Dieta rigurosa de lecturas, o como cochino en fango

Nada como las lecturas que retan.

Desde diciembre estoy en dieta rigurosa de lecturas que comenzó con dos libros de poesía: una colección de poemas del escritor sueco Tomas Tranströmer, titulada The Great Enigma, y otra de Soledad Fariña, Dónde comienza el aire, regalo de mi director de tesis doctoral, Juan Gelpí. Tranströmer parte de imágenes que de algún modo conectan su mundo anímico con el mundo exterior, en una especie de metafísica de la experiencia. Fariña tiene un diálogo con la poesía latinoamericana vanguardista.
De las novelas ingeridas, la más notable es Only Revolutions de Mark Z. Danielewski, por muchas razones: tiene múltiples lecturas. La trama tiene dos puntos de vista, el de Sam y el de Hailey. Así que dependiendo de cuál tapa del libro uno asuma como la portada, la primera mitad del libro es un punto de vista y la segunda mitad el otro. A todo esto, la narrativa está enmarcada -literalmente- por una secuencia de eventos históricos enunciados al margen de la página. Así, Sam y Hailey inician sus respectivas narrativas, contando la misma novela desde sus respectivos topos, mientras recorren los Estados Unidos en motora.

Complicada, sí. La llaman el Ulyses del siglo XXI, un logro literario difícil de superar. Esto es Jack Kerouac meets Cormac McCarthy meets JayCee, en la medida que el diálogo es pura jerga hip hop, cadenciosa y musical.

Toma tiempo adiestrarse a la lectura, ya que cada página tiene cuatro planos narrativos simultáneos -la crónica histórica, la narración de Sam o Hailey y al pie de la página, en letras revertidas que obligan a uno a invertir el libro, la contraparte de Hailey o Sam, según sea el caso. Y luego está, claro, la totalidad de la novela.

Denielewski se pasó. Ya antes había logrado algo similar con House of Leaves, una novela posmoderna de suspenso, y que comenzó publicando por Internet. Pero Only Revolutions, aunque con trama más diluída, es la novela satírica del American Dream en pleno siglo XXI.


Lo demás fue una colección de cuentos increíble de Juan José Millás, Primavera de luto, y la novela Tonto, muerto, bastardo e invisible. Fantasía literaria, absurdo existencial y un arte para narrar envidiable. Lo mejor: aquí pasan cosas, aquí se cuenta algo. De las dos, Primavera es la mejor. Millás el novelista aún maduraba con Tonto, que data de mucho antes de ganarse el Planeta.

Finalmente, un rerun: Jay McInerney Bright Lights, Big City, una novela sobre la decadencia de los años 80. Léanla. Es una de esas novelas que exhibe un dominio superior sobre el punto de vista narrativo de la segunda persona singular, algo que, si no se maneja bien, abruma.

Al momento, tengo de postre a The Zero, de Jess Walter, una novela sumamente literaria con elementos de la novela negra gringa, y Sexto sueño, de Marta Aponte Alsina, una novela que avanza la novela puertorriqueña hacia su próxima fase evolutiva, cualquiera que vaya a ser.


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