Del orden de las cosas

De pronto, me encuentro hablando del orden de las cosas.

Lo invoco cuando le aconsejo a mi hija cuando deja su cuarto en condiciones de ground zero; cuando le recomiendo a mis estudiantes al momento de escribir un ensayo de análisis literario o investigativo; cuando encuentro problemas de hilación y/o en el nivel de los hechos que algún estudiante de creación literaria pasa por alto; cuando, comenzado el 2007, me veo desesperanzado al no tener -todavía- una agenda para organizar mi tiempo.

A pesar de pregonar tanta descentralización de las esferas hegemónicas, tanta ruptura con la tradición, tanta disolución del sujeto, tanto cuestionamiento sobre la construcción de la identidad y otras posturas afines a la rabiza ideológica del proyecto del modernismo, me doy cuenta que el orden siempre existe en todo lo que constituye nuestra experiencia de vida.

En todo. Desde nuestra constitución genética hasta la asimetría simétrica de nuestro cuerpo biológico. Desde la manera en que construímos nuestra realidad -a través del lenguaje lógico y coherente- hasta la manera en que lo expresamos -oralidad, escritura, arte, etc. Aún nuestra incorporación al mundo social tienen un orden. Nos gestamos en el tiempo: no nacemos caminando y mucho menos hablando. Si bien esto prueba que el lenguaje y la identidad no son naturales, también afirma que sin estructuras no existimos.

Si el orden tuviese derechos de autor, alguien sería millonario.

Para inicios de los años 60, Hans Jenny, científico suizo, realizaba una serie de experimentos con los efectos de la vibración del sonido y su impacto sobre líquidos, polvos y gelatinas. Las fotografías tomadas del trabajo de Jenny, si bien fueron instancias impresionistas de su trabajo al momento, también revelaban el surgimientos de nuevas formas entre la materia objeto de la investigación. Hablaba Jenny en sus notas de "talco que erupta en forma de nubes, criptas como panales de abeja, pilares prominentes, formas onduladas y ondas en columnas".

"Sin embargo", concluía Jenny, "este caos no es deregulado; es un patrón dinámico y ordenado".

Y pienso entonces que el problema no es el orden, sino lo que hacemos con él.


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