Monkey see,monkey do



Los monos en Lajas, las iguanas en Isla Verde, el cangrejo americano en España, los conejos en Australia y los coquíes en Hawai… todos en un constante pulso de supervivencia.


La existencia no está supeditada a un punto geográfico.


La globalización es más que una mera construcción del capitalismo tardío.


En efecto, numerosas plantas y animales viajan el globo a través de las longitudes y las latitudes, voluntaria e involuntariamente, y si bien es cierto que ello representa una amenaza para las especies que habitan las regiones invadidas, también es sintomático de esa realidad de toda especie viva que busca sobrevivir: el nomadismo.


Si el sentido de movimiento entre las especies vivas es la única constante, la capacidad de adaptabilidad es lo que asegura la supervivencia. Ese sería el caso del más repulsivo de los insectos, la cucaracha, que ha transmigrado a través de los siglos. Y cuando a Adán y Eva los expulsaron del paraíso, no sólo fueron los primeros refugiados políticos en la Tierra, sino que fueron también la primera especie invasora.


La preservación de la vida es una secuencia permanente de movimientos y eso es inevitable naturaleza biológica. Lo curioso es que mientras en Hawai los coquíes son catalogados como una peste y nos indignamos ante su posible exterminio –cosa que alguna gente ha adornado con matices políticos-, en Puerto Rico asumimos un tono fascista contra los monos de Lajas, que se comen las piñas nativas de Brazil y los melones originales del sur de Asia, y que deseamos matar porque “no son de aquí”.


Si ese es el cauce del asunto, debemos considerar que el arroz, que es nuestro plato nacional, es original de la China, como la naranja que utilizamos para hacer juguito “del país”. Nuestro café deluxe es arábigo, el plátano tiene su origen en la Asia meridional y la guayaba es de Centroamérica. Entre la fauna de Puerto Rico, existen 12 especies de aves endémicas (que nosotros mismos exterminamos), 80 especies migratorias y unas 40 especies de lo que el Departamento de Recursos Naturales llama de “procedencia dudosa”.


Edgardo Rodríguez Juliá ya antes ha comentado sobre los mangoes de la India, las guanábanas antillanas y los guineos africanos que retrata Oller en sus bodegones, y que hoy fácilmente se comparten con las manzanas, peras, albaricoques y uvas que fundamentan nuestro concepto de fruta fresca, ninguna “de aquí”. Merece la pena mencionar que la cerveza de mayor venta en la isla tampoco es de producción local, como extranjeras son las cadenas de comida rápida, los cigarrillos y hasta la ropa que vestimos, la cual pudo haber sido confeccionada por un hombre, mujer o niño explotado laboralmente en Bangladesh, Taiwán o India.


Somos pura hibridad.


Nosotros, el homo sapiens portoricencis, deberíamos conocer mejor sobre invasores e invadidos.
Ciertamente, no queda centro al que aferrarse.



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