Rejuvenecimiento vaginal

Al principio lo escuché. Me sacudí. Verfiqué. Me percudí de escepticismo. Y luego lo confirmé: la tendencia principal en operaciones láser es la de rejuvenecer la vagina.

Busqué la Biblia, pero nada. Consulté a Nostradamus y tampoco. Seguro se les pasó a todos los que predican el final de los tiempos.

Diversas razones motivan cada día a más mujeres que se someten a la operación. En la minoría de los casos se debe a condiciones médicas. Pero, como con la faja elástica, el uso y el abuso tienen un efecto de flaccidez en los labios de la vulva. La edad y la gravedad también van pasando factura. Así que hay que recoger.

Lo sorprendente es que muchas mujeres lo hacen como acto de gratitud o regalo para sus parejas, aunque igual aumenta la sensitividad en el área, cosa que tiene sus beneficios para quien se somete a la operación. Inclusive, se dice que se puede reconstruir el himén y todo eso y volver a ser virgen a los 40. El rejuvenicimiento vaginal ya sustituyó a los diamantes como regalo predilecto de aniversario.

Diamante por diamante.

Yo conozco un caso de un individuo que se gastó cerca de $6,000 en cirugías reconstructivas para su mujer. Según él, fue una inversión para el goce [personal y sexual] mutuo: senos, estómago, nalgas, rostro... el negocio de su vida, y fue una cita. Imagino que ahora la enviará a rejuvenecer en el down under.

Indistintamente de lo que opinemos, lo que sobresale es el carácter intrínsicamente sexual de los seres humanos, razón por la cual creo que somos todo y nada, pero nunca podré ser monje budista.

Y luego, claro, queda la vanidad, el pecado predilecto. Todo y nada por ganarle victorias pírricas al tiempo.


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