Dos días antes de año nuevo


Dos días antes del fin del año, pienso que este es el momento en que la gente se concientiza acerca del tiempo como campo de experiencia, aunque a muchos les basta sufrirlo como unidad de medida. En cualquier caso, pensamos en lo hecho, logrado o vivido, y planificamos hacia una abstracción mayor, que es el futuro.

Puras vainas del mito humano, digo yo, pero no por ello menos interesantes o relevantes.

Para mí, como para los Babilonios, me hace más sentido comenzar el año en primavera, donde nace la vida, que en pleno invierno, cuando muere. De todas maneras, hay 365 rotaciones.

Aquí entran las resoluciones de año nuevo.

Somos tan incompletos que necesitamos ficcionalizar, incluso, el mañana. Pero así es como funcionamos. Nadie nunca es un presente solo: siempre hay un pasado que nos constituye y un futuro que constituimos.

Yo creo que la gente piensa en resoluciones de año nuevo –indistintamente si es una futilidad o no- porque quieren ejercer voluntad sobre su destino; transformarlo; afectarlo; determinarlo. Claro, una cosa es, por ejemplo, predisponerse a perder 20 libras y otra es lograrlo.

Pero no veo nada de malo en ello. Antes que el verbo, vino el deseo.

Hay cosas que uno no puede evitar, claro. A mí, por ejemplo, me han acusado de tener actitud de hacendado, de ser arrogante, de creerme Dios y otras opiniones personales que me han hecho conocer públicamente y a través del “hate mail”, todo por razones que no vienen al caso. Yo sólo pregunto: ¿Quién en esta vida puede decir que me conoce? ¿Quién se ha sentado conmigo, comido conmigo, bebido conmigo o vivido conmigo como para juzgarme?

Nada. Que eso sólo prueba que también hay una realidad externa existente en nuestras realidades subjetivas.

Pero hay cosas que sí puedo determinar. Y en esas estoy.

Puras vainas del mito humano: a work in constant progress.

Lo mejor a todos en el 2008.


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