Puerto Rico es un espacio divorciado de su tiempo. Nada grandioso acerca de ello: es un rasgo de la modernidad, por supuesto. Pero es ese vaciar del tiempo (Harvey) es también un vaciar de experiencias.

Digo, ¿de qué otra manera se puede explicar que una ama de casa en Carolina abra una lata de salsa de tomate y encuentre una oreja adentro? Que Van Gogh nunca vivió en esta tierra, y de ahí que no se trataba de una oreja, sino de un hongo. ¿Inmigrantes ilegales de otro planeta?


Quién sabe. La realidad tiene varias manifestaciones, asi que todo es posible en Genérika.
Como pasear por un Shopping mall y encontrarse un mosquito gigante.


O un surrealista árbol de Navidad caminante y rostro de arrebato en té, pues, ¿de hongo?


La envidida de Tolkien, ¿no?
Here we are now. Entertain us!, diría Kurt (Cobain).

El asunto es que entre panteras que acechan subrepticiamente la Suburbia capitalina y en este bendito pedazo de tierra de 100 x 35 las autoridades pertinentes –y las impertinentes también- no pueden dar con un animal cuyo hábitat no es el nuestro. ¿Hello? Una pantera no es un gato glorificado, y entre tanto concreto, ¿cómo es posible perderlo?

Y es que en Genérika, hasta a las sillas de playa ya traen un radio empotrado para que podamos disfrutar reggaeton efímero y diluible… ¿por la esplada baja?


Es obtener el máximo haciendo lo mínimo. Y no es que yo incite a ser escéptico o desconfiado.

Es asunto de interés.


Por el momento, el mío es celebrar la Navidad, que no deja de ser peculiar a Genérika, como el plato de arroz con gandules y pernil, morcillas, pasteles bite-size y guineitos que ordené, y que al abrir, me mostró un rostro como en un manto de Turín, aunque tiene más de Giussepe Arcimboldo o del video “Sledgehammer” de Peter Gabriel (papá).


No quede duda: la norma es la antinorma en Genérika. Como, digamos,
hacerle una luna a la autoridad.


Invertir el orden.


En fin, como diría un estudiante mío, que es filósofo, “que le metan las cucas a otros”.
Nunca habremos de sentarnos en una máquina donde un supuesto superhéroe (imagino que es ese que Fiel a la Vega reclamaba para salvarnos allá en 1996), con cara poco amigable, comienza a dar pa’lante y pa’tras.


¿Quién se sienta ahí? Y para colmo, la máquina se opera con una palanca que controla la intensidad.

Here you are now. Entertained.

Así que, por el momento, Feliz Navidad a todos los que nos leen en estas Minucias de Genérika.

(Modelo, aparte de los arbolitos, los homeless y súperheroes: Soph)

Tocar y ser tocado. Creo que lo había dicho antes en un poema. Crear bifurcaciones de ese otro espacio que es el espíritu. Eso es esto.

El año constituía el quinto aniversario de Terranova. Así lo consigné en el entry Put Your Hands Up In the Air en marzo pasado. Comenzó bien y ahora acaba mejor en tiempos malos.

El Pen Club de Puerto Rico, en su premiación anual a los libros publicados el año anterior, ha destacado el libro El centinela y otros minicuentos, de Gary Morales, con el Premio Nacional de Cuentos 2007.

Gary, profesor de música en la Universidad Interamericana de Puerto Rico, sabe orquestar sus cuentos. Trabajamos conjuntamente hasta dejar un libro ameno, seductor, sólido. Quita aquí, pon allá. De su baúl de minicuentos extrajimos cerca de quince piezas adicionales que quién sabe por qué razón estaban allí dormitando. Sustituimos las menos efectivas. Voilá. Habemus Papa.

Estoy contento por Gary.

El año pasado, ese mismo honor se lo llevó Rubén Javier Nazario, con La soberbia venganza del verbo, que igualmente vi darse a prensas desde mis manos.

La narrativa parece que pesa. Constituye una total propuesta de descentralización el hecho que, antes de estos premios, tanto Gary como R.J. eran desconocidos en el ámbito literario. Así que en algún lugar de la Tierra Nueva se anda cosechando algo bueno.


De esto, es Yolanda Arroyo Pizarro quien valida la gesta, pues su libro de cuentos Ojos de luna acaba de ganar el Premio Nacional de Literatura 2007, otorgado por el Instituto de Literatura Puertorriqueña. Okay, oficialmente, le dieron el segundo lugar, pero dado que el primer puesto fue declarado desierto, yo sé que una presencia ante una ausencia equivale a una presencia, como que 1-0=1. Yola ganó. That’s right.

Pero no solo de narrativa vive el hombre: en el renglón que corresponde a la poesía, cuyo premio nacional fuera conferido a la amiga poeta Myrna Estrella, Javier Ávila obtuvo un tercer premio con Criatura del olvido y Abdiel Echevarría una mención de honor con Estoicismo profanado. Igualmente, Lowell Fiet obtuvo reconocimientos en la categoría de ensayo con Caballeros, vejigantes, locas y viejos: Santiago Apóstol y los performeros puertorriqueños.

Ya a principios de diciembre, Lydia Gil, de Agencia EFE, reconocía, entre los libros latinos de circulación en Estados Unidos, a “los cinco poemarios publicados en la primera mitad del año por Terranova Editores, en conmemoración de su quinto aniversario, entre los cuales se destaca La carencia de Guillermo Rebollo-Gil, y más tarde, La tumba de Buenaventura Roig en formato bilingüe del poeta Martín Espada”. Entre esos cinco, aunque no son nombrados, se cuentan Un abecedario para Eva Leite, de Israel Ruiz Cumba, y Vicios de construcción, de Elido La Torre Lagares.

Lo que me recuerda que a principios de año, el libro inédito Ensayo del vuelo, del mismo sujeto de los vicios, recibió el Premio Nacional de Poesía Julia de Burgos 2008.

Y estaba sentada la rana cantando debajo del agua…

It's all good.

Compete a un dolor mayor darse cuenta que solo somos fragmentos de un lenguaje inacabado.

Anoche, mi hija tuvo que enfrentarse al desangramiento de una mentira. No, Santa Claus no existe como lo metaforizamos, intenté explicarle. Es tan sólo una magia. Un buen deseo. Una manera que ha inventado la humanidad para perpetuar el mito de que todo lo que fue bueno una vez puede volver a serlo. Pero no. Las palabras suelen carecer de alcance. Por eso las inventamos. Para solventar nuestras carencias. Y con todo y eso, no dan.

—Y yo que pensaba que era una persona —me dijo, y lloró.

Lloró como cuando se pierde un juguete querido, un amor inalcanzado, o peor, un amor muerto, perdido. Lloró como cuando le matan a uno algo por dentro.

Su rostro se me alejaba… se me alejaba mientras mi voz le deshacía el rostro.

Santa Claus había muerto y de persona había transmutado en algo etéreo y mítico. Un tropo. Una aproximación. Soph inconexa como Zarathustra sin Dios.

¿Adónde había ido Rudolph? (Recuerdo aquella navidad que dibujé las pezuñas de reno desde la entrada de la casa hasta su cuarto). ¿Qué sucedió con el trineo? (Ella juraba escuchar cascabel, cascabel, lindo cascabel). ¿Rumpelstinski? ¿Los duendes?

Se aferró a mi pecho como se adentra un árbol a la tierra.

Estuvo largo rato así, triste. Luego, como es habitual en ella, sacudió la frustración.
La dejó toda conmigo, y en las manos del aliento aún sostengo los primeros pedazos de una inocencia en migajas de jengibre .

Es un Eliot-down: “I grow old, I grow old… I shall wear the bottom of my trousers rolled.”

Antes de Soph quedarse dormida, me dijo:
—Menos mal que las sirenas existen.

La besé en la frente.
La literatura hispanoamericana de hoy goza de cierto alcance y visibilidad comparable al logrado por las vanguardias a principios del siglo XX. La interconectividad que sostuienen tanto paaíses como creadores y movimientos es comparable al networking effect de la literatura de hoy.

Hoy, en el ABC de España, se publica "De McOndo a Afterpop", una entrevista que le hiciera Jorge Carrión a Jorge Volpi y a Edmundo Paz Soldán en torno al tema de las generaciones y movimientos de los '90 y de principios de este siglo. Les dejo con el texto completo. La pintura en la foto es de Alejandra Salgado.

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En 1996 coincidieron las dos últimas grandes propuestas generacionales de la lengua española, desde un extremo y el otro de América Latina. Desde Chile, Alberto Fuguet y Sergio Gómez llamaban a los escritores en sintonía con la aldea global y las nuevas tecnologías y armaban la antología iberoamericana McOndo, en oposición al realismo mágico y comercial de su momento histórico. Desde México, Jorge Volpi, Ignacio Padilla y otros firmaban el manifiesto de El Crack, en defensa de la alta literatura y del retorno a la ambición del boom. Justo diez años más tarde se publicó en España Nocilla Dream (Candaya, 2006), de Agustín Fernández Mallo, cuya segunda parte, Nocilla Experience (Alfaguara), ha aparecido este mismo año. Regresa así un debate antiguo: ¿qué hacemos con lo que tradicionalmente se ha llamado «generación»? La llegada, en las mismas fechas, de los ensayos Afterpop. La literatura de la implosión mediática (Berenice, 2007) y Homo sampler. Tiempo y consumo en la era Afterpop (Anagrama, 2008), de Eloy Fernández Porta, ha dado nombre a una reactualización generacional. El fenómeno ha sido debatido por el boliviano Edmundo Paz Soldán, el mexicano Jorge Volpi y el español Jorge Carrión, desde una perspectiva histórica y crítica

Jorge Carrión: Empecemos por los nombres de las supuestas «generaciones». De una terminología numérica e histórica (del 27, del medio siglo) o epocal (modernistas, contemporáneos), se pasa en la posmodernidad a las onomatopeyas (boom, Crack), lo tecnológico o de inspiración popular (walkman, McOndo, Nocilla). ¿Será por causas periodísticas?

Edmundo Paz Soldán: El boom lo inventó un periódico argentino. En la segunda mitad del siglo XX es la crítica periodística la que comienza a influir en gran manera en la recepción de los movimientos artísticos. A veces, bautizándolos, y en otras ocasiones, banalizando el alcance de sus propuestas. En esto los escritores somos corresponsables, porque nos servimos de los medios a la vez que los criticamos.

J.C.: En 1996 se publica McOndo y se publicita el Crack. Yo tengo la sensación de que la gestación de ambos proyectos, y no sólo su ideología, es antitética. Uno parece partir de la fuerza de voluntad y el otro de una estructura de poder? ¿Me equivoco?

Jorge Volpi: Este es uno más de los malentendidos que siempre han rodeado al Crack. El grupo empieza con la reunión de cinco amigos, en 1994, cuando ninguno de nosotros tenía el menor contacto con ningún «poder». Decidimos entonces asumirnos como grupo (jamás como generación), darnos un nombre irónico (Crack por el obvio homenaje pero también burla al boom) e intentar publicar las cinco novelas dentro de una misma colección. Cuando los libros se publicaron finalmente en 1996, decidimos añadir la «broma en serio» de acompañarlos de un manifiesto. Así nació el Crack.

J.C.: Está claro que todos los escritores tienen una red o un grupo que se puede identificar con lo que hace cincuenta años se entendía por «generación». El problema es explicitar, sobre todo a partir de una forma literaria que se percibe como anacrónica: «el manifiesto»...

J.V.: Al contrario de otros grupos, los miembros del Crack decidimos hacer pública nuestra amistad literaria; el manifiesto desde el principio fue un guiño irónico. Y en ese sentido funcionó perfectamente, pues la reacción de otros grupos (que nunca se presentaron como tales) fue muy violenta. Todos sabíamos que un manifiesto era «anacrónico», como tú dices, pero esa era la intención...

E.P.S.: A finales de los noventa, por otro lado, la idea de un movimiento artístico o propuesta generacional se hallaba descartada. Eran tiempos posmo, en los que había que ser irónico, escéptico, estar de vuelta de todo. Incluso de la misma tradición literaria. McOndo, entonces, al igual que el Crack, jugaba con la idea del manifiesto, y redujo lo generacional a una cosa muy práctica.

J.C.: Hasta ahora hemos hablado de coincidencias en la forma de los fenómenos. ¿Qué ocurre con el fondo?

E.P.S.: Efectivamente, si bien hubo una coincidencia temporal entre el Crack y McOndo, y hubo objetivos comunes, también siento que había diferencias importantes. Una de ellas tiene que ver con la relación de la literatura con la cultura popular. A veces siento que el Crack, en su defensa de las novelas «difíciles», siguió mostrando una diferencia muy jerárquica entre cultura alta y cultura popular. McOndo intentaba un diálogo con la cultura popular, con los medios, con las nuevas tecnologías. En el manifiesto del Crack, Padilla ataca los videojuegos; a mí, por ejemplo, me parece que algunos de los creadores más interesantes de nuestro tiempo trabajan diseñando videojuegos.

J.V.: Creo que tienes toda la razón, Edmundo. A Palou, Herrasti, Urroz o a mí nunca nos interesó demasiado (hasta ahora) la llamada «cultura popular». Yo me crié con música clásica y esa sigue siendo mi pasión hasta ahora... En nuestros libros apenas hay jóvenes, no nos interesaba retratar ese mundo de sexo, drogas y rock?n?roll que tanto furor hizo tanto en España como en América Latina. En cambio, todos crecimos con la televisión y el cine, que son fundamentales tanto para McOndo como para el Crack.

J.C.: En el décimo aniversario de la antología, Fuguet escribió en su blog: «Pronto postearé el puto prólogo». ¿Cómo ven aquel proyecto, ahora, sus integrantes?

E.P.S.: De 1996 al 2003, McOndo fue una mala palabra en la literatura latinoamericana, sus escritores eran unos chicos del barrio alto, alienados por la cultura norteamericana. Después se empezó a hablar de McOndo comocomo un arrebato, pero, a la vez, que causó impacto porque fue un arrebato. Cuando pienso en Afterpop, en cambio, siento que tiene un grado de sofisticación teórica que no tenía McOndo. una cosa aceptada y asumida. En cuanto al proyecto, queda la sensación ambivalente de que fue

J.C.: Ambos se articulan en un mundo casi sin Internet. Esa es la gran diferencia respecto a lo que ha pasado con Nocilla Dream y Afterpop: el fenómeno es estrictamente español. Quizá ese es, a mi juicio, uno de sus defectos, hasta el momento. Había plataformas de internacionalización, al menos en el ámbito de la lengua, gracias a los blogs y los e-mails, y en cambio, el debate se ha limitado prácticamente a nuestras fronteras?

E.P.S.: Creo que la diferencia principal es que con McOndo y el Crack hay como diez años de perspectiva. Es más fácil hacer el balance. Nocilla y Afterpop son todavía fenómenos en flujo, en formación, como sacarle una foto a un grupo que se mueve, y creo que eso complica un poco el análisis... Ahora, lo cierto es que el Crack también inicialmente era un fenómeno local, mexicano. Fue la caja de resonancia española la que lo amplificó.

J.V.: Como dice Edmundo, del Crack y McOndo han pasado ya diez años, y su contaminación y difusión exterior fue, en realidad, bastante lenta. Nocilla y Afterpop, en efecto, son fenómenos muy recientes y sólo españoles, al menos por ahora. La distancia entre lo que ocurre en España y cada país de América Latina sigue siendo muy grande, a pesar de Internet y la globalización. Nocilla, para colmo, es un nombre puramente español, que nada significa en América Latina...

E.P.S.: En Bolivia se dice Nutella? Yo encuentro varios puntos de contacto entre McOndo y Nocilla/Afterpop: el interés por la cultura pop y de masas, el intento de narrar el impacto de los medios en la subjetividad, el deseo de ver la literatura en su relación con una ecología de medios muy intensa, etc. Pero me parece que McOndo no es un referente conocido para los narradores españoles, a diferencia de lo que ocurrió con el Crack. ¿O me equivoco? Por otro lado: ¿es Nocilla una versión retrasada de lo que pasó en América Latina hace una década? ¿Cuáles son los cambios fundamentales?

J.C.: Ten en cuenta que hablamos de plataformas de visibilidad. Lo afterpop estaba configurado, al menos parcialmente, desde mediados de los noventa. Es decir, el interés por lo audiovisual, que después ha derivado en un interés conceptual y formal por las nuevas tecnologías, la posición irónica respecto a la cultura pop, la red personal de interlocutores, la experimentación, etc., vienen de lejos en la nómina abierta de autores españoles que ven el lenguaje como un problema y no como una herramienta. Pero no se ha hecho visible hasta ahora.

E.P.S.: Los mundos culturales iberoamericanos funcionan como compartimientos estancos. Para bien y para mal, la literatura latinoamericana depende de las editoriales españolas para su difusión. El peligro, entonces, es tratar de escribir pensando en lo que le podría interesar al mercado español. La tentación es muy fuerte. Y no veo impermeabilidad a esos cantos de sirena.

J.C.: Diego Trelles, en el prólogo a El futuro no es nuestro, dice que la antología de McOndo no tenía una base teórica sólida y que su propuesta estética era un «simulacro inofensivo». Destaca, además, algo que llama la atención: al «grupo» le une la «superación de la novela total». Y concluye que han optado por llamarse «sin onomatopeyas ni prefijos pegajosos». ¿Qué opináis sobre el proyecto?

E.P.S.: McOndo era una respuesta visceral a un estado de cosas, no había una base teórica pero sí varias ideas-fuerza muy importantes. Y había una selección de textos con cierto aire de familia. En literatura, no creo que sea un punto en contra no tener una base teórica. Las onomatopeyas y los prefijos son imposibles en una antología como la de Trelles, que apuesta por ser representativa y al hacer eso debilita cualquier posibilidad de una propuesta estética clara.

Todo comenzó con aquello de una nueva visión indecible.

Eran los ‘80. La década de los Reaganomics. El curso de los eventos a mi alrededor me era menos comprensible cada vez. La invasión de Israel en el Líbano, la guerra entre Irán e Iraq, el movimiento Solidaridad en Polonia, la invasión de los Estados Unidos a Granada, el recién descubierto virus del SIDA. Mientras comenzaba a cuestionarme qué yo quería ser y a dónde quería ir, incidentalmente encontré un poema escrito en una forma muy particular: verso largo y tono bíblico, de fraseo sincopado, como una partitura musical en verbo.

El poema me habló.

“He visto a los más grandes espíritus de mi generación destruidos por la locura, hambrientos, histéricos, desnudos, arrastrándose en la calle al amanecer, buscando una cura violenta.”

Quedé hipnotizado por la crudeza de aquel lenguaje, y a la misma vez por el dolor que transmitía. Era un dolor humano. Un dolor sublime. Era el “Aullido” (“Howl”) de Allen Ginsberg (1926-1997). En medio del rapto que me provocaron aquellas palabras de plumas y navajas, entendí a la poesía como algo más que un mero objeto de apreciación estética. La poesía, en efecto, podía ser tan sublime como peligrosa.

Entonces, encontré respuesta a mis cuestionamientos.

La visión indecible tenía matices de revuelta socio-cultural. Su filosofía albergaba todas las religiones y amparaba a los olvidados de la sociedad, a los marginados de la historia. Es en esta concepción “Whitmanesca” de la sociedad donde entran los puertorriqueños exiliados en Nueva York.

El resto del artículo, junto a escritos de Edmundo Paz Soldán, Santiago Gamboa, León de la Hoz, Amir Valle y Uriel Quesada, por mencionar algunos, lo pueden leer en el siguiente enlace:
http://www.otrolunes.com/html/otra-opinion/otra-opinion-n05-a04-p01-2008.html

La carencia. poemas en voz de Guillermo Rebollo Gil. Mix de BlakevoX.
12.16.08
Pre-release party en audio en Blakevox JukevoX.
La cultura, como constructo, es un depositario de conocimiento acumulativo que se inscribe en la memoria. Experiencias, creencias, valores, actitudes, nociones del tiempo, desempeño del individuo en la sociedad, relaciones espaciales, conceptos de la realidad y del universo, y el mundo físico material se hacen una suma, la cual un grupo de individuos intenta explicarse a través de manifestaciones esencialmente espirituales, psicológicas o petenecientes a nuestro mundo anímico interior.

La cultura es capital ideológico -lo cerebral- que come de la emotividad -lo pasional-. Es la manera que se rompe la galleta. Y la manera en que se hace, también.

Y a pesar de que a veces pareciera lo contrario, la cultura es un hacer colectivo -no siempre representado o autorizado por quienes se dicen informala-.

Pero hoy, Tatiana Pérez Rivera y Leyra González de El Nuevo Día, dando dos veces adelante, componen el siguiente artículo carta a manera de sugerencias para el nuevo gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño, y de las cuales el amigo y poeta de Terranova, Guillermo Rebollo-Gil, y yo fuimos partícipes.

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Estimado Luis Fortuño, gobernador electo de Puerto Rico:

Ahora que la palabra cambio se privilegia en el vocabulario cotidiano, resulta pertinente incluir la gestión cultural entre las múltiples agendas que tendrá que atender tan pronto pise La Fortaleza en enero del 2009. Como todos, los integrantes del sector cultural exigen prioridad.
Es difícil predecir el futuro, pero resulta sencillo escuchar lo que preocupa a quienes día a día convierten el término cultura en algo tangible.

Con alguna o ninguna ayuda gubernamental, un grupo de personas ha gestado proyectos que -impulsados por la fuerza del teatro, la música, la danza, las imágenes y la palabra- alimentan y estimulan a los habitantes de este territorio rodeado de agua.

Claro les queda que quieren continuar con esta misión que les apasiona; de ahí el empeño por expresar cómo el Gobierno puede fortalecer o viabilizar sus quehaceres. Preocupaciones y recomendaciones quedan a su consideración como un mapa de necesidades apremiantes.
Por lo pronto, ellos ofrecen el “espacio de la confianza” para que “ponga la acción donde ponga la palabra”. A continuación, una muestra de los desafíos que encaran.


Teatro
“Pediría que se respeten proyectos que han generado industria y empleo para la clase teatral, aun cuando hayan sido gestados en otras administraciones. Por ejemplo, la gira de la Sociedad General de Teatro, un proyecto sin colores de partido que en los últimos tres años ha ofrecido teatro gratuito en municipios rojos y azules y ha empleado a centenares de artistas. Si vamos a levantar el País, debemos tener un papel fundamental porque la cultura mueve todos los motores, da sentido y dirección”.
Roberto Ramos Perea, dramaturgo

“Debe incentivar el rescate, por parte de grupos artísticos, de nuevos espacios -como edificios gubernamentales, casas abandonadas, zonas debajo de los puentes- para la difusión de las artes. Si a eso le atas un mayor auspicio a las producciones teatrales, tienes pequeños grupos haciendo proyectos teatrales por toda la Isla a precios razonables para el público. Además, que no le dé espacio a la censura sobre las expresiones artísticas porque los artistas somos librepensadores”.
Rafael Rojas, director de la Compañía y Teatro Coribantes

Galerista
“Hay que ayudar a proyectar mejor el trabajo de los artistas puertorriqueños en el mundo para atraer al coleccionista internacional. El arte puertorriqueño necesita del turista extranjero porque el coleccionista local, desde que va a ferias internacionales, compra más afuera. El mercado local ya no da para más y aquí hay talento que exportar”.
Carlos Rivera, propietario de Galería Raíces

Escritores
"Que desde foros como la academia o el Instituto de Cultura Puertorriqueña se avalen propuestas diferentes sobre constructos de la identidad puertorriqueña como son la raza, la sexualidad, el género o la clase. Se puede hacer con proyectos de crítica académica o desde el trabajo de los escritores. No debemos seguir con propuestas que fomentan las mismas visiones tradicionales, homogéneas y folclóricas de los puertorriqueños que hemos tenido en los últimos 50 años".
Guillermo Rebollo Gil, poeta

“Legislar para obligar a los centros de distribución y venta de libros a destinar un espacio apreciable a nuestra literatura y a celebrar durante el año un número específico de actividades que la promuevan tanto en la Isla como en el exterior. Requerir, además, al Departamento de Educación, que actualice su currículo en lo referente a la literatura puertorriqueña, mediante compras periódicas de obras contemporáneas”.
Juan Antonio Ramos, escritor y profesor universitario.

Danza
“Este es un pueblo danzante y se debe usar esa herramienta para cambiar actitudes mediante un programa estructurado. La danza debe ser una alternativa real para espectáculos y talleres del Gobierno y en la representación de Puerto Rico en el exterior. No es que el Gobierno regale dinero a la compañías de baile, sino que separen un presupuesto para su contratación consistente, porque eso expone el ballet y la danza contemporánea a nuevas audiencias y genera empleos para las compañías que trabajan todo el año como Andanza, Balletconcierto, Ballets de San Juan y Balleteatro Nacional”.
Lolita Villanúa, directora de Andanza

“Es necesario educar al estudiante para que comprenda que la danza es un legado cultural y artístico universal. Así tendrá opciones de carreras profesionales dentro de las artes escénico-musicales, y no verá la danza como un pasatiempo. Hay que lograr, además, que la empresa privada apoye las instituciones culturales de danza en Puerto Rico”.
Carlos Cabrera, director artístico de Balletconcierto

“Ayudar a generar proyectos y programas en la educación para que a la juventud se le lleve la danza clásica y tenga la oportunidad de experimentarla. También, que se haga un esfuerzo por subir el endoso que se da a las personas de las artes para que pueden verdaderamente mantener a los artistas porque, si no, los perdemos. Es imposible para un bailarín subsistir en la Isla y por eso se nos va a otras partes”.
Lolita San Miguel, fundadora de Balletconcierto

Museos
“Para continuar con el fortalecimiento de esta institución, debe adjudicarse un presupuesto anual recurrente cónsono con las necesidades y servicios que ofrecemos y un fondo dotal que permita una mayor autosostenibilidad financiera. Sería bueno contar con una exención del pago de servicios de energía eléctrica, porque una parte considerable del presupuesto que hoy día asigna el sector gubernamental ($1.2 millones) es destinado a estos fines. También se debe establecer un marco legal que permita mayores ventajas contributivas a aquellos interesados en contribuir con el desarrollo económico de los museos en el País”.
Lourdes Ramos, CEO y directora ejecutiva del Museo de Arte de Puerto Rico

“Es oportuno contar con una oficina o agencia gubernamental que desarrolle y auspicie intercambios entre museos o proyectos curatoriales que faciliten la exposición de artistas locales en plataformas importantes en el exterior, así como la exposición de artistas internacionales en nuestro suelo. También deben considerarse becas para residencias de artistas plásticos en museos y un fondo permanente para la adquisición y conservación de obras de arte”.
Elsa María Meléndez, artista y curadora del Museo de Arte de Caguas

Editoriales
“Deberían atenderse los incentivos corporativos y eximirnos de los impuestos de venta. Las editoriales pequeñas y medianas producimos el carácter literario del País y tenemos que competir con las publicadoras multinacionales. Eso pone al libro nativo en desventaja frente al libro que se produce en Puerto Rico, pero cuyo capital matriz no es puertorriqueño. Haría falta revitalizar una ley del libro y que el fomento de la lectura no pase como un proyecto político. Los libros son productos de consumo que pueden atraer un turismo cultural. Hay que apoyar la presencia de nuestros textos en ferias internacionales, porque para que salgan del País se necesita mollero y una estructura que apoye”.
Elidio La Torre Lagares, poeta y editor de Terranova Editores

Arte
“En el campo de las artes plásticas falta atención crítica en publicaciones, que haya pensadores que analicen y provoquen interés en lo que uno hace. También apoyo al coleccionismo, que se fomente un mercado interesado y comprometido que apoye lo que uno crea”.
Charles Juhasz-Alvarado, artista

“Quisiera invitar a almorzar una tarde al gobernador Fortuño para poder mostrarle con ejemplos concretos que nuestros artistas no necesitan de un gobierno benefactor, sino de un gobierno catalizador. Puerto Rico espera. Estamos listos”.
Quintín Rivera, artista

Música
“Es vital que revisen la Ley del Envejeciente (Ley 108 del 12 de julio de 1985), porque es abusiva contra los promotores. Es justo que haya un límite en el número de boletos que se les otorga, con descuento o gratis, en cada función, y que se le acredite al productor cuando da ese boleto porque lo paga él. También, se deben agilizar los procesos burocráticos relacionados al desembolso de fondos. Si la Legislatura te adjudica unos fondos, que no haya que esperar casi un año porque una agencia de gobierno te los otorgue”.
Carlos Carbonell, director artístico de Ópera de Puerto Rico

“Que le haga justicia a la negritud y a la cultura negra que ha sido maltratada. Y a los músicos y artistas de este País, que como la gente de la bomba y la plena están sin empleo, se le deben atender sus necesidades”.
Jesús Cepeda, presidente de la Fundación Rafael Cepeda

Acaba de posarse en mis manos la edición de Vírgenes, de Eddie Ferraioli, obra que bajo ese nombre auna 20 mosaicos de diveras dimensiones, y en los cuales se recrea toda una mitología en torno a la flora de Puerto Rico (hecha mujer aquí). Excelente manera de cerrar el año, sin duda.

Eddie, fundador de la Primera Iglesia al Aire Libre y Pagana de los Poetas Perdidos, vuelve a la mitología para tratar de entender y superar la condición a la que se someten miles de mujeres víctimas de violencia doméstica. La Vírgen es la intocada, la primera mujer, antes de ser sometida al fascismo de la religión del hombre.

Acompañan a las obras de Eddie los poemas míos compuestos para el "Réquiem Domesticus", composición de Carlos Alberto Vázquez.

El Réquiem va dedicado a la misma causa que Vírgenes, e inaugurará el órgano del Teatro de la Universidad de Puerto Rico durante el comienzo del Festival Casals 2009 el próximo 21 de marzo. Mis poemas serán cantados por la soprano Margarita Elia, la mezzo-soprano Edna Brochnik, el tenor Karym Sulaiman, el bajo Denis Sedov, el Coro de la UPR junto a Coralia bajo la dirección de Carmen Acevedo, el Coro de Niños de San Juan y el organero Scott Hanoian, bajo la dirección del maestro Michal Nestorowicz, acompañados por la Orquesta Sinfónica de Puerto

Rico.

El libro se presenta el jueves 20 de noviembre de 2008 en el Cuartel de Ballajá, en el Viejo San Juan. Del Réquiem, un adelanto:


Las voces caen como lluvia de dientes

Y en mis venas deshuesan multitudes

En mi sangre han decantado serpientes

Que se coronan por los ataúdes


Me guarda la piedra en su mutismo

Por el otoño de las caracolas

En mis penas se fermenta el abismo
de una tumba que comparto a solas


Y el horror se acoge en remanso ciego:

por la cuesta del aliento tronchado,

las espinas han cantado su fuego


En mi boca late un verbo negado,

y entre el recejo del mar aniego

queda un silencio de musgo entorchado.


Michelle Rodríguez pertenece a una generación de escritores sobresalientes, esencialmente nacidos después de los 1980, lo que los convierte en Gen Y'ers mediatizados e intervenidos por el ámbito de lo global. No es casualidad que apenas en sus 20 no hay quien les meta los 20 y, por tanto, produzcan un trabajo de apreciable calibre literario.

Actriz (¿actora? ¿actor?), pero sobre todo, poeta, Mich pone en escena La batalla por la Escarcha, escrita por ella y dirigida por Moncho Conde y Luis Olivo.

Pero esto no se trata de simplemente una obra. En un esfuerzo por evitar que el Teatro Diplo cese sus funciones, los productores donarán el dinero que recaude en la taquilla para ayudar al esfuerzo de salvar el teatro -la localidad física, y quien sabe si hasta el género mismo-.

La batalla de la escarcha va el 20,21 y 22 de noviembre a las 7:00 P.M.

Aquí, un par de poemas de Michelle:

El gatillo del cuervo

Eres un

pájaro

crucificado

entre la bruma desencantada

de un reloj

que grano a grano

aborta

las promesas

de su

existencia.


Vaticinio del encuentro

Intrucciones:

Llene los espacios vacantes con el secreto que desee.

No hay respuestas correctas ni incorrectas,

sino diferentes símbolos por descubrir.

Hacen una incisión y se arrastran.

Y son __________ y penetran en la grieta...

a. flechas saladas

b. insectos afilados

c. bestias domesticadas

d. todas las anteriores

...para el sacrilegio

Quizás el rito tendrá lugar en el ´´Bone chest’s jewel´´

donde por siempre han vigilado

los secretos en carne viva.

¿O la ceremonia será en el tálamo?

Donde la película sobre el ____­_____ ...

a. clavar polvoriento

b. monólogo sarcástico

c. concierto desquiciado

d. ninguna de las anteriores

...provocará un estallido de lava multicolor.

Si los romances caballerescos proveyeron a Edmund Spenser (The Faerie Queene) con un medio por el cual podía explorar la tiranía y la violencia de las estructuras sociales, Richard Marx Weinraub, en Maravilla Rebanada inventa su propia herramienta –la “sonovella”, o novela en sonetos- con la misma intención gráfica y poética de adentrarse en la turbulencia de lasprotestas estudiantiles, la represión política y la violación del personaje principal –Jimmy Toledo-, cuya ambivalencia sexual se convierte en metonimia de 510 años de colonialismo en Puerto Rico. Más aún, la subyacente alegoría de los asesinatos de Quito Coto y Héctor del Rosario (quienes caracterizan a Carlos Soto Arriví y a Arnaldo Darío Rosado), muertos en el Cerro Maravilla, nos revela que la forma poética, en el mejorde los casos, puede ser tan escapista como horrísona en su intento de mediar con la realidad.

Parte épica política, parte épica gay- Maravilla rebanada (una sonovella, o novela escrita en sonetos) portentaba la dificultad de traducir el pentámetro yámbico a endecasílabo. Por supuesto, los pareceres sintácticos entre los dos idiomas son tratados de manera distinta, y debido al frecuente encabalgamiento de los versos en el original, la rima consonante fue sustituida por otros artificios fonológicos como la aliteración, la asonancia y la rima interna, entre otros, que proveen un sentido probablemente más rítmico que el mismo texto original.

Mañana, en el seminario Lewis Richardson, del Departamento de Inglés de la Facultad de Humanidades, a las 4:30 PM, compartiremos una lectura bilingue. Luego habrá un micrófono abierto para los que quieran asisitir y leer sus poemas.

A continuación, los primeros dos sonetos del capítulo XI, uno de mis favoritos:


Las vistas desde el Salón de la Muerte,
—boricuas libres en capilla ardiente
bajo la corona del albo mascarón—
la heredada y gorda Constitución—
en cámaras, la matanza de San Cristóbal—
la rotonda del Capitolio, y de pronto
un modelo preparado a escala
para la romántica Maravilla:
Quijote gringo, cuyos molinetes
parece torres teletransmisoras—
el hemiciclo convertido en danzón
de fotos que barritan los vientos del poder:
Rosario— jirón soplado y sesgado—
el rostro de Quito— es pan rebanado.


El rostro de Quito es pan rebanado
esta sensación se hunde en mis entrañas.
Recuerdo la montaña— como corrí—
y temí— muy atenuado— incapaz
de ser hombre cuando más debí serlo.
Como William Butler Yeats, cuya carne
flácida fantaseaba que era teta
dorada antes de obtener las joyas de
la corona— el Obispo en mi espejo
me adula y asalto pezones al alba;
sin garras andrajosas, soy camarón
y ahora ni mis hijos son mi engendro.
Quiero saber: ¿Fue Tom, Dick, Ned? ¿Quién osa?
¿Murió Quito en nuestra cama de rosa?
Pues lo hermoso no es más que el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar, y lo admiramos tan solo en la medida en que indiferente, rehusa destruirnos, dice Rainer María Rike.

No menos de lo señalado por la poeta Carmen Ana Pont en su carta-prefacio a la Metamorfosis de Rafael Trelles (Terranova, 2009):

Tus cuadros representan una tregua visual y espiritual, una suerte de esperanza para quienes nos sentimos cautivos entre los muros de ruido de este mundo. Pero no me tomes a mal, no quiero ni siquiera sugerir que tu obra sea utópica, que esté desconectada de la realidad política y social o que represente simplemente un escape de ellas. Sabemos que no es el caso... La fealdad, la crueldad y la violencia fluyen por tu paleta, pero también la nostalgia del sabernos expulsados de un paraíso nunca visto pero siempre presentido. Insisto, siempre tengo la impresión de que gran parte de la vitalidad de tu obra reside en su afincarse a la vez en las realidades de tu mundo interior privado e incomunicable y en las del mundo exterior que con responsabilidad todos compartimos contigo.

Rafy Trelles es un poeta.
Para que el acto de ver preceda a las palabras, vemos muy poco.

Trazos de John Burguer: el ver establece nuestro lugar en el mundo. Es el sentido que se prima en la cultura occidental. When I see the future, I close my eyes (Laurie Anderson). Pero ver no es mirar; el primero es el acto de aprehensión de la imagen; el segundo es una función biológica del aparato ocular. I am the eye in the sky, looking at you (Allan Parsons Project). La imagen se adentra en el ojo, pero lo que vemos queda determinado por lo que conocemos o por aquellas creencias que nos sostienen.

En un sistema de producción y consumo como en el que nos desarrollamos, no podríamos ni tan siquiera imaginar todas las cosas que miramos sin ver nada en ellas, o simplemente cosas que jamás podremos ver, dada nuestras limitaciones.

Las imágenes tienen un sentido removido de su tiempo y espacio original. En varios anuncios comerciales de televisión, el llamado Tren Urbano parece infinito. Si entendemos lo que vemos, lo asimilamos; nos provoca una nueva dimensión de conocimiento. How does it happen that Thursday seems like Friday? (The Body Artist, de Don De Lillo). Como el cielo, que aunque lo vemos azul, es incoloro. De hecho, no hay un tal cielo concreto. Images of broken light which/dance before me like a million eyes:/ they call me on and on across the universe (The Beatles).

El objeto seduce. Mirar es poseer, mas si no vemos, quedamos desposeídos. Demasiado pedir para una cultura basada en la imagen, que siempre es una evocación de lo pasado, como la memoria, o como la poesía que intenta aferrarla.

A veces no vemos, cierto. We all suffer alone in the real world; true empathy's impossible (David Foster Wallace).

Demasiado pedir para un mundo obsesionado con la propiedad privada.

Sin duda: no somos lo que tenemos; todo lo que somos es resultado de lo que hemos pensado.

Sounds of laughter, shades of life...
Yo vi a Madonna arrastrarse por el escenario, en lingeré y de pronto andar en bustiere y mahones era la cosa más natural del mundo, mientras en Puerto Rico se dilucidaban los crímenes en Cerro Maravilla.

Yo vi a Boy George infundirle úlceras a Ronald Reagan.

Yo vi el virus del SIDA comerse amigos, amigas y otros no tan conocidos.

Yo vi la campaña de la abstinencia fracasar.

Yo vi la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética y el comunismo.

Yo vi el siglo XXI comenzar.

Yo vi el hip-hop pasar de la marginalidad a la manifestación cultural de impacto que es hoy.

Yo vi el mundo cambiar en la manera que se comunicaba –desde el teléfono de discado hasta la llegada de la Internet.

Yo he visto la afluencia y la abundancia desembocar en corrupción y carencia.

Yo he visto muchas cosas.

Ayer, vi a Barack Obama levantarse como el primer presidente mulato en la historia de los Estados Unidos.

He visto el siglo XXI comenzar.

What a ride.
Nos dijeron que era una lucha cerrada. Que el juego andaba empate. Nos dijeron que esto era para largo. Se nos presentaron con uniformes de equipo olímpico. Nos dijeron que los cargos del gobernador eran persecución política. Que él iba pa’ lante. Y Miguel Hernández Agosto y Melo Muñoz empeñaron su palabra por él.

Todo era una hiperrealidad. Nos vendieron cucas. Que si venía la virazón. Nos pasaron los 20. La prensa se equivocó.

Todavía, a las 7:06 PM, no es oficial, pero Aníbal Acevedo Vilá se llevó al Partido Popular Democrático a la tumba.

Algunos politólogos –Ronnie Jarabo, Roca Pabón, entre otros–, se daban al discurso apologético en defensa de lo indefendible, diría yo.

Hoy el Partido Popular queda enlutado, destruido. Puerto Rico entra al siglo XXI. Se muere la colonia.

Las narrativas, esos discursos ficticios repetidos ad nauseam como un loop hasta que comienzan a creerse, y que se difunden públicamente a través de los medios, no siempre funcionan.

The future's so bright, I gotta wear shades. Llegamos al siglo XXI.
Siete años atrás (¿siete?), mientras me preparaba para lanzar mi novela Historia de un dios pequeño (Plaza Mayor, 2001), Mercedes López-Baralt, la presentadora del libro, me llamó a una esquina de la librería Borders de Plaza Las Américas, y me dijo: “Querido, Elidio, indistintamente de lo que diga yo hoy aquí, te advierto: esta novela no es para este momento. Dale tiempo”.

¿Qué me quería decir? Pues no lo tomé muy bien, aunque tampoco le di cabeza –he aprendido a viajar ligero de equipaje–. Y seguí con el show.

La novela, para entonces, logró colocarse como la número uno en la desaparecida cadena de librerías Book Shop.

Pero desde hace más o menos un año que he comenzado a entender las palabras de Merce.

He compartido los pareceres e impresiones de diversos lectores que han entrado en la novela, desde clubes de lectura hasta estudiantes universitarios y profesores. El aspecto de la marginalidad, que contextualiza toda la novela, ha sido punto de convergencia en la mayoría de los casos.

Claro, no todo al que le asignan la novela se dan a la tarea de leerla: a mi me escribió un estudiante solicitando "un análisis de la novela y del personaje principal" y que si se lo podía hacer llegar por correo electrónico.

Got balls?

Pero el sábado tuve la oportunidad de atender dos grupos de estudiantes de la UPR Ponce que andan leyendo mi novela en uno de sus cursos de literatura y me aseguran que les gusta. De todo lo que me han dicho, lo más que me llama la atención fue la confesión de que el texto “nos habla a nosotros; es una literatura que a la vez es calle”.

Para mi fue un verdadero gusto sentarme a comentar con los dos grupos de lectores. Ha sido fenomenal la experiencia; muy satisfactoria, máxime cuando hoy la leo y me veo tan lejos de ella.

Hay gente que nace para volar sola y otros para masticar el mundo como las anémonas: todos y siempre en grupo.

Cuando Beto Cuevas estaba con La Ley, la banda nunca me pareció agresiva. Más bien, me lucía indulgente. Muy lightweight, y embotada, como cuchillo sin amolar. Más pop que rock.

Por eso, yo, que extrañaba un buen disco de rock que se pudiera disfrutar tanto musical como conceptualmente (lo siento, Cerati, me defraudaste con tu última entrega), encuentro el álbum de Beto Cuevas, Miedo escénico, una verdadera joya del rock-pop. La verdad es que la voz de Beto me sentaba aburrida y solamente me gustaba aquella canción que cantó con Ely Guerra, y en la que la mexicana le repartía a gusto y gana al chileno.

Pero Miedo escénico es un viaje. Literalmente. Desde garage rock hasta el ambient/dance, folk, el power ballad y el industrial-techno… jey… que puedo decir… Aquí el arsenal se guarda y deriva en los '90 mirando hacia delante, no como Circo (sorry, again), que succiona de cuanto pop de los '80 hubo, y en continuo movimiento retrogrado.

El disco de Beto se deja escuchar y se deja roquear.

Soy feliz.

El reggaeton hastía (no aporta un pepino) y nunca me gustaron las baladas tipo Objetivo Fama.

“Tuve tanto y ahora no me queda nada”, canta Beto en “No me queda nada”, con una voz que juega por diversos registros.

Yo solía cantar lo mismo.
SOLO

a mitad de camino, más o menos

amaso la idea de otros pasos,
ahora que la noción de juventud madura,
ahora que la vitalidad se significa en otros términos
entiendo el rompecabezas

la voz se detiene
y la verdad es que
ya nunca me tendré completo

los poemas son una suerte de luto

mi piel arde en el sol de verano
y el aire es la tumba cristalina que recibe la noche
encogida al toque de mis dedos

mi cuerpo queda atrás
como una concha al filo de una playa blanca

bella muerte:
me evaporo como la tinta inerte y en desuso
la voz en marcha, me torno a mitad de camino

entro en movimiento

piedra errante:
voy solo

©2008 Elidio La Torre Lagares
Poema perteneciente a Vicios de construcción (Terranova, 2008), y publicado en la edición anual impresa de la Revista Baquiana (Anuario IX 2007-2008). Agradezco a María Juliana Villafañe por enterarme.
Llueve torrencialmente. Es octubre, y regreso a encontrarme con la memoria. Espesura de furias. La mirada pesada. Un día como hoy, podríamos planificar un asesinato, o comenzar una religión (Morrison), y nadie se enteraría.

La noche enmudece. Supongo que es el lenguaje del tiempo.

Camino bajo la lluvia. En la oscuridad, nadie me ve. Las casas están cerradas. Un sentido de devastación y silencio queda atrapado bajo los alfileres de agua. Uno que otro vecino sale al balcón. Ninguno me reconoce y, ciertamente, no conozco a nadie.

Una danza de árboles enfermos se aviva en el viento. Aparte de esto, nada parece moverse o respirar. Un árbol de tulipán africano despide sus una ácida estela que me devuelve a mi infancia, cuando en la urbanización solíamos recoger los capullos, cortarle las puntas y exprimir de su interior aquel olor maloliente al que regreso de pronto. Entonces todo hace algo de sentido difuso.

Debe ser la edad. La distancia. Desconozco todo.

De una sola cosa quedo seguro: aquí nunca pude haber amado.
Doris Lessing dice que la humanidad debe estar más unida, como plantea en The Cleft (2007). Curioso. Ya lo había dicho Robert Bly. Recientemente, Lessing también lamentaba que las inanidades de la Internet hayan seducido el uso de la razón en aquellos que blogueamos. Tanta humanidad nos afecta. Ayer, un hombre fue arrestado por intentar robarse un par de zapatos deportivos, una manta y un six-pack de cerveza. En Somalia dilapidaron una mujer por adúltera. Otra mujer apareció en pedazos en una paila de pintura. Estados Unidos se mueve a razón de 10,000 despidos de trabajo semanales. Las tropas rusas entrenan en Venezuela. El partido de Democracia Cristiana de Chile desciende de un 20% al 13%. Descubren un complot neo-nazi para asesinar a Obama (“le veo un tiro en la frente”, me dijo una vez mi amigo Héctor Morales). En Panamá se dice que el riesgo de recesión en varias de las principales economías del planeta surge como consecuencia de la crisis financiera en Estados Unidos. So much for seguridad económica. No hay comida en Puerto Rico: los abastos al corriente suplen para sobrevivir un mes (“La paloma”, le llamaba Gaby, mi abuela). El prestigioso periódico La Repubblica de Italia tiene un regalo especial para sus subscriptores: el Calendario Playboy 2009. «Les Italiens sont des Français, qui seraient de bonne humeur» dijo Jean Cocteau. Uno de mis estudiantes, durante una presentación de análisis poético, comentó frente al grupo: «¿Qué les puedo decir? El poema habla por sí solo?». Brilliant. Terminé la traducción de Wonder Bread Hill, de Richard Marx Weinraub, que se titulará Maravilla rebanada: un reto, pues fuimos del pentámetro yámbico al endecasílabo («Who knows what evil lurks in the hearts of men? The Shadow knows!»: Shakespeare). Al capitalismo mundial le tiemblan las piernas: más como Naomi Klein y menos como Vargas Llosa. Quemaron el gasoducto. El alacrán se vuelve mariposa: el gobernador de Puerto Rico –acusado criminalmente por el gobierno federal de los Estados Unidos, quienes intentaron incluso taparle la boca ayer- ocupa 15 minutos en las ondas radiales y televisivas para decir que no tiene casa y se canta middle-lower class. Igual le ha sucedido a miles de puertorriqueños. Dios, si existe, es ciego. Y sordo. En un espíritu ardiente encontramos la presa disfrazada… sátiro de nuestra soledad… no perdona vivir más acá de sus verdades y sus arrebatos (Cioran). PosMo, TransMo, PanaMo, HyperMo, BiMo, UberMo, LePro, NoGo, MyBro. Sólo el poeta toma la responsabilidad del yo (Cioran, encore), disperso o no. Doris Lessing dice que la humanidad debe estar más unida. Al final, dijo Fiodor, todos provenimos de alguna cita en “El capote” de Gógol.

Estoy de vuelta.

Foto "Construcción de un personaje", de Marqa Arquitectos [http://marqa.cl/blog/miscelaneo/2007/05/construyendo-atmosferas-02/]
Por fin llega a mis manos la copia de Contrapunto, revista trimestral (edición de julio a septiembre 2008) editada en Madrid, que se presenta en óptima calidad tanto material como de contenido, y dirigida por Pedro Páramo (no kidding, ese es el nombre). En ella, como había comentado antes, un ensayo de Amir Valle intenta revisitar la novela negra en hispanoamérica y la plantea como la nueva novela política del siglo XXI.

Sin duda, hay dos tipos de novelas negra: en la que la justicia impera y en la que los malos imperan, o simplemente todo se quede igual o peor que al principio, pero que, en todo caso, los buenos no ganan.

En esta entrevista, "siete especialistas de reconocimiento internacional no dudan en hablar de la nueva novela negra iberoamericana" y discuten el estado del género al momento. Los curioso es que coincdimos en muchos puntos: Leonardo Padura , Rolando Hinojosa Smith, Antonio Lozano González, Ernesto Mallo, Jorge Franco, Juan Hernandez Luna y el hijo de Rosa María Lagares, desde puntos geográficos distintos, parecemos hablar, como pocas veces sucede, un mismo idioma.

Lo curioso es ver cómo Jorge Franco y Hernández Luna apuntamos a los mismos referentes que Mallo recoge y unifica.

Anyway, en lo que a mí concierne, las preguntas, más o menos -como las respuestas-, giran en torno a lo siguiente:

1.- ¿Qué entiendes como novela negra?
La novela negra suele tener una plurivalencia de lecturas, aunque esto no sea tan evidente. Por eso me gusta decir que la novela negra tiene varias capas de pieles. Más que un mero relato sobre un acontecimiento policíaco, o el desarrollo de una trama en torno a la resolución de un crimen y su inherente misterio, es una forma de novela política y hasta filosófica. Ciertamente, si la novela negra requiere de un ámbito social específico o de ciertas características, también clama por la resolución de una búsqueda, o la revelación de una verdad en la que es importante entrar el la psiquis de los personajes, sus emociones intrínsecas, defectos, virtudes, fortalezas y debilidades. Es la forma más fiel de representar a perfección una realidad que no es perfecta.

2.- ¿Qué sientes cuándo escuchas decir que la novela negra es un “género menor”?
La categorización de la novela negra como género menor obedece a todo un proyecto que en su momento pretendía aglutinar ciertos valores sociales, artísticos, y por ende, literarios, bajo el parámetro de la alta cultura, totalizadora y homogénea. Después de todo, su factura es moderna. Por supuesto, con el tiempo se convirtió en “branding” de las grandes empresas librescas, un asunto de mercado, como decir un Western Spaghetti, o una Novela Rosa, o de Fantasía, o de Ciencia Ficción. Es como transponer al plano literario las especializaciones que invaden el mundo laboral capitalista y las ciencias para inicios del siglo XX. Es todo parte del mismo programa. Pero ya Conan Doyle, Borges, Cortázar, Chandler, entre otros, han demostrado que en un género que todavía no ha terminado por definirse (como decía Bajtin sobre la novela), es poco consecuente hablar de subgéneros.

3.- Se reconoce que la novela negra es un divertimento y una satisfacción a la necesidad de intriga que tiene el ser humano. Pero se ha dicho que la novela negra latinoamericana tiene otros ingredientes. ¿Cuáles, en tu opinión, serían esos ingredientes?
La novela negra, como toda la literatura y el arte, muy bien entra en ese intento fútil que tiene el ser humano en completarse a sí mismo. Hablo de futilidad en la medida que nunca sabremos que habrá frente a nuestros ojos mañana. La literatura es, en cierto sentido, una reposición de esa carencia. Dentro de esto, más allá de ser un mero relato entretenimiento (que conste: la literatura sí es para entretener también), la novela negra latinoamericana tiene entre sus componentes el efecto de lo social político, menos patente y/o conciente que en la novela histórica, pero no por ello menos importante. Al contrario, la novela negra latinoamericana pudiese leerse –hasta cierto punto- como una sátira revertida de las consecuencias económicas y políticas en Nuestra América. En ese sentido, la novela negra puede ser más efectiva y mordaz que la propia novela política, porque convoca lo lúdico, lo maravilloso real (que no se confunda con lo real maravilloso, ¿eh?), donde la realidad abruma la ficción misma, que es a fin de cuentas la revelación, epifanía o visión indecible que nos avisa que esto ya no es Kansas, Toto.

4.- ¿Qué mirada quieres que dejen tus propias obras en el escenario actual del género?
Con la deferencia que merecen los grandes del género en lengua castellana, como Vázquez Montalban, Juan Madrid, Eduardo Mendoza, Leonardo Padura o Amir Valle, y a pesar que Bolaños la llevó a otra fase, la novela negra por excelencia sigue proviniendo del mundo anglosajón, con mayor fuerza desde los Estados Unidos, donde hay una gran industria cinematográfica que de algún modo se sustenta a la vez que fortalece al género. Para mí, la relación entre cine y literatura corresponde tal vez a la que una vez hubo entre poesía y teatro, y por tanto, mi escritura está infunda de ciertas cualidades cinematográficas. Esto, si se usa bien, agiliza y le da dimensión al género. Pero mi intención con la novela negra es elevarla, nutrirla, dimensionarla. Mi fascinación con las teorías de conspiración –de las cuales, no todos los países latinoamericanos participan tan directamente como participamos los puertorriqueños– fija un territorio poco visitado en la literatura latinoamericana y entrega la novela negra a otro juego, a la hibridad, a la constante reformulación del género. En Puerto Rico, detrás de toda esa violencia de la que hablé, hay una historia que nos han construido, que nos han dado, que hemos heredado, y que repetimos en el tiempo, y en la que me inserto y de la que me alimento. El tipo de novela negra que escribo me permite visitar toda esa geografía de la historia, que es, al fin y al cabo, otra ficción.

5.- ¿Cómo ves el estado de la actual novela negra en tu país?
Pues, todo lo que he expuesto anteriormente se sostiene para la condición de la novela negra en Puerto Rico, con algunos agravantes: si la novela negra es mirada como un género menor, en Puerto Rico es casi inexiste, por considerarse anti-literaria y como quien dice, poco adherida a la hispanofilia. Existe Wilfredo Matos Cintrón, que escribe el tipo de novela “hard-boiled”. Edgardo Rodríguez Juliá ha llevado el género a un estado de aceptación dentro de lo que se consideraría lo “politically correct”, porque es Rodríguez Juliá, y su presencia en nuestra literatura se lo permite. Por supuesto, Luis López Nieves con El corazón de Voltaire ha sentado pautas en las técnicas de narración con una novela donde nunca vemos los personajes, solo sus escritos de correo electrónico. Entre las generaciones más jóvenes, me gustan Rafael Franco Steeves y Juancarlos Quiñones entre las mejores plumas. Le dan aire y vitalidad al género. Pero, debo indicar que existe cierta renuencia de las promociones recientes para tratar el tema político directamente. No obstante, opino que si bien la novela negra proporciona ese medio propicio para crear una literatura que se aparte del canon impuesto en Puerto Rico por los últimos 50 o 60 años, también creo que a este género no se le puede excluir de la visión política. Puerto Rico es un país donde se vive una intensa violencia diariamente. En la ciudad de San Juan, el enclaustramiento colonial, o post-colonial, –sin considerar que es una ciudad “amurallada”– nos ha llevado a ese vórtice donde se nos reducen los espacios físicos y por ende los psicológicos. Todos estos asuntos epistemológicos que se originan en el desarrollo y el deterioro de una “polis”. Claro, creo que en los próximos años veremos emerger la novela negra en Puerto Rico. El momento histórico lo amerita.

And th-th-th-th-that's all, folks...
Entonces llegó, con su manuscrito bajo el brazo -historia curiosamente dos veces ya repetida (el primero fue James R. Cantre) y me dijo que tenía todos los libros de Terranova hasta entonces. Que había leído a Noel Luna, a Javier Ávila y a Néstor Rodríguez (así consta en los epígrafes de algunos poemas). Que tenía ese libro de poemas que quería que yo mirara.

Y nos citamos varias veces en la universidad. Y hablamos de poesía. Y de Sabina. Y yo le dije haz esto y lo otro. Y Ebrahim hizo esto, lo otro y aquello. Doce meses tranquilamente. Los libros no deben tener prisa, yo siempre digo. Y al final, Hervor de la piel.

Que no fue el final, porque a último momento, el libro ya en prensas, Ebrahim quizo disponer de una dedicatoria que ya no era, de ningún modo, meritoria. A correr se dijo, y entonces sí que logramos el libro.

Hervor de la piel, de Ebrahim Narváez, es probablemente el primer poemario que nace de la poesía de más reciente registro.

Así lo confirma Alberto Martínez Márquez, quien me llamó una noche -estaba en un party, las voces de fondo me lo confirmaban- para ofrecerse a presentar el libro. Esto es un evento cósmico, de esos que suceden cuando los planetas se alinean, o hay eclipses lunares -me refiero al de alguien ofrecerse a presentar la obra de otra persona, sea Alberto o cualquier otro-.

Y fue bonito: en la librería Isla, Alberto lo resumió todo:

"El paso de lo orgánico a lo trascendental muestra en Hervor en la piel una poética consciente de sí misma, que alcanza una plenitud definitiva en el incesante devenir de su palabra. Con este poemario, Ebrahim Narváez se consagra como una de las voces emergentes que ya han comenzado a redefinir el curso de de la poesía puertorriqueña actual".

Ya Felix Córdova Iturregui lo había resumido en una oración: "Aquí hay un poeta".

Suficiente. Un poeta. Eso. Un amigo. Mejor ser humano.

Y cómo gusta ese librito...

Luego les cuento de James y Abdiel.



Al parecer, el eterno reto del escritor latinoamericano es trascender las pequeñas células en las cuales se forma su escritura.

No quede duda: en todos los países de habla hispana -incluyendo a Espana-, el trabajo “sucio” le toca a las editoriales locales, llamadas a veces independientes, otras veces pequeñas o medianas, que a través de diversos medios y asociaciones -en complicidad muchas veces con el propio autor-, dan a conocer a una figura literaria. Una vez el escritor se estabiliza en la “escena”, entonces puede que atrape la atención que merece.

De parecer muy particular y en concordancia con este punto, me he disfrutado un artículo de Ronaldo Menéndez (miembro del Bogotá 39, mi editor y colega en la antología Pequeñas resistencias, publicada en Madrid por Páginas de Espuma) que se publicó en Babelia hace tres semanas y que se titula "El escritor local y el mercado internacional". En el mismo, Ronaldo, que suma kilometraje literario a pesar de su edad (38 años), desglosa los mitos y falacias del mundo editorial internacional, que se resumen básicamente de la siguiente manera:

a. el mito del príncipe azul-concurso internacional
Esto es, el escritor gana un premio internacional y es como ganarse la lotería. Me consta, como a Ronaldo, que los ganadores de dichos premios generalmente no son elegidos en base a una depuración o profilaxis de textos sometidos hasta reducir la oferta al mejor, sino una asociación entre editores, agentes, marketing y los que reparten el bacalao. Un premio como el Planeta, digamos, que se cotiza en 600,000 Euros, no se lo dan a Juan de los Pardotes. Get real.

b. el mito de la búsqueda del templo perdido
Esto es muy común en Puerto Rico: la idea de la probabilidad matemática. O sea, que si se envían manuscritos a diez editoriales, al menos una cae. Lo malo es cuando no cae ninguna, lo que entonces conduce al mito d (ver más adelante). Y es que si la editorial es grande y poderosa, solamente tratará con uno por medio de un agente literario. Y si es pequeña, usted muchas veces tendrá que comprender que dichas editoriales trabajan con presupuestos limitados, asunto que confiere la posibilidad de que la editorial le proponga otros acuerdos para viabilizar la publicación. Claro, nadie obliga a nadie, por tanto, siempre queda la opción de hacer una edición de autor, como yo mismo hice en 1995, mondar la suela de los zapatos entregando libros y, sobre todo, lograr que el librero se los pague.

c. el mito del editor-hada madrina
Para Ronaldo, el mito constituye en la creencia que un editor descubrirá nuestro trabajo y se sorprenderá con el mismo y correrá tras nosotros y nos hará famosos. Esto me parece pertinente en cuanto al mercado de Puerto Rico se refiere, donde en los últimos 5 años, las editoriales han emergido en brote, pero tan sólo un puñado de escritores han logrado aceptación crítica y/o comercial. Sí, comercial también; libro vendido es lector ganado. Lo que nos lleva al siguiente punto.

d. el mito-enajenación de que el mercado corrompe la literatura
Aquí tengo que citar a Ronaldo: “Suponer que una gran obra es por naturaleza sólo para minorías y reacia al mercado es como pensar que porque existe un sujeto que además de ser inteligente es tartamudo”. Él lo llama el efecto Kafka, que se ha convertido como en algún tipo de autoconsuelo para aquellos que no reciben la atención que ellos creen se merecen. Lo cierto es que los escritores escriben para que los lean; que los lean implica que vendan los libros; y que vendan los libros nos dirige a aceptar que, en efecto, los libros son artefactos culturales de producción y consumo. Así que ninguna editorial puede existir sin fines de lucro, a menos que usted sea Coffee House Press, o algo en esa línea. Todo lo demás es desconocimiento, o pura bologna.

Estos mitos, dice Ronaldo, todo lo que logran es crear una periferia dentro de la periferia: el centro sigue siendo España. En Puerto Rico, sólo puedo mencionar cinco escritores que han llamado la atención en ese mercado en los últimos tres años: Luis López Nieves, Mayra Santos-Febres, Marta Aponte Alsina, Eduardo Lalo, Myrna Estrella, Pedro Cabiya y en menor grado, un servidor.

Mi propuesta es: ¿Por qué no ser nosotros mismos nuestro propio centro?

Creo que la subversión está en la unión de algo que ya sufre de demasiado fragmentalismo.

¿Cómo lograrlo?

Aaahhhh… and that, my friendo, is the question.

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