas o los reconstructores de la historia. Como dice el artículo, ya eso es un indicador. Es un pretexto para comentar un texto. Y hasta algo mejor que el refrito de “Te he visto antes” o “Tu cara me es familiar”.

Es más: una librería es un sitio más limpio y seguro -si bien íntimo, pues no entra todo el mundo-. Las librerías son lugares de encuentro social mucho más eficientes que Facebook, Wayn, o My Space. Si no lo cree, vaya a una sección de las que usted casi nunca frecuenta –en particular filosofía, gay & lesbian, erotica y art- y espere. Tan sólo espere.

Recuerdo que un amigo y yo nos encontrábamos en una concurrida librería de San Juan, en la sección de poesía específicamente, cuando un señor se nos acercó con la intención de que le ayudábamos a buscar un poemario de José Angel Buesa. Fue mi amigo quien dio con el poemario, a lo que el señor, muy sinceramente, le confesó que "gracias al poemario, tendría una tarde espectacular con su 'novia'".

Y se fue.

Luego volvió y le dijo a mi amigo si lo quería acompañar. Que si lo hacía, dejaría que se acostara con su novia primero y que luego podía irse si quería.

Según el individuo -de unos 50 y tanto años-, su novia tenía 27 años y necesitaba un "opening act" antes de él entrar en performance.

Mi amigo pasó la oferta, por supuesto, y nos fuimos a tomar café y a reírnos y concluimos que este mundo está muy, muy loco.


El Facebook es una manera de multiplicarnos, cierto, y de repetirnos.

La aplicación creada por Mark Zuckerberg en el 2004 es la última tentación de las tendencias vigentes para un público socialmente acomodado y ciertamente con poder adquisitivo. Es una red social que definitivamente se convierte en un socialismo capitalista virtual donde la gente comparte tragos, cervezas, flores, chocolates y otros obsequios (virtuales, of course) como si fuera Santa Claus en delirio extático.

Entonces caemos en lo verdaderamente común. Hasta ahora, ésto es lo que he “experimentado”:

  1. He recibido centenares de abrazos, incluyendo a gente que ni conozco, pero que igual les recibo. Igualmente, me han pellizcado, me han flagelado y me han dado de nalgadas al punto que me sorprendí comprando velas no sé con qué propósito.
  2. He atestiguado a Mortimer, un protervo oso que primero se supone provea suerte y luego se torna en maldición. He recibido hasta 10 Mortimers en un día. Ya las guerrillas le han tomado de rehén, los perros salvajes lo han descuartizado y hasta lo han decapitado. La Facebookeans lo han celebrado hasta más no poder.
  3. He recibido tantas cervezas de la amistad como para estar borracho 226 días. Eso sin contar los Mojitos, Margaritas, Jack and Coke y Cosmopolitans que me llegan. Bring them on!
  4. He sido colmado de tantos dulces mensajes de bendición que ya hasta le llegan hormigas al teclado.
  5. Me he encontrado con viejas amistades que yo pensaba que habían montado un negocio de Real Estate en otro planeta.
  6. He dejado de ser yo para ser un vegetal, un color, un auto, un asesino en serie, un villano, un personaje de Les Miserables, nunca yo. So much for hyperreal.
  7. He sido expuesto a todo el mundo cuando estoy de mal humor, o tengo hang over, o ando sin ropa interior.
  8. Me han regalado wedgies, almohadazos, plantas que crecen en cuatro días, huevos que se abren en tres y platos exóticos caros. Todo, nuevamente, virtual.
  9. He entrado en peleas entre los fanáticos de los Yankees y los de los Red Sox. Me han escupido la cara, me han arrojado cerveza por el pelo, y me han insultado verbalmente. Y viceversa.
  10. He sido vampiro, zombi, cazador, hombre lobo, ninja, y hasta he colaborado en planes maquiavélicos para conquistar el mundo.
  11. Me han invitado a fiestas, listening parties, parrandas, clubes de lectura, entre otros vacilones.
  12. Primero estuve casado, luego en status de “it’s complicated” y finalmente divorciado. Sigo siendo, no obstante, liberal y kamasutrian buddist.

En esta geografía extraña, no es lo que Facebook pueda hacer de uno, sino lo que uno hagas de Facebook.

Para mí, es otra prueba más de todos somos simplemente una metáfora.

Verdaderas minucias en otra Genérika.

Como Strawberry Fields, “nothing is real”.

(Oye, recibí otro osito...)



Café Tacvba cumple una función vital en la música pop contemporánea: mantiene la música como performance, como ejecución artística y no como un mero combo pasajero que compone un par de números para pagar la renta del año.

Los Tacvbos siempre han sido de mis predilectos por su ecléctico acercamiento al rock posmoderno. Siguen siendo avanzada y hasta suenan como un anacronismo, particularmente en su último álbum, Sino.

Y aunque el conjunto de canciones tiene un par de números que quizás debieron quedarse en el disco duro de la consola, la verdad es que no escuchaba un álbum conceptual de esta manera desde, quizás, Sgt. Pepper’s o Abbey Road, de los Beatles.

Los juegos de voces, las guitarras y acordes discordantes dentro de melodías pegajosas son típicos del new wave rock de fines de los ‘70 e inicios de los ’80, aunque el disco completo transmigra con influencias de los ’60 hasta la década cuando el rock murió, que fue la de los ’90 (pero esto es harina de otro costal).
Para bubble-gum, Juanes; para sufrir wimpy rock, Maná; Tacvba está en la tradición de los Talking Heads, Velvet Underground, Joy Division, Television, Roxy Music-- helloooo?

En fin: Sino es, tal vez, el primer (y último álbum) de rock concientemente posmoderno.
Por mucho tiempo nos entretuvo. Unió gente. Provocó la incomodidad de otros. Pero su blog era una ciudad ©, y él, un habitante.

Luego, un día, voy a visitarle y zap!
Abducted.

Como la película de Fuguet, anda 'perdido'.

Ciudadanoem ha desaparecido y varias personas me han escrito a ver si sé de su paradero.

Voy para Facebook a iniciar un grupo "Bring Ciudadanoem back".

Plantas artificiales: $13.00.
Comforters: $29.
Televisores: entre $450 y $550.
La experiencia de estar allí: Priceless.

Mi primer -y último- Viernes Negro -el famoso Black Friday que sucede al Día de Acción de Gracias, y que marca el inicio de la temporada navideña- no me dejó ganancias sustanciales.

No llegué a casa con un televisor plasma HD nuevo, ni con laptop nueva, ni siquiera un microondas, medias, ropa interior o los regalos de Navidad.

No. Nada de eso.

Con lo que llegué fue la impresión de haber visto a miles de boricuas comprando plantas artificiales en un país tropical en el que abundan plantas naturales; comforters para dormir en un país que la temperatura promedio es 80 grados F; televisores que se ofrecían al acostumbrado "everyday low price", lo que significa que uno puede ir cualquier día del año y conseguirlo al mismo precio que durante el supuesto "viernes de ahorros".

(Lo demás era accesorio, incidental, comprar por comprar, por no perder el sacrificio de hacer una fila desde la medianoche. Que conste: yo sí fui temprano, no me amanecí en vigilia).

Llegué con la convicción estremecedora de que los puertorriqueños somos animales de consumo, que cualquier cosa nos deslumbra; que tanto que lloramos y a la hora de dejar $500 por un televisor de segunda categoría en Wal-mart a las 5 de la madrugada, nos hacemos fantasía; que vivimos la hiperrealidad más Disneylándica de todas: la de creer que, en efecto, la realidad que vivimos es la realidad.

Y llegué a la incuestionable certeza de que la experiencia es in-trans-fe-ri-ble.

El peor enemigo de un novelista es uno mismo.

Particularmente, luego de un libro éxitoso.

Daría la impresión que uno necesitaría 20, 30, quizás 40 años para poder destilar los jugos creativos y escribir una segunda novela novedosa, de esas que hacen cuestionar a uno si está leyendo lo que está leyendo, pero Chuck Palahniuk prueba que para él el asunto tiene una normalidad que asusta.

Rant es su nueva novela (la octava en su carrera, que inició con The Fight Club). Para mí, que me gusta estudiar los artificios de la construcción narrativa, de inmediato le encuentro un valor sumamente genial: la novela carece de un narrador intermediario entre la acción y el lector.

Por el contrario, se desarrolla toda en discurso directo: los testimonios de diversas personas acerca de la vida de Rant, quien es Buster Casey, un personaje que nunca habla en la novela puesto que desde la primera página se nos dice que ha muerto.

Killer, eh?

Todo lo que conocemos de Rant -su pueblo natal de Middleton, agudo sentido del gusto y el olfato, sus incursiones entre los Nighttimers, grupo contrapuesto a los Daytimers, etc.- viene en boca de otros hablantes que son entrevistados a lo largo de la novela, y cuyos testimonios a vecescoinciden, pero otras veces se cancelan.

Multifocalismo a lo William Faulkner en exceso de cafeína.

Pero nada sale de la nada.

De todos modos, se requiere dominar el medio para lograr montar una novela donde toda la caracterización del personaje principal, sus acciones y consecuencias, es indirecta.

La cúpula cerebral se estremece. De pronto nos encontramos con que la novela es nos habla de una distopía.

Y eso no es lo mejor.

Lo mejor es que cuando Rant (Buster) muere en medio de una competencia de PArty Crashing, su cuerpo desaprece, y se especula que ha viajado atrás en el tiempo a encontrarse con Grimm Taylor Simms, que es él mismo en una vida anterior, para evitar que Grimm viole a la propia madre de Rant.

Back to the future anyone?

Mercy.

Esto es caviar de lectura para lectores exigentes, que buscan entretenimiento inteligente a expensas de un estiol narrativo visceral.

Ahí no acaba todo, pero no digo más.

El Departamento de Inglés de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, propone, en su Poetry Reading Series, una lectura bilingüe entre el doctor Richard Weinraub y un servidor. Richard leerá de Wonderbread Hill y de Maravilla rebanada, mi traducción de su libro de poemas. Yo leeré de Vicios de construcción y de Archipielago, mi libro de poemas en inglés que por fin verá prensas.

La lectura será el jueves 29 de noviembre a las 6:30P.M., en el Seminario Lewis Richardson de la Facultad de Humanidades.

Habrá open mike para los que lleguen.

Lo mejor de la X FIL de Puerto Rico fueron los juntes poéticos. Aquí en la foto: Io, Madeline Millán, Rodolfo Häsler (España), Zoé Jiménez Corretjer, Etnairis Rivera, Elizabeth Cazessús (México), Alberto Martínez Márquez, Carlos Esteban Cana, Ylonka Nacidit Perdomo (República Dominicana), Hjalmar Flax y Néstor Barreto.



Los autores se botaron: Yolanda Arroyo, Gary Morales, Leticia Ruiz y Abdiel Echevarría promocionaron sus obras, y con é$ito.



Por autores como esos es que nos dan premios como estos: Gran Premio Nuevas Publicaciones por la excelencia editorial.

Sólo en cinco años, coño...

Espero que eso no sea para que me retire.


Quedan invitados al Encuentro Internacional de Poetas dentro del marco de la X Feria Internacional del Libro-PR 2007, que inicia hoy en el Centro de Convenciones en Miramar.


Poetas invitados del extranjero
:
Elizabeth Cazessús (México), Rodolfo Häsler (España) y Jeannette Miller, Víctor Villegas, Ylonka Nacidit Perdomo (República Dominicana)


Miércoles 14 de noviembre 4:00- 5:00 pm

Víctor Villegas
Jeannette Miller
Ylonka Nacidit Perdomo
Rodolfo Häsler
Elizabeth Cazessús
Angel Luis Méndez
Vicente Rodríguez Nietzche
Wenceslao Serra Deliz
Marcos Rodríguez Frese
Edgardo López Ferrer


Jueves 15 de noviembre 5:00- 6:00 pm

Víctor Villegas
Jeannette Miller
Ylonka Nacidit Perdomo
Rodolfo Häsler
Elizabeth Cazessús
Elidio La Torre Lagares
Zoé Jiménez Corretjer
Rafael Acevedo
Madeline Millán
Alberto Martínez Márquez


Sábado 17 de noviembre 4:00-5.30 pm

Jeannette Miller
Rodolfo Häsler
Elizabeth Cazessús
José Luis Vega
Vanessa Droz
Hjalmar Flax
Yvonne Ochart
Kattia Chico
Néstor Barreto
Etnairis Rivera


Nuevo año, libro nuevo.

Bastantes cosas han ocurrido durante el 2007. Así que en el 2008 me devuelvo a mis asuntos primordiales, aunque sea parcialmente.

Y ya está listo. Ya era hora de lanzar un nuevo poemario.

Habrá una preventa. Habrá una donación a las mujeres víctimas del cáncer del seno, como mi madre y mi tía Luz.

El libro sale en conjunto con otros libros de gran factura, como el de Guillermo Rebollo Gil, el de José María Lima, el de Noel Luna y el de Martín Espada, por mencionar algunos.

Algunos poemas los pueden leer en abocallena.

Veremos.

El amigo Marcos Pérez Ramírez publica en El Nuevo Día el siguiente artículo en torno a La Cabeza, más cuento largo que novela de Pedro Cabiya, y la cual se vende como pan caliente y sin mantequilla en las librerías del Caribe.

**

La primera novela de Pedro Cabiya fue escrita por sus manos, pero en el proceso chocaron varias cabezas. El joven escritor puertorriqueño, quien dirige el Centro de Lenguas y Culturas Modernas de la Universidad Iberoamericana (Unibe), en República Dominicana, incorporó a sus alumnos al proceso de creación de La cabeza, una novella publicada en el país y la vecina nación por la casa Isla Negra Editores.

“Un día no pude prepararme para una de mis clases. Tenía las fotocopias del manuscrito. Mis alumnos ya habían leído El túnel (de Ernesto Sábato) y La piel fría de Albert Sánchez. Les gustaron, pero aún estaban fríos. Quería que leyeran temas diferentes, de intriga o monstruos. Cuando le di la novela (La cabeza) reaccionaron entusiasmados. Hice lo mismo con otras secciones y la reacción fue igual. Entonces, me pidieron saber qué pasó con Gloria (el personaje femenino en torno al cual gira la tétrica trama). Me pedían saber de dónde venía Ezequiel (un doctor desaforado), el hermano de Daniel. Así nacieron los capítulos cinco y diez en los que profundicé sobre el pasado de esos personajes”, ilustra Cabiya.

Tal fue la acogida de los alumnos que la novela comenzó a circular en fotocopias en otras universidades dominicanas. Mas no sólo fueron los universitarios quienes reaccionaron al texto, sino que algunos padres conservadores no estaban conformes con la lectura que Cabiya les había asignado a sus pupilos.

“Llamaron al departamento de Dirección Docente de la Unibe. Pero las quejas no pasaron a más porque les hice constar (a los estudiantes) que en la universidad estábamos trabajando entre adultos y que si no estaban conformes con alguna lectura por motivos morales o religiosos lo único que tenían que hacer era decírmelo”, relata el profesor quien recibió su doctorado de la Universidad de Stanford.

El texto de Cabiya, muy relacionado por su forma a la tradición de la novella (en el sentido italiano renacentista de esta categoría literaria), es un relato que mezcla una atmósfera gótica erótica con la ciencia-ficción, en el que en apenas sesenta páginas el autor maneja hábilmente el morbo macabro y la sexualidad descarada y descarnada, para indagar sobre las tangencias entre el deseo y la culpa.

¿El asunto? Simple. Gloria sufrió una terrible desgracia que dejó su cuerpo cortado a la mitad, postrado en una cama y conectado a un aparato que lo mantiene con vida. Su esposo, Daniel, vive preso de la culpa y tiene que lidiar con el dilema de su ambición erótica por dos amantes, su secretaria Marta y Raquel, la enfermera de su esposa, o ser fiel a su pareja.

“Comencé con la idea de una persona conectada a una máquina cortada por la mitad. Tenía presente el ‘pulp fiction’ de los 1950, con esas preocupaciones de los cuerpos desmembrados. Entonces noté que el dilema de los personajes es la tirantez entre la carne y el alma, por lo que recurrí a la sexualidad para abordar esos temas”, explica el autor.

Al preguntársele sobre si la corta extensión del texto tiene algo que ver con la bienvenida que La cabeza ha tenido entre los lectores jóvenes y si lo premeditó así mientras escribía, Cabiya comenta que “potencialmente pudo haber sido una novela más larga. Pero quería una novela rápida, con anfetaminas. Y como se ha vendido el libro (mil ejemplares vendidos y en camino a la segunda edición), eso me indica que el lector agradece la rapidez que tiene el relato”.

Dicho esto, la conversación toma otro giro: ¿Los jóvenes no leen novelas largas o no leen novelas aburridas que no toquen temas por los que sientan afinidad?

“Los jóvenes no leen porque no hay nada bueno para ellos. Los lectores de hoy quieren pistas que le ayuden a entender lo que viven, como el animé japonés, los videojuegos. Esos géneros tienen algo de búsqueda espiritual”, reflexiona Cabiya, quien es también autor de las colecciones de cuentos Historias tremendas e Historias atroces, así como del cómic para adultos Ánima sola.

Luego de que Cabiya presente La cabeza en la librería La Tertulia, en Río Piedras -hoy a las 4 p.m.- se enfocará en la difusión de su próxima novela Trance, que debe estar para la venta para el primer trimestre del 2008, en una coedición de la editorial Norma en Puerto Rico y República Dominicana.

Es oficial.

Queda constituido el Elidios of the World Club.

Me escribe Elidio Alvarez Sánchez y me dice:

Yo también tengo ese mismo "castigo" (me llamo Elidio) y creo que soy el único en este
país (Argentina). Aquí por ser un nombre tan raro, mas que nombre es un "apellido" .... dado que no es lo mismo que un Roberto, un Carlos, etc.

Por mi parte tengo 49 años de edad, soy hijo de padres y abuelos españoles, trabajo en

las radiocomunicaciones, hobby ser radioaficionado y la pesca.
Tengo una humilde página web dedicada al hobby (radioaficionados):
http://www.lu1ea.com.ar

Me gustaría ser parte del "Club de los Elidios

La solicitud ha sido aceptada. Ya somos dos.

Pronto nos globalizaremos.

Peor que ver a los New York Yankees humillados -ahora que se fue A-rod y medio mundo- es ver a la hija de uno declararse fanática de los archirivales y hoy campeones mundiales Boston Red Sox.

Eso es así: Sophia Angélica se ha declarado seguidora de mi némesis y me ha frotado en mi decaído rostro el triunfo arrollador de Boston sobre Colorado.

Perdí, además, una apuesta terca -de esas que uno hace por aquello de "dile no a Boston o dame la muerte"- con Ana Ive. Todo el mundo conocía lo que sucedería en cuatro días de baseball, pero no, Elidio La Torre se muere con las botas puestas.

Pues sí: ahora tengo cincuenta toletes menos en mi wallet. Y el logo de los Red Sox en mi blog.

Debí habermelo anticipado.

Damn it.

Tal vez el año entrante... o el después de ese...

A los 21 años, yo estaba... déjame ver... hmmmmm... ah, sí... con una guitarra por ahí y leyendo para pensar que escribía.

Pues a los 21, James R. Cantre es un poeta y filósofo que tiene un futuro inmenso por delante.

Esta noche presenta su libro en una actividad artística en Arabá Café Teatro. A las 7:30PM. En Santurce.

La ciudad está lluviosa, y nosotros los boricuas vemos cuatro gotas y nos encerramos, pero aquellos que sean waterproof y deseen darse la vuelta, la entrada en gratuita.

Sobre S/X, diría que es uno de los poemarios más contundentes escrito por alguien de su generación.
Big Head, by Bob Dob

Pedro Cabiya es seguramente el cuentista de más sólida presencia en los últimos 10 años en Puerto Rico. Para mí, es el Donald Barthelme de su (mi) generación.

Fact: se le extrañó por el Bogotá 39. Y no sólo lo digo yo; lo dicen los mismos escritores.

Ahora se lanza a la novela con nada más y nade menos que un trabajo titulado La cabeza.

Se estrena en la República Domincana a fines de este mes, pero ya para el viernes 9 de noviembre, a las 7:00 pm, la Isla Negra Editores y la Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón la inauguran con el conversatorio: “Del cuento a la novela”. Al otro día se presenta en La Tertulia a las 4 pm.

Sobre La cabeza de PC, ya se dice lo siguiente:

“Esta novela de sexo-ficción tiene la lógica del horror clínico y la pesadilla del deseo gótico.”
–Julio Ortega

“Pedro Cabiya es lectura gourmet.”
–Juan Duchesne Winter

“En pocas palabras: sexo, drogas y mutilación. La fórmula perfecta.”
–Juan Carlos Quiñonez

La cabeza remarca el lugar preeminente que el autor se ha labrado en las letras latinoamericanas de las últimas décadas.”
–Néstor Rodríguez

La cabeza es un artefacto (ex)céntrico de escritura combustible que nos lleva a nuevos pactos con la lectura.”
–Federico Irizarry

No sabemos si el libro viene con un bobblehead doll de Pedro o de Carlos Roberto, su editor.

Uuuuhh... the plot thickens...


el logo shamánico

Como editor para Terranova me han pasado cosas y me han pasado cosas.

Desde que nos formamos en el 2003, nos han dicho cuanta cosa se pueda nombrar, buena y mala.

No obstante, una cosa todo el mundo acepta de nosotros: después de nuestra incursión en el mundo del libro, la complacencia del orden editorial que había hasta entonces se perturbó.

Casi a cinco años desde nuestra fundación, ayer en una conferencia de prensa, el comite organizador de la Feria Internacional del Libro de Puerto Rico 07 (FIL), que se celebrará en el Centro de Convenciones de Miramar del 13 al 18 de noviembre, anunció que honrará la figura del cineasta, dramaturgo, actor y poeta Jacobo Morales con el Gran Premio Nacional, compartiendo otros premios escritores como Mayra Montero, José Luis Ramos Escobar, Blanca Berio, y los fenecidos ensayistas José Juan Beauchamp y Arturo Meléndez, entre otros.

Y en lo que a nosotros respecta, Terranova ha sido reconocida por su excelencia editorial con el Gran Premio Nuevas Publicaciones.

Y aunque lo voy a recibir yo, el premio es de Anaive, Sophia, Felix, Sam, Eddie, Javier, Yara, Yola y todos los que han trabajado con nosotros.

Y, sobre todo, de los autores: Noel Luna, Néstor Rodríguez, Kattia Chico, Javier Ávila, Madeline Millán, Néstor Barreto, Etnairis Rivera, Rubén Nazario, Mercedes López-Baralt, Marcos Pérez, Mara Pastor, Sofía Irene Cardona, Iris Miranda, Amir Valle, Aurora Arias, Yolanda Arroyo, Abdiel Echevarría, Leticia Ruiz, James Cantre, Lowell Fiet, Moisés Agosto, Estelle Irizarry, Felix huertas, Carmen Montañez, Edgardo Soto, Eddie Ferraioili, Ángel Darío Carrero, Maribel Ortiz, Mario R. Cancel, Isry Gary Morales, y los que vienen, como Ebrahim Narvaez, Jose J. Bonhomme, Luis Asencio, Samuel Medina, Luis López Alvarez, John Dickey, Martin Espada, Victor Hernández Cruz, Urayoán Noel, Guillermo Rebollo-Gil, José María Lima, Martha Batiz, Sylvia Figueroa, Pedro López Adorno, Juancarlos López, Juan Carlos Quintero, ¿Juan Carlos Quiñones?, Marta Aponte Alsina, Zoé Corretjer y -jadeo- si se me quedó alguien, también queda convocado.

Que conste: ninguno de estos autores ha bebido sangre de iguana ni se ha tatuado el logo de Terra en el brazo y tampoco nos han vendido el alma.

A pesar de que en este país solemos condenar y atacar el éxito, estamos, en verdad, llegando a la tierra nueva.

Me escribe Nestor Rodríguez temprano en la mañana y me dice que en la edición de hoy domingo 21 de octubre de 2007, el periódico La Jornada de México acaba de publicar, en su suplemento dominical La Jornada Semanal, el ensayo En el camino: medio siglo beatnik.

El escrito ya es conocido porque ha corrido bastante desde Puerto Rico a Chile a España a México a Nueva York. De paso, es el ensayo principal o artículo de portada del suplemento semanal.

Dice la presentación a la revista:

"Con Allen Ginsberg y William S. Burroughs, Jack Kerouac es una de las tres figuras míticas de la Generación Beat, bautizada así precisamente por el autor de En el camino, novela fundacional que este año celebra su medio siglo de vitalidad indiscutible. A esta "metáfora de búsqueda del desvanecido sueño americano", como dice Elidio La Torre Lagares, dedicamos las principales páginas de este número, que se completa con un poema de Takis Sinópoulos, un cuento de Leticia Martínez, una entrevista con Guillermo Samperio, una crónica de Agustín Escobar desde Los Ángeles, así como un artículo sobre el primer libro póstumo de Julio Cortázar".

Yo siempre lo supe: un tercio de mi corazón se quedó una vez en México. Así que, para no conformarme con comer burritos y tacos en Margarita's con Yolanda Arroyo y su familia, me fui hecho cuerpo de palabras.

Quizá tenga que ir a buscarme.

Mexico city blues.





Yo crecí con The Police.

Como con Kiss, fue mi hermana mayor -hoy seria mujer de leyes, punk rocker by then- quien llegó con Outlandos D'Amour a casa y luego con Regatta de Blanc. Era una música cruda, de poca elaboración de estudio, pero ese bajo de Sting era hipnótico. En realidad, The Police era una banda reggae cuyas primeras canciones eran rip-offs de Peter Tosh y Bob Marley.

La historia de la banda cambió, por supuesto, y luego llegó la sofisticación the Ghosts in the Machine y Synchronicity. También le llegó el coqueteo con el pop. Y finalmente, le llegó el rompimiento.

Una banda así no tenía futuro, porque ya la promesa se había cumplido. Solo quedaba un destino: desbandarse.

De no haber sucedido esto, The Police hubiese sido la banda de los '80, honor que en mi altar le pertenece a U2.

Todo esto para decir que hoy comienza la venta de boletos para el concierto de The Police en San Juan, que será el 11 de diciembre.

And I'm so there.

Como la canción de Eddie Grant, cantada por The Clash: I've been running... police on my back.
Juan José Millás amaneció feliz el martes por la mañana. Tenía 600,000 razones en euros para sonreír (unas 800,000 en dólares).

Bajo el seudónimo de "Tiresias", Millás obtuvo el Premio Planeta de Novela por su obra El mundo.

Según el autor, en entrevista para El País, lo de Tiresias no es casualidad: "Ser vidente y ciego son las condiciones del escritor, que para ver tiene que escribir a ciegas".

Sobre el título aseguró: "No podía llamarse de otro modo porque refleja el proyecto de un adolescente de escapar de esta calle, pero se la encuentra por todas partes porque el mundo era esa calle".

Increíble propuesta.

Luego añade: ""Si se navega en la vida de los escritores, siempre hay algo que se rompió. Escribimos para rehacer lo que se rompió".

Por una cita así nada más, yo le hubiese dado el premio.

Doris Lessing acaba de recibir el Premio Nobel de Literatura 2007. Contrario a cuando Pamuk lo ganó -y fui muy sincero en la prensa, pues para entonces yo no le conocía y así lo hice saber-, Lessing si me es familiar. Particularmente por una novelita muy extraña y oscura titulada Briefing for a Descent into Hell, aunque su obra máxima es The Golden Notebook (1962), que es la que le gana el premio.

"De las ruinas y el caos emergen cualidades básicas que le permiten a Lessing mantener la esperanza en la humanidad", dice la Academia. Lessing es una escriba de la escritura del cuerpo femenino.

Pero esto no es quema de sostenes, no. Lessing es una escritora de una minuciosa formalidad al escribir. Sus trabajos son cuidadosamente planificados y estructurados, como se puede leer en Notebook. Hablo de una conciencia de lo que son las proposiciones y secuencias narrativas. Es una novela que todo aspirante a novelista debe estudiar -más que leer-.

El premio, sin duda, debe iluminar otros caminos más oscuros hasta entonces, porque la misma rigurosidad estructural de Notebook se repite en Briefing.

Lo curioso es que Briefing for a Descent into Hell es una novela de ciencia ficción, que muchos críticos han catalogado como psycho-drama.

Lo de psycho-drama viene por la vía autobiográfica: Lessing luchó contra las sombras de la locura por años. Therefore: el descenso al infierno.

La reserva en denominarla Sci-Fi ha sido simplemente porque este género es considerado por la alta cultura como un subgénero- algo así como una especie inferior de literatura. Los escritores de este tipo de literatura no eran tomados en serio como para darles un Nóbel-- hasta ahora.

Con el premio, al igual que como sucedió con Pamuk, la posmodernidad comienza a dejar su traje de rebelde nihilista y se pone el business suit de oficina. Después de todo, el anti-canon siempre pasa a ser, de algún modo, el canon.

Listen to Lessing.

De las ruinas y el caos emerge la esperanza.

Los héroes, en su viaje, siempre regresan del infierno.

Miei amici, como el post de ayer aparentemente provocó curiosidad por la obra de Ray Bradbury, y dado los comentarios que he recibido por correo electrónico, les recomiendo la selección de cuentos que aparece en la Biblioteca Digital Seva. Los cuentos aparecen en español, por supuesto, y solamente "Calidoscopio" y "El cohete" pertenecen a El hombre ilustrado. Muy buena muestra para los que no le conocen.

Asismismo, me entero de su nueva novela, Farewell Summer, la secuela a Dandelion Wine.

Nota personal: luego un día leer El Hombre Ilustrado, procedí a devorar Dandelion Wine y The October Country.

Al final del ecstasis, me senté un mes de septiembre a escribir un librito de cuentos titulado Septiembre.

portada original de Jim Burns

Dieciocho historias encadenadas por un hombre que exhibe su cuerpo tatuado por un mujer que le ha visitado desde el futuro. Vaya premisa para un libro, ¿eh?

Las historias son cada uno de los tatuajes que el Hombre Ilustrado lleva en su cuerpo. Cada una va tomando vida a medida que el narrador, que se encuentra al hombre en una estación del tren, las va apreciando.

El alcance del libro nos ha legado un clásico del rock de los '70: "Rocket Man", de Elton John.

El Hombre Ilustrado, título apto que auna la colección de cuentos de Ray Bradbury, es uno de mis tesoros escondidos. Ahora, Zack Snyder, director de 300, dirigirá la versión fílmica de los cuentos de Bradbury.

Ya en 1969 había salido una adaptación del libro, protagonizada por Rod Steiger y Claire Bloom, y dirigida por Jack Smight (el de la tan parodiada Airport 75). Para entonces, Smight seleccionó "The Veldt", "The Long Rain", y "The Last Night of the World".

No sé sabe que historias escogerá Snyder, pero de mis favoritas, creo que le recomendaría "The Visitor" y "The Man". Esta última tiene de protagonista a Jesucristo en Marte.

Aunque las historias parten de la fantasía, su traslación es hacia la ciencia ficción. Y aunque las historias se desarrollan dentro de la ciencia ficción, lo que las sostiene es el drama humano. Bradbury nunca se queda en el campo especulativo de la ambientación proto-posible, sino que, como buen escritor, sustrae sus conflictos de la misma aventura que llamamos vida.

He tenido como tres copias de El Hombre Ilustrado que presto y nunca me devuelven. Resultado: ya no presto libros.

Junto a The Rum Diaries, y On the Road, ya serían tres de mis libros predilectos que llegan a Hollywood en el 2008. Espero no desilusionarme, como me ha sucedido con otros de mis textos predilectos llevados al cine, entre ellos The Mystic Masseur, de V.S. Naipaul y Siddhartha, de Herman Hesse.

Bradbury, diseñador del Epcot Center, ha sido autor de una gran obra literaria.

Leerlo es una experiencia, y no hay que ser fanático de la fantasía o la ciencia ficción para degustarlo.

Charles Grant: Culture Mix II

¿Dónde está la cultura?, canta Pastora, el ecléctico grupo de lounge español.

Hoy día, pues, valdría la pena revivir aquel Foro del Ateneo sobre los Problemas de la Cultura en Puerto Rico de 1940, donde muchos grandes pensadores dijeron otras grandes atrocidades que se han repetido consecuentemente a través de la historia puertorriqueña.

Y es que, en la era de la información, la impresión que tenemos sobre la cultura en Puerto Rico es que no sólo somos un país nórdico, sino que somos consumidores de una alta cultura ajena y distante, elitista e inaccesible. Tanto como en 1930 como hoy, seguimos equivocados.

La cultura, sabemos, no es natural –no se nace con ella–, sino que se construye. De ahí su capacidad de transformarse. Nuestra existencia –la de los seres humanos- no sólo se da en un plano físico, material, sino que también se da en el mundo de lo simbólico: un entramado de significaciones, valores y asociaciones que se representan en lenguaje y toman la forma de arte, religión y/o mito. La cultura se convierte entonces en un cúmulo de posibilidades verificables. La cultura es la suma de una pluralidad.

Al presente, la cultura en Puerto Rico, cuando no la tratamos como un club para privilegiados, la tratamos como un programa de chismes al mediodía.

Si la cultura es un espacio de transformación de las condiciones de la experiencia (la existencia), estamos jodidos- estamos muertos. Lo que no evoluciona, ya dijo Blake, se muere.

Siempre es más fácil destruir que construir, claro.

En sus facetas de producción y consumo –o, en su defecto, la falta de éstas–, el problema de la cultura en Puerto Rico es el origen de los problemas económicos, sociales y políticos.

¿Donde está la cultura?, canta Pastora. ¿Donde está la aventura?



Hoy domingo salió, en La Revista, del Periódico El Nuevo Día, la reseña del libro Ojos de luna, de la amiga Yolanda Arroyo Pizarro.

El libro es uno de los mejores del año. For sure.

Me alegro porque apunta (incluye a los escépticos) que en Yolanda revuelve un talento mayor del cual todavía nos queda por leer lo mejor.

Carmen Dolores Hernández comenta sobre la colección de cuentos de Yola:

"Varios de los cuentos de la colección ‘Ojos de luna’, de Yolanda Arroyo Pizarro, crean un clima de expectativa tan bien elaborado que no es sino hasta que están bien adentrados en el texto que los lectores se dan cuenta de hacia dónde los está llevando éste. Los cuentos que nos parecen los mejores de esta colección se desarrollan en un contexto referencial que supone una variación o ampliación del pasado histórico. Tales visiones alternas enlazan ese pasado con preocupaciones y enfoques muy contemporáneos.

El que le da título al libro, por ejemplo, subtitulado ‘Hispaniola, 1493’, va revelando el verdadero objeto de una acción de guerra concertada y va revelando también quiénes serán sus protagonistas. El descubrimiento -doble- que hacen los lectores es tanto más eficaz cuanto que, históricamente, se trata de un evento del cual no quedaron testimonios: la destrucción del fuerte de la Navidad, construido por Cristóbal Colón en La Española y en el cual dejó un número de sus hombres cuando regresó a España tras su primer viaje. Las motivaciones personales y colectivas, los antecedentes de la acción bélica y sus métodos, todo va cayendo en su sitio, sorpresivamente, según avanza la narración. Ésta, además, adquiere fuerza al identificar de manera coherente los ritos de guerra con los ritos de parto: dar vida y quitarla se convierten entonces en dos caras de una moneda que manejan, con aplomo, las mujeres.

Fuerza similar tiene el cuento titulado ‘Saeta’, que trata de otra venganza, igualmente enraizada en injusticias históricas: la de una esclava africana contra sus amos. Se personaliza aquí la humillación -sexual, racial- de los negros traídos a América para explotar su potencial laboral. El cuento no sólo ofrece atisbos interesantes de la sicología de la persona esclavizada sin entender porqué, sino que resulta poético en la fuga final hacia una realidad que puede ser material o evocada pero que conlleva la fuerza de una historia ancestral: “…No fallezcas, odalisca. No perezcas, gladiadora. El tiempo de las edades pasadas te reclama. El agua transportando pinos a esa tierra árida y enterrándolos en el lodo durante el transcurso de los siglos demanda tu existencia. Millares de cebras, antílopes y ñúes, miríadas de elefantes, leones y jirafas marcan el carnaval de las heridas, lamiendo la carne descompuesta luego de la batalla”.

‘Alborotadores’ y ‘Especias del medioevo’ son igualmente sugerentes. El primero narra, con gran delicadeza, la relación entre un centurión romano y una muchacha hebrea rebelde y osada. El segundo -aunque su referencia temporal, 1682, no parece ajustarse a una trama en que figura prominentemente el celo inquisitorial- recuerda, en su intensidad, algunos de los cuentos góticos de Edgar Allan Poe. Sugiere eficazmente -más que cuenta- una historia de celos, de frustraciones, de intolerancia y de injusticia.

A pesar de algunas inconsistencias semánticas, la lengua literaria de Yolanda Arroyo es rica y dramática. Y aunque algunos cuentos no tienen la misma intensidad que los mencionados (uno, ‘Claro’ resultó, para esta reseñadora, oscuro y excesivamente complicado), se trata de un conjunto sólido, sugerente y provocador.

La cuestión de las inconsistencias semánticas, si se refiere a lo que en narratología alude al sistema de significaciones centrales y complementarias del texto, pudiese tomarse como un recurso de ambigüedad lúdica. O sea, tema expresado a través de las particularidades del estilo. Pero la lectura es del que lee. Punto. Yo sigo igual de contento.

Así que la pista queda despejada.

Shooting for the moon.


"Meditación del equinoccio de otoño"
Poema de Elidio La Torre Lagares.
Música de Blakevox.

Pues ando de vuelta, más animado, y montado en camello.

Yo le tiro un camello a cualquier SUV, que me parece un vehículo paradójicamente ridículo en tiempos donde la gasolina va para $1.00 US el litro.

Los camellos, además de estar biológicamente dispuestos para la aridez del desierto, son ambientalmente compatibles, porque sus emisiones, contrarias a las de los autos, sirven de abono, cosa que emerge a manera de mandala o dictamen zen: "la mierda que te tiren te hará crecer".

La realidad, de todas formas, a veces es más extraña que la ficción. Y mientras más veo, menos quiero entender.

Bueno, a lo que vine fue a lo siguiente:

Más impertinencias de un lobo estepario
Ayer Carmen Dolores Hernández reseñó la novela de Luis Rafael Sánchez, Impertinencias de un perro gringo, la cual me había decepcionado grandemente. Yo felicito a Carmen Dolores, no por lo que escribió sobre la novela, sino que decidió no casarse esta vez con nuestro primer novelista.

Dice Dolores Hernández en su reseña que:

"El planteamiento novelesco... adolece de varios problemas. En este caso, la puesta en escena es excesivamente complicada -tiene algo de fantasía tecnológica porque se usa un cerebro electrónico para humanizar al perro- y digresiva en demasía. Si bien a un primer nivel habría que admirar lo imaginativo de la trama, lo cierto es que también resulta oscura en su elaboración. Esta lectora, por lo menos, nunca logró enterarse bien de cuál era el foro ante el cual testificaba el perro ni tampoco de lo que se perseguía con su testimonio. Las digresiones, además, conspiran para debilitar la ya débil premisa central y, con pocas excepciones, no añaden nada a la narración".

Me llama la atención porque ya Efraín Barradas, amigo de LRS y estudioso de su obra, había escrito en Claridad un artículo titulado "Dos o tres palabras acerca de Indiscreciones de un perro gringo", donde asevera que:

"Una lectura superficial de este texto puede llevar a descartarlo como un mero chiste alargado y superficial. Pero tal lectura sería errada pues, a pesar de su personaje, a pesar de su tono, a pesar de una trama sin sorpresas ni tensiones, ésta es una obra de relevancia, importancia e interés".

Bueno, pues en la construcción narrativa, si usted tiene una novela cuyo personaje, tono y trama son fallidos, pues yo no creo que tenga una novela todavía.

Barradas insiste: la novela no es sólo personaje, tono y trama: tiene otros atributos. Aquellas lectores incapaces de hacer una "lectura profunda" del texto, se los ha llevado quien los trajo.

O sea, mi gente: para llegar a esos atributos, hay que tener profundidad de pensamiento, palabra, obra y visión exquisita, pues el ojo del vulgo jamás será capaz de advertir las grandes técnicas innovadoras y los ejercicios de intertextualidad que llenan las docientas páginas, en tipografía de 14 puntos e interlineado de 18, y una pulgada en los márgenes, lo que me asoma a un manuscrito original de unas 60 a 70 páginas. (Trust me: yo aprendí a hacer libros con Alfaguara).

Pero ya yo dije lo que tenía que decir sobre esa novela.

Yo creo que el lector no-superficial no ha nacido, porque, por mi madre que está malita, no me he encontrado a alguien que me haya dicho que le gusta la novela. Y eso va desde colegas profesores, hasta estudiantes de literatura y, por supuesto, mami, que es fanática del Wico.

Creo que al crítico de la Universidad de Gainsville le falta de honestidad para admitir que hasta los grandes gurús literarios se equivocan.

De todos modos, es menester resaltar que la reseña de Barradas -contra quien no tengo nada, que conste- se acerca mucho a cierta clase de crítica literaria en la cual el criterio de escrutinio parte de los vínculos amistosos con el autor, no con la obra misma.

Las orgías semánticas a la hora de aplaudirnos unos a otros abundan siempre. Esto, que era exclusivo de los círculos canónicos de la academia, ha llegado a otros grupos culturales de menor importancia por efecto de lo que Homih Bhabha llamaba el "mimicry" o imitación: al parecer somos animales de costumbre y no podemos crear otra cosa que no hayamos aprendido del poder hegemónico.

Ocurre en toda cultura colonizada.

Mami modelando en Nueva York.

La muerte llega. Se sienta. Se sirve de mi whiskey. Enciende un cigarrillo.

Te lo dije, Elidio La Torre, dice.

Para alcanzarte, no necesito brazos.

Estás hecho de tierra, mar y olvido.

La Muerte, aburrida conmigo, ahora bebe del pozo de mi sangre.

A mi madre le han detectado cáncer de los senos. Demasiado avanzado. El remedio: una masectomía. Lo peor viene después: el tratamiento, que requiere ganas de vivir, o una voluntad increíble que mi madre no posee.

La Muerte me arroja un beso que duele y no puede ser deshecho.

Te lo dije, Elidio La Torre, dice.

Para alcanzarte, no necesito brazos.
Hunter Thompson con el Caribe Hilton de fondo (foto tomada por él mismo).

Para finales de los '50 e inicios de los '60, un joven periodista en Nueva York perdía su empleo por patear una máquina dispensadora de dulces que no le entregó la barra de chocolate por la cual ya el joven había pagado.

Era un acto simbólico: la máquina -metáfora del Sistema- lo estafaba.

Entonces, el joven de 22 años decidió venir a una islita que apenas se entregaba a los brazos de la modernidad bajo el proyecto promisorio del Estado Libre Asociado.

El reportero encontró una oferta de trabajo como periodista deportivo en The San Juan Star. Todo parecía bien. La economía prometía por un lado mientras los puertorriqueños abandonaban el país por el otro. Y pagaban en dólares. A ver quién estafaba a quién.

Perfecto. El paraíso caribeño. Right.

El plan procedía según pensado, excepto que el editor del Star, William Kennedy, pensó que al joven le faltaba potencial periodístico, pues no era muy objetivo ni ortodoxo. Eso sí: Kennedy le dijo al aspirante al puesto, luego de leer algunos de sus trabajos, que tenía talento para la ficción y que algún día escribiría "la gran novela puertorriqueña".

Años más tarde, Kennedy -discípulo de otro gran escritor que vivía en Puerto Rico para entonces, el premio Nobel Saul Bellow- ganaría el Premio Pulitzer con su novela Ironweed. Tanto Bellow (en su novela Herzog) como Kennedy escribieron parte de sus operas magnas en Puerto Rico. Y el joven, de nombre Hunter S. Thompson se convertiría en uno de los pilares en un nuevo tipo de periodismo que se conoció como el new journalism, dentro del cual creó su autodenominado Gonzo journalism. Kennedy y Thompson coincidieron y se conocieron en las clases de creación literaria que impartía Bellow.

Todo esto en el sótano de la Facultad de Humanidades, que aloja al Departamento de Inglés.

Thompson se quedó en Puerto Rico -vivía en Loíza Aldea- y escribió The Rum Diary, la cual no publicó hasta 1998, a insistencias del actor Johnny Depp. Depp siempre ha admirado a Thompson y hasta asumió los gastos de funeral de éste cuando murió en febrero de 2005.

The Rum Diary trata de las peripecias de un periodista gringo en lucha por la supervivencia en una isla políticamente inestable, socialmente caótica, turísticamente aburrida y perceptiblemente agobiada por la corrupción a todos los niveles (Sounds familiar?). Lo que queda es, pues, desgastarse en libaciones interminables con ron, como quien bebe de las aguas del Leteo.

Lo curioso es que esta visión del Otro es rara en nuestro imaginario, pero se hace necesaria. Digo, ¿no clasificaría como novela puertorriqueña, aunque no se haya escrito por un puertorriqueño? Tal vez es novela de la diáspora estadounidense, puesto que tal fenómeno, aunque negado generalmente, existe (un gran amigo mío, Richard Weinraubb, se retiró tras 30 años de servicio en la Universidad de Puerto Rico, vivió toda su vida entre Isla Verde, Condado y Viejo San Juan, pero nunca visitó los otros pueblos de la isla).  Mas, no obstante, si pensamos bien, ¿no es entonces esto una colonia de la metropolis? Por tanto, ¿puede haber diáspora revertida, esto es, ir de un país avanzado a uno en desarrollo, cuando generalmente el término funciona al revés? Quizá estaríamos hablando de The Rum Diary como una novela postcolonial, muy a la altura del Heart of Darkness de Joseph Conrad.

Si en algunos valores yo habría de profundizar, sería en la noción postcolonial de la novela, sin duda, aspecto que no descarto en el futuro.

Tal vez todas estas preguntas se contestan en la metonimia que hila la relación del personaje principal, Kemp, con la hija del gobernador de Puerto Rico, con la cual, de hecho, se escapa hacia Vieques. Es el gringo que llega y accede al poder isleño por medio de la conquista del cuerpo nacional, representado en la hija del gobernador (Preciosa, ¿hija del Caribe?). Es un acto de colonización desesperado, puesto que su verdadero amor es Chenault, su compatriota. De hecho, la infatuación de Kemp con Chenault convierte a esta novela sobre beber ron en Puerto Rico en una melancólica historia de amor frustrado. 

San Juan queda pintorescamente retratado, desnudado del romanticismo petulante, mezcla de grotesco, surrealismo y alucinación.

Ya pronto comienza la filmación de El diario del ron, como yo traduzco el título de la novela, pues juega con la noción del rotativo para el cual trabaja Kemp y donde todos se hartan del lícor (la edición de Mondadori la traduce como Días de ron). Protagonizarán el filme Johnny Depp y Benicio del Toro, reunidos anteriormente en Fear and Loathing in Las Vegas, otro clásico de Thompson llevado al cine y que trata sobre el sueño americano en mezcalina, vagando por el desierto. 

Por ahora, espero la película, que dirigirá Bruce Robinson.


El Taller de Yolanda Arroyo ya es un clásico. El jueves 6 se dará la lectura de los talleristas en el Cuartel de Ballajá. Ya se convoca la próxima sesión. Es un buen paso de transición para aquellos que les interese la maestría en Creación Literaria de la U del Sagrado Corazón.

Por otro lado, pocas veces se da la oportunidad de participar en un taller de novela, ya que es el género elusivo de la literatura puertorriqueña. La novela es en nuestros tiempos lo que la poesía fue a la humanidad una vez. Pero, como el cuento, la novela es una estructura, aunque, a diferencia del primero, está en constante reformulación y escrutinio.

Más información la encuentran en http://eventosdeterranova.blogspot.com.


La novela de Luis Rafael Sánchez me ha causado tremenda decepción. No sé cuál será la crítica en el resto del país, pero desde mi óptica, la novela no es lo mejor de LRS.

Hay una gran escritura, cierto. Hay un gran escritor, también.

Pero la manera en que se presentan los argumentos que al fin y al cabo son los que cuentan, a mi entender, es un poco enrevesada.

La trama es sencilla. Un escritor/ hablante encuentra un manuscrito escrito por Buddy Clinton, el perro del Presidente Clinton, y en el que confiesa que, en efecto, Monica le dio servicio labial a Bill. Eso es todo.

Por el foco de la acción, y por la ausencia de interacción entre Bill, Mónica y/o Hillary, esto es línea de fondo para un cuento, no una novela. Conocemos más de gangsters perfumados que de los dueños del perro y protagonistas del culebrón de Casa Blanca.

Lo de culebrón no lo digo por Bill, sino en el equivalente a “soap opera”.

Bueno, pero lo malo de la posmodernidad es que cualquier cosa es aceptable.

Pero digamos que en el género novelesco todo es admisible, y aún así me encuentro con que Impertinencias tienen un conflicto entre los hablantes: el escritor/narrador que inicia y cierra la novela, y Buddy Clinton, protagonista de la novela que se encierra entre esos dos paréntesis discursivos, tienen el mismo registro. No hay diferencia de cómo habla uno a como habla el otro. Es más, en el “Epílogo”, donde el escritor que encuentra el manuscrito llega por casi por silogismo a una eficaz pero inverosímil conclusión sobre la proveniencia del manuscrito, el narrador totalitario sabe demasiado para ser un encuentro fortuito con el texto.

A todo esto, la parte fundamental de la novela, la que le da título y razón de ser al libro, que es la confesión del perro, se puede reducir en una sola oración: Sí, Monica y Bill lo hicieron. El resto es una digresión que va desde el arca de Noé hasta un ataque a los gatos. En fin, la novela comienza en la página 141 y termina en la 149.

El “Epílogo” hace un intento por salvar el texto, y se convierte en una metanovela, que entonces se convierte en una apología del autor real para salvaguardar su decisión de escribir sobre perros.

En fin, que aparte del Prólogo y el Epílogo, la novela que se encierra es toda una disquisición fonológica en la que se caracteriza al perro –y si los perros asumen la personalidad de su amo, a Bill Clinton- y se mueve poco.

La novela cansa, porque de todos los presidentes del US of A, el menos “snub”, el menos formal, el menos pretencioso es, precisamente, Bill Clinton. No se esperaría que su perro hablara desde el discurso totalitario del siglo XIX.

Hay más, pero en fin, probablemente me equivoque.

Es un ritual. Ocurre todos los septiembres desde la publicación de Septiembre. Llega ese mes y releo el libro.

Es como visitar un lugar distante, pero no olvidado, donde el musgo cubre parte del camino y las enredaderas aprisonan a los árboles, cuyas hojas de pronto adquieren un tono de verde muy peculiar, al que llamo verde-septiembre.

Septiembre es un conjunto de cuentos que escribí en un mes, en septiembre de 1997. Salieron como 15 si mal no recuerdo. Se colgaron "Happy Birthday", "Travolta" y "Tragado". En el primero una mujer se convierte en sirena luego de tener sexo con un joven en el día de su cumpleaños; en el segundo un adolescente se vive la fantasía de ser el protagonista de Saturday Night Fever; y en el tercero un hombre que se cansa de la actitud de una cajera en un supermercado, de pronto saca una lengua de reptil y se traga a la chica. La gente de la fila entonces procede a llevarse lo que necesitaban sin pagar, como si nada hubiese ocurrido.

Pura fantasía: cuentos raybradburyescos. Como "Unicornio", pero al menos éste, que sí llegó al libro, es dramático.

La lista se quedo en 12, e iban desde el septiembre de un niño de 12 años que es abandonado por su padre al septiembre de un hombre adulto que encuentra a su madre ahorcada. O sea, el principio de tiempo hila los cuentos. La muerte emocional también.

Luego, por motivos meláncolicos, añadí a "Te lo dije, Rosaura", un cuento inspirado en un poema de Langston Hughes, escrito en el nefasto 1987 cuando pasé casi todo el año en cama.

Claro que tuve que trabajar todo ese material como por un año. Para septiembre de 1998 ya tenía un libro y para septiembre de 1999 recibí la primera carta de aceptación editorial. En septiembre de 2000 salió a la calle.

No es ficción ni casualidad esto de las fechas.

En estos días, es raro encontrar un Septiembre por ahí. Yo mismo cuando los encuentro, los compro. A ver si la gente de Terranova se anima a revivirlo, según habían considerado una vez.

Aquí un fragmento de "Unicornio", incluído en la Literatura puertorriqueña del siglo XX: Antología, editada por Mercedes López-Baralt, y publicada por la editorial de la Universidad de Puerto Rico:

"Según planificado, al otro día ambos nos subimos al árbol y esperamos a que el rabo de luz hiciera su aparición. Isaac estaba preparado con sus binoculares mientras yo tenía una cámara Polaroid instantánea que mi padre acababa de comprar, y la cual, según él, se operaba tan sólo enfocando y apretando el obturador rojo. Eso dijo él el día que la compró y me pareció un juguete. Esto es sencillo, dijo él. Esto es sencillo, le dije a Isaac. Al instante tendríamos la foto. A Isaac le pareció genial que al menos, si no atrapábamos al rabo de luz, pudiésemos fotografiarlo. Isaac llevaba una soga y una tabla, por si tenía que golpear al sujeto de nuestra búsqueda. Además, Isaac tenía los binoculares de su hermano. Todo esto parecía una barata empresa de espionaje militar.

El momento llegó.


Era poco más de las tres de la tarde y en efecto, el rabo de luz hizo su súbita aparición entre los arboles, sobre la cicatriz del pasto, entre las voces de las plantas, por el rumor de los gallos que se alteraban como cuando presagian mal tiempo o muerte. Y allí, frente a nuestros ojos, el rabo de luz camaleónica, girando como el que enrolla algodón de azúcar en un cono, nos regalaba un espectáculo.

—¿Estás viendo?— preguntó Isaac.

—Sí, lo veo. Parece hilacha de dulce.

—¿Tienes la cámara lista?

—Sí— contesté mientras acomodaba el aparato entre mis manos.

La luz dio dos vueltas en el aire, hizo un dilatado círculo iridiscente que dejaba un rastro de colores, como si fuera un eco cromático; tocó rocas, troncos, árboles, se deslizó por las enredaderas y, de pronto, entre las jaulas de los gallos, se materializó en un caballito de plata luminosa. Levantó el hocico al aire y relinchó al viento, haciendo que el cuerno entre sus dos ojos radiara. Se sacudió como el que quiere quitarse un largo viaje de encima. Olfateó el terreno y los gallos se calmaron. Luego, delicadamente, procedió a tomar de los estanques que suplían el agua a los gallos..."

Parece tan lejos todo hoy día... un camino cubierto por el musgo y la maleza que apenas deja ver.





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