La abstracción del dinero



Hace unas semanas, recuerdo, cayó la bolsa de valores y cuando lo comenté con varias personas, ninguna supo qué decir. No se trata, por supuesto, de ser expertos economistas, sino de al menos tener una noción de lo que ello significa. Pero no. Todo el mundo se lamentó y ¿adónde vamos esta noche?


Cierta incongruencia entre la caída de la bolsa y nuestra realidad o intereses inmediatos se debe a la primacía de un valor dominante en nuestros tiempos, pero al que le prestamos poca atención: la abstracción del dinero.

Arrighi, Jameson, Deluze y otros estudiosos han documentado el tema. Pero el asunto no tiene pertinencia hasta que consideramos nuestra existencia en total abstracción.

Digamos que, en un día de pago promedio, tenemos la comodidad del depósito directo. Nuestro esfuerzo y trabajo cuantificado en dólares y centavos viaja por carril expreso de una cuenta a otra. Salimos entonces a premiarnos y, por supuesto, sugerimos pagar con dinero plástico, sea en su modalidad de tarjeta de débito o tarjeta de crédito. Cumplimos con nuestras responsabilidades de repago utilizando cualquier servicio de banca telefónica, o, en el mejor de los casos, utilizamos la Internet, en donde podemos comprar de todo, desde libros, música, ropa y hasta muebles y comida para el hogar.

Como el dinero rige y viabiliza nuestras vidas, y el dinero no es natural en nosotros, pues esto trae sus consecuencias. Por ejemplo, tenemos dificultad para visualizar la inmediatez, prever el alcance de nuestras acciones y sus consecuencias, y, sobre todo, controlar la tentación terrible de gastar más de lo que uno puede o tiene.


Todo esto sin que un solo centavo toque nuestros dedos.


Que quede claro: una cosa es gastarlo y no verlo, y otra es no verlo y gastarlo.


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