Piece of cake: 42


El domingo fue mi cumpleaños. 42 mayos en ristra interrumpidos por un 7 de enero en 1987, ocasión en la que experimente la muerte por primera vez. Accidente automobilístico, que conste, del que puedo comenzar a hablar porque tengo el VIP Pass de la experiencia.

Como todo mayo 27, algo tenía que ocurrir. Esta vez fue mi hija la que se enfermó y razón por la cual quedé en vigilia hasta entrada la madrugada. Hace unos años, cuando ella también estuvo hospitalizada, celebré mi onomástico en un cuarto de hospital, con sombreritos y bizcocho de Blues Clues. Médicos y enfermeras se prestaron en la conspiración.

Dos años atras, cuando llegué a los prodigiosos 40, el cumpleaños sorpresa que me tenían varios amigos poetas se hechó a perder a causa de una lesión en mi espalda. Todos bebieron: Noel Luna, Mara Pastor, Mario Cancel, Néstor Barreto, Marcano y Rebecca, entre otros. Yo, en la cama y a fuerza de pastillas.
Ya antes, cuando tenía 17, arruiné otro cumpleaños sorpresa. En aquella ocasión, dejé en espera a mi familia y amigos. Yo me fui a emborrachar y llegué a las 6AM. Me recibió un bizcocho pasamado, medio oblicuo por la espera solitaria, y una nota fría que decía: "Feliz cumpleaños".
Yo creo que ese día me cayó la maldición del cumpleaños arruinado per secola seculorum.

Eso quedó evidenciado en mi segunda experiencia con la muerte, mientras celebraba mi cumpleaños 33 en un restaurante donde ingerí un cocktail de camarones y terminé a punto de una traqueteomía en la sala de emergencias de un hospital en Condado. Reacción alérgica, dijeron. Unos minutos más y kaput. Dicha experiencia me ha alejado de los mariscos -otra especie de maldición si considero que vivo en una isla.

Pero mucha gente se acordó: recibí como 13 spam mails de compañías que de algún modo me recuerdan, incluyendo Borders y Classmates.com; Taty Hernández y Néstor en el exterior; mi mamá, per suposto; y mi hermana, que me llama y me pregunta que escritores son geminianos, y yo le suelto, a quemarropa, que Whitman, Lorca y Allen Ginsberg. Ella me recuerda que esos son gays y que se preocupa. Hmmm.... Entonces le digo: Johnny Depp y Bob Dylan... esos son buenos. Esos no son escritores, dice. Y yo... hmmm... Ralph Waldo Emerson. Entonces, ella dice: Whatever.

El asunto es que todo esto es para expresar que no he tenido tiempo de interiorizar esta segmentación en el camino. Que sigo el viaje, aunque el pasado comienza a verse cada vez más distante y más cercano a la vez. Que miro a mi hija y recuerdo que en la vida hay cosas por las que uno siempre va a luchar. Que uno cambia, todo cambia, el mundo cambia. La unica constante es la elección, la causa de todo efecto. Que vivo con energía natural -como decía, pues, Whitman- y que no voy a ir a ver a ningún proctólogo.

No todo está resuelto, pero sí veo lo que me queda de recorrido. Todo es cuestión de seguir la marcha. Piece of cake.


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