Digging in the dirt


La serie de televisión Dirt (FX) me ha cautivado como pocas lo logran. Protagonizada por Courteney Cox (Lucy Spiller) y Ian Hart (Don Konkey), se la he recomendado a mis estudiantes de creación literaria que se afanan en escribir historias que no estén colmadas de lugares comunes (o clichés) y siempre buscan lo novedoso.

El asunto es que en Dirt, hasta ahora, sólo han matado a uno en plena camera; apalearon a otro con un bate; y decapitaron a un tercero, aunque sólo apareció la cabeza y nunca el acto de cortarla. Hay sexo -bastante sexo, implícito y explícito-, pero lo que mueve la trama es puro drama.


Actuación y caracterización. Punto.


Y, sobre todo, lo novedoso en Dirt es que el recurso del cliché es tomado desde nuevos y novedosos ángulos. Todo lo refrito está ahí: la estrella de cine venida a menos y adicta a drogas; el superstar don nadie que llega a la cima a pulso de publicidad pura y con poco talento; las intervenciones del cartel de Los Angeles en los medios publicitarios y de farándula; y sobre todo, la revista farandulera que vive de pura superficialidad en los tiempos del capitalismo tardío.

No obstante, todo queda tan bien logrado al punto que uno no nota lo común en, por ejemplo, la historia del ministro que viola a su hija; o la de la editora de revistas que domina el mundo y destruye vidas, pero que la suya misma es un vacío insondable. Todo se ve como desde otra lente.


Pero mejor está el narrador (Don Konkey): un esquizofrénico funcional que es fotográfo. Y como hombre de la cámara que es, es quien focaliza la historia, convirtiéndose en narrador y focalizador, sin contar que sus alucinaciones personales también cobran vida en escena


Por eso la recomendé a los estudiantes aspirantes a escritores (muchos ya lo son): porque valida aquella visión de Cortázar que dice que en la literatura no hay tema mayor ni menor, sino que se trata simplemente de cómo el escritor lo aborda y se acerca a él.


Para los que no les interesa ver la serie desde el punto de vista narratológico, la cura vale igual.



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