En alta y en baja: literatura y literariedad

Recientemente la amiga Janette Becerra ha escrito en la sección Mirador de El Nuevo Día un artículo en el que cuestiona el posible arte de novelar de Pablo Cohelo, y el cual le ha sentado muy mal al colega bloguero Ciudadanoem. Personalmente, y respetando las disidencias y opiniones al respecto, creo que el asunto no es sobre si es novelista o no; sino que se trata del viejo conflicto entre literatura y literariedad. Por lo menos, en El Alquimista (lo único que he leído de él) hay novela, pero lo que no hay es mucha literariedad, muy a pesar de que Cohelo utiliza recursos literarios como la parábola y el simbolismo.

Ciudadanoem sí trae a la mesa otra vieja disputa legada por la modernidad y el modernismo: alta literatura contra la baja literatura. Yo digo que eso es, como todo, relativo. Ya antes había yo escrito una entrada titulada Un señor muy dañado con una fijación muy grande, sobre lo grotesco en García Márquez, cosa que, en una perfecta pieza de cuento como Un señor muy viejo con unas alas enormes, es casi antitético.

En realidad, opinio que la grandeza también puede nacer entre lo escatológico, que no es nada "high culture".

Hay que leer y hay que leer.

Otro ejemplo agradable es Francisco de Quevedo, figura importante del Siglo de Oro español, y quien utizando la forma clásica de los más perfectos sonetos de Petrarca, ha escrito la siguiente pocaverguenza:


DESENGAÑO DE LAS MUJERES

Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece;
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.

Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.

Mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare;
y como puto muera yo quemado

si de otras tales putas me pagare,
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas.

So much for high culture.

I rest my case.


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