Los problemas de la cultura en Puerto Rico 07

Charles Grant: Culture Mix II

¿Dónde está la cultura?, canta Pastora, el ecléctico grupo de lounge español.

Hoy día, pues, valdría la pena revivir aquel Foro del Ateneo sobre los Problemas de la Cultura en Puerto Rico de 1940, donde muchos grandes pensadores dijeron otras grandes atrocidades que se han repetido consecuentemente a través de la historia puertorriqueña.

Y es que, en la era de la información, la impresión que tenemos sobre la cultura en Puerto Rico es que no sólo somos un país nórdico, sino que somos consumidores de una alta cultura ajena y distante, elitista e inaccesible. Tanto como en 1930 como hoy, seguimos equivocados.

La cultura, sabemos, no es natural –no se nace con ella–, sino que se construye. De ahí su capacidad de transformarse. Nuestra existencia –la de los seres humanos- no sólo se da en un plano físico, material, sino que también se da en el mundo de lo simbólico: un entramado de significaciones, valores y asociaciones que se representan en lenguaje y toman la forma de arte, religión y/o mito. La cultura se convierte entonces en un cúmulo de posibilidades verificables. La cultura es la suma de una pluralidad.

Al presente, la cultura en Puerto Rico, cuando no la tratamos como un club para privilegiados, la tratamos como un programa de chismes al mediodía.

Si la cultura es un espacio de transformación de las condiciones de la experiencia (la existencia), estamos jodidos- estamos muertos. Lo que no evoluciona, ya dijo Blake, se muere.

Siempre es más fácil destruir que construir, claro.

En sus facetas de producción y consumo –o, en su defecto, la falta de éstas–, el problema de la cultura en Puerto Rico es el origen de los problemas económicos, sociales y políticos.

¿Donde está la cultura?, canta Pastora. ¿Donde está la aventura?



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