Gracia: Trombosis espiritual


por Yeidi Altieri Sotomayor
Ponencia presentada en el Tercer Congreso Internacional
Escritura, Individuo y Sociedad en España, Las Américas y Puerto Rico
En Homenaje a Luís Rafael Sánchez
sábado, 18 de noviembre de 2006




La novela Gracia (2004) de Elidio La Torre Lagares ambienta un clima de ficcionalidad, crímenes, realidades y esperanzas. Recrea la historia de Abel Pesares, joven cuyo conflicto axiológico se entrecruza con la búsqueda de los asesinos de su amiga Magdalena. Droga, determinismo histórico, cultos religiosos y pesadillas constituyen algunos de los componentes que se hilvanan en sus páginas. El autor ilustra con minucia las tribulaciones de una sociedad del Caribe repleta de cortas epopeyas cotidianas. Hay episodios derivados del uso ilegal de la droga, de su efecto y de su imperiosa necesidad para un sector social. Aunque parece de sencilla lectura, la novela resulta ser una cábala literaria. Nos embarcamos en una lectura gótica, en la que se resaltan las intrigas, las suposiciones, las negociaciones, los secretos, los sortilegios; la acción, “thriller”, los elementos foto fílmicos, los misterios policiales y los cuestionamientos ontológicos:



“—Y ví a un corpulento ángel que pregonaba a viva voz, prosiguió. -- ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Lo vi. Te digo que lo vi. Y nadie, mi pana, nadie, ni en el cielo ni en la tierra podía abrir el libro. ¡Ja, ja! Ni siquiera podían mirarlo. Y lloré tanto que un anciano me dijo: “No llores. He aquí que el león de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos”. Abel se alejó de la ventana y retomó su lugar frente al viejo escritorio de caoba.” (La Torre, 7)

“—Escucha. Dejaron un tierno cadáver a la entrada del instituto de Medicina Forense. Alguien nos hizo el servicio a domicilio. Simplemente lo dejaron allí. Al parecer, primero lo torturaron y luego le arrancaron el corazón.” (La Torre, 13)

“—Esa es el espíritu, Abel. La sangre de tu cuerpo clama. No somos esclavos de nadie. Permaneces dudoso, lo se, más no intimidado. Somos libres en Dios. Ven a su reino. ¡Ven! Todo aquel que muera en nombre del Uno, tendrá morada en la eternidad “Este es el cuerpo y la sangre que será derramado por vosotros”, dijo el Cristo en su tiempo. ¿A qué crees que se refería? ¿Cuáles son las raíces de su filosofía y enseñanzas? Todo emana de la misma fuente: el Uno, Abel, el Uno. El Uno no crea la realidad; el Uno es la realidad; el Uno es todo. Puedes salvarte, amigo mío, puedes salvarte.” (La Torre, 195)

Gracia resulta ser una alianza, un pacto, un convenio, una novela calidoscópica donde el autor, se manifiesta como un alquimista ficcional, que ha encontrado en el anillo, y en la sortija la piedra filosofal que trasmuta y se transforma, a la vez, en el elixir de la inmortalidad. La panacea es la droga llamada Gracia que cura las dolencias del cuerpo físico y espiritual, al punto de ser el Camino directo a Dios. El texto mismo es el Espejo y el Torah, el secreto divino que no puede ser leído si no es abierto. La misión de buscar por los recovecos, en esos laberintos recae en el lector.
El discurso teológico está presente en el relato. Luís Rivera en su libro Mito, Exilio y Demonios analiza la Literatura y el discurso teológico en América Latina y el Caribe y señala:



“El diálogo entre la teología y la literatura se hace urgente por los obvios intereses que ambas tienen en la memoria mítica y las entonaciones utópicas de los pueblos al margen d la modernidad occidental” (Rivera, 10)

En Gracia, la Hermandad, la sortija con la G dorada, la droga y el contacto con el Ser Supremo, es precisamente reflejo de la angustia y deseo del ser humano de esclarecer el enigma de Dios y de la verdad. Probablemente el reflejo de la sociedad por desentrañar la doble visión de la Patria y la situación colonial. Patria anexionada. Patria pequeña. Patria norteamericana. Patria despatriada. Hermandad con Dios o Hermandad con Lucifer ¿Cómo diferenciar? ¿Apostasía literaria? ¿Literatura heterodoxa u ortodoxa?



“La sustancia de moda en la vida nocturna de San Juan ganaba fama de poder transportar a su usuario hasta las altas esferas celestiales. Un goce impasible. Un éxtasis dulce. Encuentro definitivo con la eternidad. El adiós de la carne baldía y degenerativa. Ver a Dios, nada más y nada menos. ¿Metáfora o revelación? Según la describían, la droga tornaba la experiencia cotidiana en el principio mismo de los profetas. La integración con el Uno. El bien. La droga: el imán. El Alfa y el Omega. El centro. La gente acudía a Gracia con fe envidiable, una fe detonada por el afán de ver a quien, por los siglos de los siglos, permanecía tras bastidores”. (La Torre, 14)



El autor entreteje su arte poligráfico desafiando al lector, a quien le encomiéndala tarea de descifrar al destinatario. Dando espacio así para la dimensión esotérica. La sortija con la G es un símbolo de eternidad. La Gracia significa indulto, perdón, don de Dios. En la novela, esa Gracia encierra el poder de asumir verdades y encuentros con la Divinidad. En el texto Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada, Guinon René escribe:

“Las verdades más altas, que me serían en modo alguno comunicables o transmisibles por ningún otro medio, se hacen tales hasta cierto punto cuando están, si puede decirse, incorporadas en símbolos que sin duda las disimularán para muchos, pero las manifestarán en todo su resplandor a los ojos de los que saben ver.” (17)



La sortija representa el vínculo con la droga. Poseerla es sinónimo de visión; llevarla en el dedo es signo de casi santificación, es casi venerable el que la lleva consigo. Igualmente hay una dualidad en Gracia. Hay una peregrinación física, pues Abel y Patria cargan el sagrario que contiene la droga; la poción divina, realizan el peregrinaje espiritual al final, el cual los devuelve al punto de partida. Hay dos caminos; el visible, que es el que Abel realiza con cierta avilantes buscando a Magdalena, y luego llevando a Patria en el automóvil y el camino invisible, que comienza desde los vagos y livianos recuerdos de Abel con Giovanna, su primera mujer. Desde el plano carnal interno y externo Abel inicia su viaje. Esta vez el peregrino no viaja a caballo, en burro, bicicleta o a pie. Abel mientras está en el automóvil emprende el peregrinaje en su mente.

Casualidad o causalidad resulta ser el que este texto se publique en el año 2004, año de Jubileo, de las rutas peregrinas a Santiago de Compostela en Galicia. Precisamente Abel Pesares traza su camino iniciativo. Igual que el Finis Térrea, él lo recorre inconcientemente en los albores del mismo. El peregrinaje de Abel revela el del camino a Santiago:

“El Camino es una representación exterior de un proceso de iniciación interior…se podría comparar con lo que ocurre entre ciertos místicos con la búsqueda de la experiencia de la Gracia…cada paso que da el peregrino es…como una oración, un acercamiento consciente a la luz.” (Peradijordi, 10)

El personaje nihilista de Abel Pesares se enfrasca en un debate ético. Cuestiona el hecho de que si efectivamente la Hermandad habla de El Trío G y la sortija era el pase y la puerta al rostro de Dios, ¿por qué entonces muere Magdalena? ¿Acaso había necesidad de un mártir? ¿Por qué a otros se les arrancaba el corazón? ¿Por qué valerse de una droga prohibida para merecer la gracia de Dios? Acaso es la aparición del Arcángel Miguel el que con el mensaje de redención lo induce a reflexionar. Tal vez el Tío G es Lucifer, y la Hermandad capaz de asesinar no es precisamente indicativo del camino seguro a Dios....


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