El cuatro de Julio

Cuatro puertorriqueño, circa 1890. (www.cuatro-pr.org)


Mi concepto del cuatro de julio se remonta al recuerdo de un instrumento musical y un amigo que se llamaba Julio, que se sabía todo el repertorio de los Beatles; More than a feeling, de Boston, los Eagles y algunas de Bob Dylan, entre otros, todo ejecutado en cuatro. Me refiero al instrumento musical, claro.


Para los que no conocen el instrumento, el cuatro requiere tres pares de cojones para sacarle melodía, ¿eh? Y a Julio le daba con tocar clásicos del rock, cuya raíz es el blues.


Pues, como contaba, un día, mientras nos encontrábamos Ernesto, Edil, Julio y yo en un bar-hopping por los campos de Adjuntas, llegamos a un negocio de esos que parecen arrancados de una estampa costumbrista y uno piensa: «so much for posmodernity», porque pareciera que la modernidad nunca llegó, excepto por las neveras que conservan las cervezas frías y una única bombilla en medio del local. Pues en este negocio, además de conservas en lata (¿otro signo de la modernidad?), la barra sólo tenía Palo Viejo, blanco y oro. Dos terceras partes del negocio pertenecían a una mesa de billar con el paño rasgado por las esquinas y un desnivel que hacía que todos los malos tiros cayeran en las bocas del medio y que los buenos fueran a dar a ningún lugar.



Llegamos allí Ernesto, Edil, Julio y yo en el Jeep descapotado, como personajes de un cuento. Entonces, Julio se apeó cuatro en mano, porque no lo dejaba a solas ni para ir al sanitario, que allí era una letrina. Uno de los clientes del lugar, al vernos llegar, dice: «Llegaron los del pueblo». No sé a qué pueblo se refería, pero me imagino que se refería al área urbana de Adjuntas.

Bueno, pero para hacer el largo cuento corto, el cliente, jíbaro aguzao, ve a Julio con su cuatro y le dice tócate algo, a ver si el gas pela o no pela. Julio, que con nada tenía, respondió con Hotel California. El jíbaro, espantado, sacó su popio instrumento de detrás de la barra y entonces nos dimos cuenta que se trataba del cuatrista del house band del chinchorro. Soltó par de mazurcas, un seis chorreao y un bolerito, todo de un tirón. Julio, agitado, tocó Stairway to heaven y la vocalizó. Al finalizar, el silencio dominaba la pequeña barra.

—¿Y qué carajos fue eso?—reclamó el jíbaro.

—Led Zeppelin.
—Como un zepelín vas a salir tú ya mismo.
—¿Qué pasa? Eso es Stairway to Heaven.
—¿Qué?
—Escalera al cielo.
—Pues por ahí mismito te voy a poner a subir a ti ahora, pa' que respetes.

El indignado músico extrajo, del mismo lugar donde antes guardaba el cuatro, un machete.


Y a correr como maleantes en redada.


En la prisa, Julio golpeó su cuatro con el marco de la puerta, quedando el instrumento degollado.


Saltamos al Jeep. Arrancamos en Fa mayor.


En el camino, Julio lloraba su cuatro. Era 23 de septiembre.


Los demás simplemente lamentábamos la caneca de Palo Viejo que pagamos y que dejamos atrás en la huída.

Con el tiempo, Ernesto se hizo abogado; Edil se fue a los Marines; yo me convertí en lo que soy. Por su parte, Julio permutó una carrera de roquer folk por una de director musical en una iglesia protestante, pero ya no toca cuatro desde que comenzaron a cantar "Ríos de agua viva" al ritmo de reggaetón.

Todos los 4 de julio recuerdo esta historia.



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