V de Violencia



Este artículo, nacido en este blog, fue publicado el 22 de febrero de 2007 por El Nuevo Día, en la sección Mirador, en la cual he sido invitado como columnista.

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Para mi hermana Nylka Janice, en las verdes…

La noticia decía que fueron ciento tres puñaladas las que le quitaron la vida a una mujer de Arecibo, víctima reciente de la violencia doméstica.

Cien, más tres. Ciento tres, ni una más y ni una menos.

Ante mi espanto, me pregunté: ¿qué mecanismo de pensamiento opera en un hombre cuya reacción ante la decisión de la mujer de seguir su propio destino, es privar de la vida a su cónyuge?

Hubo gente consternada. Indignada, como siempre, cuando abundan las formas adjetivas y faltan los verbos. Los asesinatos de mujeres en manos de sus parejas requieren una alerta naranja.

Pero lo cierto es que, una vez más, a veces no somos lo que queremos ser sino la manera en que nos construyen.

Solía existir, en algún punto del tiempo, una creencia que otorgaba a la mujer el principio ordenador del universo como fuerza creadora y dadora de vida: la Diosa Madre, representada incluso en la naturaleza. Pero desde que los intereses políticos llevaron a Constantino a aceptar el cristianismo como táctica para la preservación del poder, el culto a la Diosa fue reprimido.

Dios debía ser hombre; padre, y no madre.

La violencia contra la mujer era estrategia de conquista.

Imbolc
Como ironía histórica, el juicio del asesinato -cometido en noviembre- se dilucidó durante la primera semana de febrero, cuando en el mundo de los celtas comienza la Fiesta de Imbolc, cuya celebración anticipa la del solsticio de primavera. El signo de la fiesta es el fuego sagrado que purifica la tierra, convoca la fertilidad y anuncia el despertar de la primavera, y mientras dura se inician los rituales de apareamiento que anteceden a su vez al llamado Día del Amor, o Día de San Valentín.
Imbolc es dedicada a Brígida, una de las advocaciones de la Triple Diosa, o la Diosa Madre: la mujer tierra.

Brígida
La diosa Brígida, que significa “mujer elevada”, es matrona de matronas, las embarazadas y los pozos de agua, que por sus connotaciones, se asocia con el vientre de la madre. Como arquetipo, Brígida es la Diosa Madre: Ishtar en la antigua Mesopotamia, o la Isis de Egipto. Todas son luz del mismo tallo.

El culto a Brígida era tal que cuando el imperio romano comenzó la conquista bajo el nuevo orden político-religioso, decidió absorber el culto a la Madre Diosa y canalizarlo hacia la veneración de la Virgen María. Pero, conceptualmente, si bien una mujer reinaba sobre el Dios todopoderoso, también era de menor jerarquía.

La fiesta de Imbolc pasó a ser el Día de la Candelaria, y Brígida se convirtió en una víctima histórica de la violencia de los hombres contra las mujeres.

Nada sale de la nada.

Las que rechazaron abandonar su culto, que eran principalmente mujeres, fueron perseguidas como herejes y brujas, y su castigo fue la muerte.

La V no es de Virgen…
La agresividad contra la primera mujer -que es todas las mujeres- desencadena en otros significantes y toma su forma superlativa en la manera que nos acercamos a la naturaleza: no guardamos respeto genuino por la defensa y conservación de la naturaleza, la Madre Suprema, la madre de todos. La degradación de las representaciones femeninas, llevadas de su lugar de poder a instancias de servilismo, es nuestro constante acto de violencia contra las mujeres.

Ciertamente, a veces no somos lo que queremos ser sino la manera en que nos construyen.

Y yo pienso en mi hija y su futuro. Y yo pienso en mi hermana y su verdugo. Y yo pienso en Juana Doe y su John celoso. Y me horroriza la posibilidad de la próxima muerte.

(El autor es escritor criado entre mujeres)


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