El problema de la poesía

Ayer, en horas de la tarde, me llegué al salón de siempre para mi clase de apreciación poética. Afuera llovía y la temperatura había bajado bastante, cortesía de un frente de frío que visita nuestro Caribe. Nos esperaban unos poemas de W.B. Yeats y Robert Frost.

Es preciso aclarar que Yeats no es fácil ni divertido para estudiantes que por algún designio del destino se han matriculado en un curso panorámico de poesía anglo, y que Frost puede parecer muy hermético, oscuro o hasta desatendido de nuestra vida post-industrial caribeña, por lo tanto, yo, el profesor, llevaba las de perder.

Pero algo extraño ocurrió.

I-pods fuera y celulares apagados, se podía escuchar el roce de la lluvia contra las hojas de palma real que se asoman por una ventana.

De pronto, el mundo como que se quedó sin tiempo.

Leímos poesía en voz alta y sentados en círculo, como una tribu frente a un fuego ancestral.

Y ocurrió: los estudiantes entendieron.

Comentaron. Opinaron. Discutieron. Y al final, la enunciación que hace sonreír a cualquier maestro: les gustaron los poemas.

A estos chicos, generalmente provenientes de una Generación Y confundida y despoetizada, les agradaron de manera particular "When You Are Old" de Yeats y "Stopping by the Woods on a Snowy Evening" de Frost.

Y hablamos de todas esas cosas que dicen que el lenguaje es metáfora, aproximación. Hablamos del amor, la vida y la muerte, que es de lo que trata toda la poesía y la literatura en general. Hablamos de un tiempo hipotético pasado y futuro. Muchos me miraban como si por primera vez descubrieran su propia tridimensionalidad. Sus caras debían tener ese aspecto que uno adquiere cuando se encuentra por primera vez frente a un espejo.

Ese es el problema de la poesía. Dice más de uno que lo que las palabras dicen. Su proximidad es como la de los pensamientos: no se sabe de dónde ni cómo surgen, pero ahí están, dentro de nosotros.

Al final de clase, y en relajamiento, los estudiantes se fueron como si abandonaran una sesión de terapia grupal. Caminaban llenos de poesía, hechos de poesía, tomados por la poesía. Un evento cósmico sinigual. Algunos hasta caminaron sin prisa bajo la lluvia riopedrense.

Hoy tal vez olvidaran todo, pero sus vidas no serán iguales. De seguro.


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