Seducción en la librería

©2007 Michelle Giacobello, Looking for Love at the Library

¿Quién dice que las librerías son aburridas?

El amigo Omar Reyes Villanueva me envía el artículo “The art of the bookstore pickup”, de Dustin Goot, que, como se desprende de su título, trata del arte del acercamiento personal en las librerías.

O sea, un rapeo mongo, o tal vez contundente, pero, al fin y al cabo, un rapeo. Lo que bien pudiese ayudar a redefinir el término "autoayuda", superando de paso a la masturbación como recurso primario.

Jorge Valentine, amigo escritor y ex-discípulo, tenía una novela en progreso que trataba de encuentros sexuales entre los anaqueles de una megalibrería. Todavía anda haciendo "research", dice. (No, no, es broma).

El asunto es que los libros como vórtices entre dos personas dan resultado.

Y es que en las librerías se congregan gente con fines e intereses afines: los libros. Dentro de esto, pues están los que Pablo Cohelo Children, los que buscan poesía, los políticos sofistas o los reconstructores de la historia. Como dice el artículo, ya eso es un indicador. Es un pretexto para comentar un texto. Y hasta algo mejor que el refrito de “Te he visto antes” o “Tu cara me es familiar”.

Es más: una librería es un sitio más limpio y seguro -si bien íntimo, pues no entra todo el mundo-. Las librerías son lugares de encuentro social mucho más eficientes que Facebook, Wayn, o My Space. Si no lo cree, vaya a una sección de las que usted casi nunca frecuenta –en particular filosofía, gay & lesbian, erotica y art- y espere. Tan sólo espere.

Recuerdo que un amigo y yo nos encontrábamos en una concurrida librería de San Juan, en la sección de poesía específicamente, cuando un señor se nos acercó con la intención de que le ayudábamos a buscar un poemario de José Angel Buesa. Fue mi amigo quien dio con el poemario, a lo que el señor, muy sinceramente, le confesó que "gracias al poemario, tendría una tarde espectacular con su 'novia'".

Y se fue.

Luego volvió y le dijo a mi amigo si lo quería acompañar. Que si lo hacía, dejaría que se acostara con su novia primero y que luego podía irse si quería.

Según el individuo -de unos 50 y tanto años-, su novia tenía 27 años y necesitaba un "opening act" antes de él entrar en performance.

Mi amigo pasó la oferta, por supuesto, y nos fuimos a tomar café y a reírnos y concluimos que este mundo está muy, muy loco.



You may also like

Blog Archive

Search This Blog

Loading...