El lunes pasado se lanzó una edición conmemorativa de los Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y la misma vendió a razón de un libro cada segundo por las primeras cuatro horas del día del lanzamiento en Colombia.

O sea, 14 mil ejemplares de Cien años de soledad en más o menos lo que toma ir de Fajardo a Cabo Rojo, o un vuelo de San Juan a New York.
Esos son muchos libros. Librerías Ghandi lo vende a $8.64. En Puerto Rico lo veremos entre $12 y $15 USD. Eso es mucho dinero.

El primer ejemplar de esta edición fue entregado el lunes a García Márquez en el homenaje que le brindó el IV Congreso Internacional de la Lengua, que se celebra en la ciudad caribeña de Cartagena de Indias, para conmemorar los cuarenta años de la publicación de Cien años de soledad, el 80 cumpleaños de García Márquez (hasta Alberto Fuguet le cantó Happy Birthday en su blog) y el 25 aniversario de la concesión del Nobel.
La novela es una lectura tan obligada como lo es El Quijote. Es innegable su inmanencia en el tiempo. Sin embargo, yo sigo con El otoño del patriarca, mi preferida. Y la del Gabo también.
El Patriarca (1975) fue la novela que le siguió a Soledad. Cuando se anticipó su lanzamiento, todo el mundo esperaba Cien años de soledad, Part II. O tal vez la "The Prequel". Pero no. Don Gabo vino con un engrudo ordenado en seis capítulos de una oracion cada uno, pero que se traslada a gusto y gana por el tiempo con la genialidad narrativa de García Márquez. Y dentro de ella, las crónicas de Bernal Díaz del Castillo, los diarios de Colón, el Popol Vuh y la Biblia, entre otros textos, afloran como un palimpsesto revertido.
En fin, Patriarca no se parece en nada a Soledad, excepto por el contexto mágico realista, y el tema de la soledad, que, como dijera Fuguet, es el destino de toda la América Latina.

Nydia, Renia, Joel, Aurora, Luis P. y Manuel.



El miércoles pasado la escritora dominicana Aurora Arias compartió con los estudiantes del Programa de Maestría en Creación Literaria en el que yo enseño. Fue una velada muy íntima, muy reveladora, e iluminadora para aquellos que pronto serán (si no es que ya lo son) las nuevas plumas en la literatura puertorriqueña. El motivo fue la presentación de Emoticons, el segundo libro de cuentos de la autora caribeña. Las palabras preliminares a la obra estuvieron a cargo de Christopher MacGrath, de la Universidad de Michigan, y Zaida Rivera, de la Universidad de Puerto Rico.

Aurora ha salido muy bien con este su segundo libro de cuentos. La acogida ha sido buena y apenas comienza la promoción del mismo.

Para los estudiantes, creo que fue como verse a ellos en los zapatos de Aurora. Entusiastas y atentos, me parece ver el momento en que les toque a ellos sentarse a hablar de la obra. Así que mejor mírenles las caras a ellos, que ya les vendrá su tiempo. Son buenos los chicos.

Por su parte, Aurora pronto será una diva literaria -se le traduce al alemán y al italiano- y no la tendremos tan cerca. Por cosas del mundo libresco, ya saben. Fama y fortuna. Ojalá.

Rey Andujar, joven maestro novelista y performero, me dijo: "(Aurora) es de las buenas".

I know. I just know.



Los monos en Lajas, las iguanas en Isla Verde, el cangrejo americano en España, los conejos en Australia y los coquíes en Hawai… todos en un constante pulso de supervivencia.


La existencia no está supeditada a un punto geográfico.


La globalización es más que una mera construcción del capitalismo tardío.


En efecto, numerosas plantas y animales viajan el globo a través de las longitudes y las latitudes, voluntaria e involuntariamente, y si bien es cierto que ello representa una amenaza para las especies que habitan las regiones invadidas, también es sintomático de esa realidad de toda especie viva que busca sobrevivir: el nomadismo.


Si el sentido de movimiento entre las especies vivas es la única constante, la capacidad de adaptabilidad es lo que asegura la supervivencia. Ese sería el caso del más repulsivo de los insectos, la cucaracha, que ha transmigrado a través de los siglos. Y cuando a Adán y Eva los expulsaron del paraíso, no sólo fueron los primeros refugiados políticos en la Tierra, sino que fueron también la primera especie invasora.


La preservación de la vida es una secuencia permanente de movimientos y eso es inevitable naturaleza biológica. Lo curioso es que mientras en Hawai los coquíes son catalogados como una peste y nos indignamos ante su posible exterminio –cosa que alguna gente ha adornado con matices políticos-, en Puerto Rico asumimos un tono fascista contra los monos de Lajas, que se comen las piñas nativas de Brazil y los melones originales del sur de Asia, y que deseamos matar porque “no son de aquí”.


Si ese es el cauce del asunto, debemos considerar que el arroz, que es nuestro plato nacional, es original de la China, como la naranja que utilizamos para hacer juguito “del país”. Nuestro café deluxe es arábigo, el plátano tiene su origen en la Asia meridional y la guayaba es de Centroamérica. Entre la fauna de Puerto Rico, existen 12 especies de aves endémicas (que nosotros mismos exterminamos), 80 especies migratorias y unas 40 especies de lo que el Departamento de Recursos Naturales llama de “procedencia dudosa”.


Edgardo Rodríguez Juliá ya antes ha comentado sobre los mangoes de la India, las guanábanas antillanas y los guineos africanos que retrata Oller en sus bodegones, y que hoy fácilmente se comparten con las manzanas, peras, albaricoques y uvas que fundamentan nuestro concepto de fruta fresca, ninguna “de aquí”. Merece la pena mencionar que la cerveza de mayor venta en la isla tampoco es de producción local, como extranjeras son las cadenas de comida rápida, los cigarrillos y hasta la ropa que vestimos, la cual pudo haber sido confeccionada por un hombre, mujer o niño explotado laboralmente en Bangladesh, Taiwán o India.


Somos pura hibridad.


Nosotros, el homo sapiens portoricencis, deberíamos conocer mejor sobre invasores e invadidos.
Ciertamente, no queda centro al que aferrarse.


Nostalgia Hystericus, de Rick Vanrein, en rick.vanrein.org


En una lista de correos en la que he caído, un grupo de personas -como en cualquier otra lista- se escriben y se intercambian impresiones sobre su pasado común. Me hicieron recordar la vez que mientras yo compartía con unos amigos de mi padre (quienes, como yo, viven exiliados en la ciudad), alguien comentó: "Padecemos una enfermedad terribel que se llama nostalgia". Las palabras siempre se quedaron conmigo.

La verdad es que la "nostalgia" se suaviza en estos días con el anglicismo "homesickness", pero en definitiva es un cierto padecimiento o necesidad de volver al hogar que ya se presiente irrecobrable, fenómeno muy frecuente a partir del siglo 17 durantes los viajes de conquista hacia las américas.

Fiel a la Vega lo expresa como "vivir la vida mirando por el retrovisor".

La profesora canadiense Linda Hutcheon dice que la nostalgia depende, en gran medida, de la naturaleza inasible del pasado, que ya se ha ido y no vuelve; en el mejor de los casos, sólo puede ser evocado. La "enfermedad" proviene del reconocimiento psicológico de lo inaccesible que es el pasado. Se fue y no volverá. Pero, como en el poema "Miniver Cheevy", de Edwin Arlington Robinson, mucha gente vive de manera anacrónica. El pasado es idealizado a través de la memoria y el deseo, y consecuentemente, en el acto mismo de vivir.

Bakhtin lo llama "reversión histórica" y no ha podido haberlo dicho mejor: el ideal de vida que no se puede proyectar en el presente, se busca en el pasado.

¿Por qué, entonces, ese ideal no se proyecta hacia el futuro? Pues porque el futuro nos acerca a la muerte.

Nos persigue ese fantasma que nos arrojará Lyotard, y que espanta con eso de que nada nuevo puede ser creado, y de ahí que constantemente nos encontremos viendo "I Love the '80s" en VHI, conduciendo autos con corte retro, vistiendo las modas de nuestra adolecencia, y escuchando música pop que recicla a The Clash, los Talking Heads y a The Police.
Pero al final lo que nos queda es una falta de creencia en todas las instituciones que construyen nuestro presente, pues el al final, tal vez recordar no sea vivir, sino escapar.



Hace unas semanas, recuerdo, cayó la bolsa de valores y cuando lo comenté con varias personas, ninguna supo qué decir. No se trata, por supuesto, de ser expertos economistas, sino de al menos tener una noción de lo que ello significa. Pero no. Todo el mundo se lamentó y ¿adónde vamos esta noche?


Cierta incongruencia entre la caída de la bolsa y nuestra realidad o intereses inmediatos se debe a la primacía de un valor dominante en nuestros tiempos, pero al que le prestamos poca atención: la abstracción del dinero.

Arrighi, Jameson, Deluze y otros estudiosos han documentado el tema. Pero el asunto no tiene pertinencia hasta que consideramos nuestra existencia en total abstracción.

Digamos que, en un día de pago promedio, tenemos la comodidad del depósito directo. Nuestro esfuerzo y trabajo cuantificado en dólares y centavos viaja por carril expreso de una cuenta a otra. Salimos entonces a premiarnos y, por supuesto, sugerimos pagar con dinero plástico, sea en su modalidad de tarjeta de débito o tarjeta de crédito. Cumplimos con nuestras responsabilidades de repago utilizando cualquier servicio de banca telefónica, o, en el mejor de los casos, utilizamos la Internet, en donde podemos comprar de todo, desde libros, música, ropa y hasta muebles y comida para el hogar.

Como el dinero rige y viabiliza nuestras vidas, y el dinero no es natural en nosotros, pues esto trae sus consecuencias. Por ejemplo, tenemos dificultad para visualizar la inmediatez, prever el alcance de nuestras acciones y sus consecuencias, y, sobre todo, controlar la tentación terrible de gastar más de lo que uno puede o tiene.


Todo esto sin que un solo centavo toque nuestros dedos.


Que quede claro: una cosa es gastarlo y no verlo, y otra es no verlo y gastarlo.
El pulpo, edición New York, hace 25 años.

Yo recuerdo que me pasaba cantando esa rareza de The Beatles, vocalizada por nada más y nada menos que Ringo Starr, que decía: "I'd like to be/ under the seas/ in an octopus' garden/ in the shade". Parece que se me va a dar.

"El pulpo" es una antología de 50 artistas y escritores puertorriqueños, invitados por el Instituto de Cultura Puertorriqueña y el artista Papo Colo a crear una obra de arte en un libro de poesía e imágenes gigante, al aire libre: una obra construida que presentará una idea colectiva a través de una pieza escultórica individual.

Hace unos años, se realizó en Nueva York bajo el título "The Octopus", y entonces contó con poetas como Pedro Pietri y Clemente Soto Vélez.

El miércoles, 28 de marzo, desde las 3:00 p.m., el público podrá apreciar todo este arte en proceso donde todas las obras se trabajarán con pintura blanca sobre los paneles pintados de negro.

"El pulpo" es, además, un libro de poesía que se convierte en una escultura de 25 planchas de largo. Entre los artistas plásticos que participarán en esta instalación, se encuentran Ricardo Avalo, Rabindranat Díaz, Elizam Escobar, Teo Freytes, Rosa Irigoyen, Charles Juhasz, Michael Linares, Elsa Meléndez, Jesús "Bubu" Negrón, Néstor Otero, María de Mater O’Neill, Marta Mabel Pérez, Quintín Rivera Toro, Aíxa Requena, Raquel Quijano, Ana Rosa Rivera, Pablo Rubio, Nelson Sambolín, Omar Torres, Carmelo Sobrino, Rafael Trelles, Rafael Tufiño, Zilia Sánchez, Julio Suárez y Jorge "Rito" Cordero.

Los escritores son Adiela Arroyo, Néstor Barreto, Kattia Chico, Vanessa Droz, Rosario Ferré, Hjalmar Flax, Gallego, Juan M. González, Jan Martínez, René Pérez ("Residente Calle 13"), Georgina Lázaro, Che Meléndez, Jacobo Morales, Mara Negrón, Magaly Quiñónez, Juan Antonio Ramos, Etnairis Rivera, Vicente Rodríguez Nieztche, Luis A. Rosario Quiles, Mayra Santos Febres y un servidor, Elidio La Torre Lagares.

Yo no tengo idea clara de cómo va a fluir el asunto. Lo que sí sé es que va a ser un trip.

A veces, lo que importa es hacer el viaje.

Recientemente la amiga Janette Becerra ha escrito en la sección Mirador de El Nuevo Día un artículo en el que cuestiona el posible arte de novelar de Pablo Cohelo, y el cual le ha sentado muy mal al colega bloguero Ciudadanoem. Personalmente, y respetando las disidencias y opiniones al respecto, creo que el asunto no es sobre si es novelista o no; sino que se trata del viejo conflicto entre literatura y literariedad. Por lo menos, en El Alquimista (lo único que he leído de él) hay novela, pero lo que no hay es mucha literariedad, muy a pesar de que Cohelo utiliza recursos literarios como la parábola y el simbolismo.

Ciudadanoem sí trae a la mesa otra vieja disputa legada por la modernidad y el modernismo: alta literatura contra la baja literatura. Yo digo que eso es, como todo, relativo. Ya antes había yo escrito una entrada titulada Un señor muy dañado con una fijación muy grande, sobre lo grotesco en García Márquez, cosa que, en una perfecta pieza de cuento como Un señor muy viejo con unas alas enormes, es casi antitético.

En realidad, opinio que la grandeza también puede nacer entre lo escatológico, que no es nada "high culture".

Hay que leer y hay que leer.

Otro ejemplo agradable es Francisco de Quevedo, figura importante del Siglo de Oro español, y quien utizando la forma clásica de los más perfectos sonetos de Petrarca, ha escrito la siguiente pocaverguenza:


DESENGAÑO DE LAS MUJERES

Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece;
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.

Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.

Mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare;
y como puto muera yo quemado

si de otras tales putas me pagare,
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas.

So much for high culture.

I rest my case.
Al principio lo escuché. Me sacudí. Verfiqué. Me percudí de escepticismo. Y luego lo confirmé: la tendencia principal en operaciones láser es la de rejuvenecer la vagina.

Busqué la Biblia, pero nada. Consulté a Nostradamus y tampoco. Seguro se les pasó a todos los que predican el final de los tiempos.

Diversas razones motivan cada día a más mujeres que se someten a la operación. En la minoría de los casos se debe a condiciones médicas. Pero, como con la faja elástica, el uso y el abuso tienen un efecto de flaccidez en los labios de la vulva. La edad y la gravedad también van pasando factura. Así que hay que recoger.

Lo sorprendente es que muchas mujeres lo hacen como acto de gratitud o regalo para sus parejas, aunque igual aumenta la sensitividad en el área, cosa que tiene sus beneficios para quien se somete a la operación. Inclusive, se dice que se puede reconstruir el himén y todo eso y volver a ser virgen a los 40. El rejuvenicimiento vaginal ya sustituyó a los diamantes como regalo predilecto de aniversario.

Diamante por diamante.

Yo conozco un caso de un individuo que se gastó cerca de $6,000 en cirugías reconstructivas para su mujer. Según él, fue una inversión para el goce [personal y sexual] mutuo: senos, estómago, nalgas, rostro... el negocio de su vida, y fue una cita. Imagino que ahora la enviará a rejuvenecer en el down under.

Indistintamente de lo que opinemos, lo que sobresale es el carácter intrínsicamente sexual de los seres humanos, razón por la cual creo que somos todo y nada, pero nunca podré ser monje budista.

Y luego, claro, queda la vanidad, el pecado predilecto. Todo y nada por ganarle victorias pírricas al tiempo.

La serie de televisión Dirt (FX) me ha cautivado como pocas lo logran. Protagonizada por Courteney Cox (Lucy Spiller) y Ian Hart (Don Konkey), se la he recomendado a mis estudiantes de creación literaria que se afanan en escribir historias que no estén colmadas de lugares comunes (o clichés) y siempre buscan lo novedoso.

El asunto es que en Dirt, hasta ahora, sólo han matado a uno en plena camera; apalearon a otro con un bate; y decapitaron a un tercero, aunque sólo apareció la cabeza y nunca el acto de cortarla. Hay sexo -bastante sexo, implícito y explícito-, pero lo que mueve la trama es puro drama.


Actuación y caracterización. Punto.


Y, sobre todo, lo novedoso en Dirt es que el recurso del cliché es tomado desde nuevos y novedosos ángulos. Todo lo refrito está ahí: la estrella de cine venida a menos y adicta a drogas; el superstar don nadie que llega a la cima a pulso de publicidad pura y con poco talento; las intervenciones del cartel de Los Angeles en los medios publicitarios y de farándula; y sobre todo, la revista farandulera que vive de pura superficialidad en los tiempos del capitalismo tardío.

No obstante, todo queda tan bien logrado al punto que uno no nota lo común en, por ejemplo, la historia del ministro que viola a su hija; o la de la editora de revistas que domina el mundo y destruye vidas, pero que la suya misma es un vacío insondable. Todo se ve como desde otra lente.


Pero mejor está el narrador (Don Konkey): un esquizofrénico funcional que es fotográfo. Y como hombre de la cámara que es, es quien focaliza la historia, convirtiéndose en narrador y focalizador, sin contar que sus alucinaciones personales también cobran vida en escena


Por eso la recomendé a los estudiantes aspirantes a escritores (muchos ya lo son): porque valida aquella visión de Cortázar que dice que en la literatura no hay tema mayor ni menor, sino que se trata simplemente de cómo el escritor lo aborda y se acerca a él.


Para los que no les interesa ver la serie desde el punto de vista narratológico, la cura vale igual.


Acabo de ver El laberinto del fauno, película ganadora de tres oscares en la más reciente edición de la estatuilla dorada, dirigida por Guillermo del Toro. Sencillamente, Ana Ive y yo salimos con sentimientos encontrados acerca del film.

Primero, se nos pareció mucho a Bridge to Terabithia, la cual fuimos a ver a petición de la gran Sophia. El hilo conductor de la trama en ambas películas: un niño (en Terabithia) y una niña (en Fauno) que evaden la realidad a través de sus elucubraciones y creaciones fantásticas de un mundo de hadas.

¿El edge? Bueno, se lo daría a Fauno, por su contexto político: se sitúa en 1944, en pleno apogeo del facismo español. Su padrastro, Vidal, capitan hijo de puta buona fide del ejercito franquista, tiene la misión de acabar con los últimos vestigios de la resistencia republicana, escondida en los montes de la zona.

Ninguna es para niños, que conste. Ambas resultan en muerte al final.

En ambas, no obstante, perservera el espíritu de la imaginación.

El final de Fauno, me parece, encierra una alegoría de la muerte inocente de una niña. Por supuesto, el tema es romántico, pero no por ello menos cierto. Ya William Blake lo concebía 200 años atrás: la infancia es un estado de divinidad del cual se sale al abrirnos al mundo de la experiencia de vida.

En todo caso, es una excelente meditación sobre los mundos posibles dentro de nosotros -que por estar ahí, no dejan de ser reales. O posibles.
Ciudad irreal, bajo la parda niebla...

A las cinco de la tarde me siento frente al televisor a ver las noticias del viernes, que son las mismas desde el lunes y prologan las de la semana que viene.

La ciudad de San Juan amaneció hoy abrumada y embrumada y ya a las cinco de la tarde lo demás era muerte y solo muerte. Ya se habla de racionar el agua. No puedo decirlo ni imaginarlo, pues sólo conozco un cúmulo de imágenes donde reverbera el sol, dice Eliot en su terrible y fascinante La tierra baldía.

A las cinco de la tarde el desempleo anda por el 10%. Una mujer se suicidó y otra falló en el intento, pero lo intentó. Resulta que el suicidio es un modo de escapismo muy popular estos días. "Hay que buscar con quién hablar, hay que expresarse, hay que compartir esa angustia y ese dolor. Lo invitamos a que busque ayuda de inmediato, hay una línea que está disponible, es la línea PAS, que todo el mundo en Puerto Rico puede llamar”, dice la doctora Carmen Parrilla, de la Comisión para la Prevensión del Suicidio. Oh, Kevorkian: dame doce dosis de poemas.

Hay vientos de plesbicito. Nuevamente. En julio entramos en año electoral. Nuevamente.

El óxido sembró cristal y niquel.

A las cinco de la tarde el gobierno celebra la muerte de Jean Baudrillard con el mejor montaje hiperrealista -la ilusión de una realidad que no es, o no existe- que jamás yo haya presenciado. Vamos pa' lante, dice el Gobe. (La última oración es ejemplo de la hiperrealidad, porque el gobierno no tiene ni ramera idea de quién fue Baudrillard).

A las cinco de la tarde Bush dice que le preocupa mucho latinoamerica. A las cinco de la tarde Leonides, el presidente dominicano, hace mutis cuando se le pregunta sobre su política de apartheid. El presidente guyanés Bharrat Jagdeo consideró hipócrita la actitud de Estados Unidos de criticar al país sudamericano en su lucha contra el narcotráfico al mismo tiempo que no logra reducir el consumo de la población estadounidense.

A las cinco de la tarde hubo muertes por actos rebeldes en India, Iraq y Afganistán.

A las cinco de la tarde...
te mostrare el miedo en un puñado de polvo.
Ninoska Mermoud Santiago, escritora caribeña radicada en California, me había cautivado no sólo por su escritura inteligente, sino también por el aparato crítico que sustentas sus posturas. Como a mucha gente en la blogosfera, no la conozco, excepto sus críticas, en particular unos artículos muy buenos sobre escritores del talle de Carlos Roberto Gómez (editor de Isla Negra y poeta) y Rita Indiana, los cuales ha publicado en su blog Mangulina. Esta mañana me sorprendio con una lectura de "sábado en el Recinto Sur", poema destinado a aparecer en mi próximo poemario.

Ninoska se suma entonces a los 326 que lo van a leer. Su escrito se encuentra en esta dirección:

http://filigranas.typepad.com/my_weblog/2007/03/elidio_la_torre.html
Pues el Mercurio, regente de los mercaderes, comerciantes, ladrones y embusteros (y también de los escritores) se va hoy de su fase. Tanto problema técnico con las computadoras me dan mejor ánimo de alejarme de ellas. Pero en fin: acabé un libro de poesía que se publicará pronto [en terminos editoriales, "pronto" puede ser cualquier cosa entre tres meses y un año]. Estas son las expectativas:

326 personas lo leerán, incluyendo a mi madre y 15 dirán chitón.

311 lo criticarán de diversas formas. De esas, 101 pensarán cosas que yo no había vislumbrado y nunca sabré qué en realidad dijeron.

Como 73 van a pensar que he cambiado mi estilo, que qué bueno, y que es un buen libro.

2 van a decir que es un gran libro, sin contar a mi mamá, que pensará que soy un gran escritor siempre.

Eso nos deja con un saldo de 150 personas que cuestionaran, primero, que quién me dijo que yo era poeta; segundo, que quién me dio vela en el entierro; tercero, que me debía retirar. No sabría decir las proporciones, porque todos aquí opinarían que no les gusta para nada el libro.

Lo triste es que de estos 326, sólo la mitad compraría el libro; los demás lo tomarían prestado o lo leerían en Borders o La Tertulia.

Cerca de dos millones de habitantes en Puerto Rico jamás se enterarán del libro o de quién es Elidio La Torre Lagares.

Me parece escuchar a Eliot: "In the room, the women come and go, talking of Michelangelo".

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