Vírgen-es


La Vírgen del Guayacán, de Eddie Ferraioli

Hubo un tiempo en la historia de la humanidad donde la mujer era signo de vida venerado en la mayoría de las culturas del mundo. La fertilidad, o la prolongación de la existencia, ha sido representada en la figura de la mujer desde las sociedades pre-indoeuropeas, al inicio de los tiempos, hasta la civilización grecolatina, en los albores de nuestra cultura occidental. Incluso, en nuestros días, cuando hablamos de la tierra, nos referimos a ella como Madre Tierra.

En algún variar de la historia, sin embargo, la mujer fue subyugada, separada de su valoración social, y anulada por los hombres, dando inicio a la cosificación de la mujer y la manifiesta violencia de la que comenzó a ser víctima.
Violencia que puede ser simbólica, física, económica o política.

Con este principio como vehículo de unidad creativa, el reconocido vitralista y mosaiquista Eddie Ferraioli ha originado una serie de homenajes a la primera mujer, compilados en la exhibición que lleva por nombre Vírgenes, la cual consta de 20 obras de arte en mosaico, inspirados en la flora puertorriqueña y en el concepto de la tierra como madre dadivosa, y que se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo.
El mosaico es significativo: pedazos de vidrios mutlicolores que van formando las figuras, como si se tratara de una representación lacaniana del Yo.
El motivo de las vírgenes es apropiado: son mujeres en honor a aquellas víctimas de la mutilación, la opresión, la violación... son vírgenes de esperanza.
El propósito del artista: venerar a la mujer como vehículo de la existencia.
Las mujeres son capaces de albergar la vida en sus vientres. Tienen contacto directo con el infinito. Ellas tocan lo que los hombres solamente podemos poetizar.


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