La vida es una creciente entropía.

Constante y lineal, es irrevesible y caótica.

Mejor parafraseado por Winston Groom en boca del personaje de su novela, Forrest Gump: "Life is like a box of chocolates; you never know what you're gonna get".

La segunda ley de la termodinámica (o la conversión del calor en otras formas de energía): siempre hay una tendencia del orden hacia el desorden; hacia el decaimiento.

En un universo en constante moción, nunca tenemos el cuadro completo de las cosas. Siempre hay una ausencia, una carencia, una falta. Por eso nunca estamos completos. Por eso nunca entendemos.

El padre de AnaIve falleció repentinamente. Y no lo entiendo.

[Eso no es lo que se suponía que fuera.]

Mi madre operada de cáncer, sobrevive; y el padre de AnaIve, saludable y trabajador, muere.

Ciertamente, el tiempo es irreversible y los actos también.

Al final, quedamos vulnerables ante la impredictibilidad inherente de los misterios.
Nada como las lecturas que retan.

Desde diciembre estoy en dieta rigurosa de lecturas que comenzó con dos libros de poesía: una colección de poemas del escritor sueco Tomas Tranströmer, titulada The Great Enigma, y otra de Soledad Fariña, Dónde comienza el aire, regalo de mi director de tesis doctoral, Juan Gelpí. Tranströmer parte de imágenes que de algún modo conectan su mundo anímico con el mundo exterior, en una especie de metafísica de la experiencia. Fariña tiene un diálogo con la poesía latinoamericana vanguardista.
De las novelas ingeridas, la más notable es Only Revolutions de Mark Z. Danielewski, por muchas razones: tiene múltiples lecturas. La trama tiene dos puntos de vista, el de Sam y el de Hailey. Así que dependiendo de cuál tapa del libro uno asuma como la portada, la primera mitad del libro es un punto de vista y la segunda mitad el otro. A todo esto, la narrativa está enmarcada -literalmente- por una secuencia de eventos históricos enunciados al margen de la página. Así, Sam y Hailey inician sus respectivas narrativas, contando la misma novela desde sus respectivos topos, mientras recorren los Estados Unidos en motora.

Complicada, sí. La llaman el Ulyses del siglo XXI, un logro literario difícil de superar. Esto es Jack Kerouac meets Cormac McCarthy meets JayCee, en la medida que el diálogo es pura jerga hip hop, cadenciosa y musical.

Toma tiempo adiestrarse a la lectura, ya que cada página tiene cuatro planos narrativos simultáneos -la crónica histórica, la narración de Sam o Hailey y al pie de la página, en letras revertidas que obligan a uno a invertir el libro, la contraparte de Hailey o Sam, según sea el caso. Y luego está, claro, la totalidad de la novela.

Denielewski se pasó. Ya antes había logrado algo similar con House of Leaves, una novela posmoderna de suspenso, y que comenzó publicando por Internet. Pero Only Revolutions, aunque con trama más diluída, es la novela satírica del American Dream en pleno siglo XXI.


Lo demás fue una colección de cuentos increíble de Juan José Millás, Primavera de luto, y la novela Tonto, muerto, bastardo e invisible. Fantasía literaria, absurdo existencial y un arte para narrar envidiable. Lo mejor: aquí pasan cosas, aquí se cuenta algo. De las dos, Primavera es la mejor. Millás el novelista aún maduraba con Tonto, que data de mucho antes de ganarse el Planeta.

Finalmente, un rerun: Jay McInerney Bright Lights, Big City, una novela sobre la decadencia de los años 80. Léanla. Es una de esas novelas que exhibe un dominio superior sobre el punto de vista narrativo de la segunda persona singular, algo que, si no se maneja bien, abruma.

Al momento, tengo de postre a The Zero, de Jess Walter, una novela sumamente literaria con elementos de la novela negra gringa, y Sexto sueño, de Marta Aponte Alsina, una novela que avanza la novela puertorriqueña hacia su próxima fase evolutiva, cualquiera que vaya a ser.
El ejercicio de la escritura siempre es trabajo.

Menos que un favor de las musas, los dioses o whatever, el escritor se hace mientras hace y con lo que hace.

De eso puede dar fe Rey Emmanuel Andújar, autor de El hombre triángulo (Isla Negra) y Premio Nacional del Cuento Joven de la X Feria Internacional del Libro de Santo Domingo.

Por ello es que de los escritores caribeños actuales, Reynol es de los que más admiro.

Ahora, a través de Alfaguara, viene a dar Candela, su nueva novela, y no una reinterpretación del one-hit-wonder de Noelia, ex-discípula mía y porn star buona fide, aunque la relación no es de causa y efecto, ¿eh? Que conste.

Rey Emmanuel Andújar viene. Y estaremos esperando.
Hace 10 años, cuando el tiempo me permitía escribir más profesionalmente, publiqué un artículo en la sección Mirador de la Revista Domingo de El Nuevo Día (domingo 15 de noviembre de 1998, p. 4), en la que me despedía de los libros de papel. Para entonces, la invención del E-Book, o del libro electrónico, llegaba con la promesa del nuevo siglo.

El proyecto fracasó al saque, un poco por la falta de eficacia en el instrumento de lectura (el E-book Reader de Rocket Editions pesaba casi 3 libras), y otro poco por escepticismo del público lector. En efecto, como me hicieran saber entonces muchos lectores de aquel artículo, la noticia pasaba por "curiosa", "simpática", pero nadie le daba credibilidad al asunto.

Pues bien, el pasado mes de noviembre, Newsweek presentaba en su artículo de portada a Jeff Bezos, creador de Amazon.com, y a su nueva aventura empresarial, el Amazon Kindle, un lector portátil de libros electrónicos que presume de ser el I-Pod de la palabra escrita.

Y recientemente, en Europa, acaba de salir el Facthor Papyre 6.1, diseñado y producido en España. Más estilizado que el mismo Kindle, solo pesa 8 onzas y parece un clono del mismísimo I-Pod.

La aceptación de estos aparatos de lectura ha sido bastante favorable, aunque ahora es que la tecnología comienza a desarrollarse y se anuncia toda una experiencia mediática. Queda, pues, en manos de esa cosa arbitraria, subjetiva y relativa que es el gusto aceptar la evolución del medio de presentación, no del objeto en sí mismo, pues el libro siempre será libro.

Eso sí: la desventaja del libro convencional es de carácter Al-Goriano: los árboles mueren y el planeta se acaba.

El artículo que publiqué en el 1998 me invita a un reencuentro conmigo mismo. Terminaba así:

"Puede que en diez años [leer un libro de papel] sea uno de esos placeres perdidos, que recordaremos con melancolía y cuya partida aceptaremos con resignación, como un primer amor ido".

Pues diez años han pasado. Y el camino apenas comienza.


De los '90, salieron pocas bandas de música rock memorable. Kurt Cobain y Jeff Buckley se suicidaron. Los Smashing Pumpkins fueron importantes. Y Pearl Jam cayó en la trampa del éxito y la moda del grunge de Seattle, aunque hicieron un comeback magistral hace poco. No obstante, al resto se los tragó el Gangsta Rap.

El rock se quedó como una comodidad de segundo rango.

Pero de las bandas que perseveraron, la más notable es Radiohead, una banda compuesta por cinco músicos ingleses.

Ahora, quince años después de su primer CD -y cuando uno es fanático de una banda que lleva quince años tocando, se da cuenta que ha vivido un rato-, In Rainbows es un álbum que yo describo como la banda sonora para cerrar la primera década el siglo XXI: muy Euro y sofisticado.

Radiohead es todo ejecución y hacen sonar cuatro acordes como si fueran cuatrocientas notas diferentes. Es una música de una simplicidad compleja. Esto no es bubble-gum rock. Esto es música compuesta por una inteligencia que somete los instrumentos a su voluntad.

En sus mejores momentos, la música guarda cierto blue, cierta melancolía que se yuxtapone con las texturas de música electrónica, lo cual reclama la atención del audiófilo por la manera. Esto, en mi apreciación, le imparte cierto humanismo a una música que a todas ondas suena extraña, un tanto avant garde, otro poco post-punk experimental, eventualmente el pop del 2020.

Las letras, eso sí, no son grandes poemas, pero sí son bastante oscuras, como el coro de "Bangers and Mash":

"if you stare into the dark,
the dark will stare backback into your soul
"

Indeed.
Botella de Klein. Illustración Donald Baker

Como es costumbre, El Nuevo Día ha publicado su lista de los mejores libros del año, basado exclusivamente en las reseñas realizadas por Carmen Dolores Hernández durante el 2007, como ella misma hace notar al inicio del listado.

Lo interesante de estos listados es que, contrario a las listas de los más vendidos, que son cuantificables y objetivas, se fundamentan en la opinión, gusto y criterio del crítico, que se cualifica por el objeto de escrutinio o el texto mismo.

O sea, que para muchos, será un intento más de imponer o, en su defecto, establecer un canón, justificable a las mil maravillas por algún artilugio Haroldbloomesco, por lo que no le prestarán atención, o menos que eso, en el mejor de los casos, ni les vendrá ni les irá.

Por otro lado, a los que sí le importe y tomen estos asuntos en serio, se espantarán ante lo que la autora del listado ha llamado ausencia de "fuerte de autores consagrados".

A decir verdad, yo no creo que exista tal carencia.

Rosario Ferré, Hjalmar Flax, Víctor Hernández Cruz, Enrique Vivoni, Jorge Rodríguez Beruff, Ramón Juliá Marín (autor de dos de los libros en el listado) y Manuel Alonso no me suenan nada desconocidos. Y si contamos a Angel Collado Schwartz, hablamos de 8 autores de los 18 libros listados. Además: hey, John Torres, Rafa Franco y Pedro Cabiya no son exactamente Minnie, Minie y Moe, ¿eh?

Ahora: lo que yo sí leo es que la narrativa y la poesía son dominios de las editoriales pequeñas.
Isla Negra publico los poemarios premiados de John Torres (Fracturas del devenir) y Federico Irizarry (Kitsch), y la novela de Pedro Cabiya, La cabeza. Callejón publicó el poemario Fisuras de Rosario Ferré, y la novela de Rafa Franco, El peor de mis amigos. Terranova publicó Ojos de luna, de Yolanda Arroyo, como todo el que viene por aquí sabe.

O sea, que las editoriales pequeñas del patio produjeron 6 de los 10 títulos resaltados en los géneros pertinentemente mencionados.

Ya me lo había dicho Carlos Roberto Gómez, editor de Isla Negra: "La literatura nacional la estamos publicando los pequeños".

Eso es lo que se pierde a simple vista, si sólo se miran los árboles, y no el bosque.

A 3 de los otros 4, sin embargo, tampoco se les puede acusar de mogules de las publicaciones: Floricanto, Coffee House Press y Whiskey Creek Press (I love this name!) son editorales pequeñas en los Estados Unidos con presupuestos reducidos.

Las editoriales financiadas por el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, como La Editorial de la UPR (3 títulos) y la Editorial ICP (1 título), entre otras, sobresalieron en ediciones conmemorativas y libros de arte e historia.

Cada quien a lo suyo, creo. Aún así, para mí se trata de sumar esfuerzos, en lugar de restar.

Times are a-changing.

Mis respetos a todos los seleccionados y a los que trabajaron detrás de esos libros.

La lista aparece en el siguiente link.

http://www.elnuevodia.com/diario/noticia/revistas/revistas/los_libros_del_2007/341403


Mis mejores deseos.

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