Coitus interruptus: Interrumpimos este blog para informarle al bendito pueblo de Puerto Rico que Su Majestad Maximiliano del Chubasco, caballo perteneciente al ex-secretario del Departamento de Asuntos del Consumidor (DACO), Alejandro García Padilla, acaba de aparecer.

Repetimos: el caballo de Alejandro García Padilla, una bestia de pelaje marrón-rojizo que desapareciera el jueves 29 de noviembre de un potrero en el sector Calabaza de Coamo, acaba de regresar como el hijo pródigo.

El caballo no ha hecho comentarios. Me refiero al equino, por supuesto.


Las cadenas de televisión y la prensa radial pueden regresar a sus asuntos como de costumbre.

El Universo vuelve a su balance. Estamos salvados.
El escritor nunca explica su obra. Es la obra la que habla y la lectura del que lee.

Los libros que he escrito me han ganado toda clase de reseña -buena y mala-, pero nunca una reseña donde el crítico asume una muestra de la obra para el ejercicio de decir lo que se supone él o ella diga.

En la reseña de Vicios que salió hoy en La Revista de El Nuevo Día, cuando Carmen Dolores Hernández habla de la "impostura" en la poesía y cita uno de mis poemas, ella misma asume la voz del hablante en "loop" para elaborar su comentario:

Sobresalta, desde luego, la nota de duelo por el poeta que se encuentra al final del libro. No debía sobresaltar. Los poetas no están -nunca han estado- en sus poemas. Son estos artilugio (en el sentido de mecanismo, herramienta); una memoria que preserva, en los signos dispuestos sobre el papel, lo que ya ha sido y ya no es; lo sentido, querido o imaginado. La poesía es siempre una construcción; "una impostura", dice el poeta en loop, donde resume una posición estética: "a veces pareciera/ que todo lo que somos es memoria/ escribimos para decirnos/ figuramos en una imagen/ nos repetimos/ la idea de las cosas que somos/ parte siempre de las que fuimos/agotamos la palabra/ y, ya ves,/ fermentamos poesía:/ la mínima posibilidad/ en la máxima acepción/ nada nuevo, darling:/la poesía es impostura/ y una rosa es una rosa es una rosa/ ahora nos sentamos/ entre jardines de fuego/a ver nuestras sombras pasar/ como pensamientos fantasmas". Esta construcción verbal puede, sin embargo, alcanzar una gran solidez -como aquí- ya sea con vicios o sin ellos.

Ingenioso. Eso es lo que es Vicios: impostura.

Todo esto para llegar a la oración final: parca, escueta pero directa.

Harían falta algunos footnotes, porque la reseña adolece de referentes, como, por ejemplo, dejar saber al lector que la primera oración se refiere a "Sentida nota de duelo", poema final del libro que es en realidad un epitafio; que el verso "una rosa es una rosa es una rosa" es una impostura en sí misma, tomada de un poema de Gertrude Stein; y que el sintagma "esta construcción verbal" se refiere al libro.

It's all good. Después de todo, estos son vicios de construcción.
por Mario Alegre Barrios
La muerte llega/ se sienta/ se sirve de mi whiskey/ enciende un cigarrillo/ te lo dije, Elidio La Torre Lagares, dice/ para alcanzarte no hacen falta brazos/ estás hecho de tierra, mar/ y olvido…
-Elidio La Torre Lagares

Dicen que Dios nos hizo a su imagen y semejanza. No es cierto: Dios -afirman también- es perfecto, eterno. Nosotros tenemos defectos. En el alma y en el cuerpo. Estamos llenos de abismos, nos ponemos viejos y algún día morimos. Son vicios de construcción… así venimos, sin posibilidad alguna de reclamo, condenados desde los planos, desde el vientre… y aun antes, por esas incongruencias que unos explican a través de la fe -con el endoso de sus dudas a Dios- y otros aceptan simplemente como parte del gran libreto de la Creación.

Pese a esa realidad incuestionable, pasamos la vida tratando de re-construirnos, de cincelarnos una memoria, de inventarnos una historia para poblarla de recuerdos, quehacer en el que la poesía es -para algunos- la piedra de toque para edificar esa noción de trascendencia, como lo ha sido para Elidio La Torre Lagares a través de sus Vicios de construcción, libro que acaba de publicar con la editorial Terranova y que fuese presentado el pasado viernes en la librería Borders de Plaza Las Américas.

¿Su génesis? El deseo supremo de escribir un poemario para él, con la intención fundamental de darse el placer, sin subordinarlo a otras consideraciones. “Quería regresar a la poesía, simplemente”, dice Elidio mientras se echa hacia atrás el sombrero de ala corta que parece haberle hurtado al hombre del paraguas de Magritte que observa Hato Rey desde la portada del libro. “Para mí, la poesía es lo más cercano a la evocación de la memoria… un camino en dos sentidos y lo que mejor nos acerca a la manera de explicar el mundo. El lenguaje nombra algo para poder reconocerlo y yo, con la poesía, intento hacer lo mismo y recobrar esa memoria de la realidad que se va deshaciendo en el camino”.

Con un quehacer como escritor que sigue un cauce paralelo a sus oficios como editor (de Terranova) y profesor de literatura y de creación literaria, Elidio señala que al cabo de varios años de realizar estas tareas, se ha visto expuesto a infinidad de textos de otros y que de alguna manera eso ha afianzado su centro como poeta y narrador.

“Creo que ya puedo hablar de un proyecto literario con mis libros”, señala. “He aprendido a respetar la poesía en su valor mínimo, en su unidad, en la economía de palabras… siento que ahora me acerco a ella con una nueva vida. Vicios de construcción es un poemario de madurez, un libro que nació de manera consciente… es también un poemario enteramente mío, desprovisto de tendencias y sin haberlo subordinado a lo que puedan decir de él quienes lo lean. En esencia, quería un poemario que me complaciera primero a mí. Asimismo, en estos poemas admito mis influencias literarias, con un regreso a la poesía estadounidense de la primera parte del siglo XX. Dejé que esas lecturas afloraran, a pesar de que en el pasado me han acusado de que no soy muy hispanista en mis lecturas. No luché contra eso… hay un ejercicio de escritura, consciente de esa tradición”.

Para salvar el abismo
En lo que atañe a la entraña de los poemas que dan sustancia a Vicios de construcción, el autor apunta que en ellos hay un juego entre la vida, el amor, la memoria y la muerte, con una larga y constante reflexión sobre el pasado. “Hay quienes dicen que el pasado no existe y otros, como Saramago, afirman que el pasado es lo único que existe”, reflexiona el poeta. “Venimos de un proceso de formación que viene de lo que fuimos… estamos hechos de pasado y ahí es donde reside el valor de la memoria y de la imagen poética como evocación de esa memoria. Intento retratar la memoria en palabras y creo que ése es el sentido de este libro: la imagen como memoria y ésta como experiencia que nos define”.

Al aceptar que hay algo contradictorio en hacer una evocación que nace de la vida mientras que es la vida misma la que nos acerca a la muerte, Elidio recuerda a Lezama Lima, quien decía que “somos seres discontinuos en el tiempo y requerimos de la poesía para insertarnos de vuelta en ese tiempo, aunque sea temporalmente”. “Esa idea es la que nos hace salvar el abismo que existe entre lo que desconocemos y lo que intentamos y deseamos”, acota. “Este tipo de reflexión la hago en la poesía, nunca en la narrativa, donde sólo me ocupo de contar.”

Resulta evidente que la textura de Vicios de construcción es bastante coloquial, con un lenguaje sencillo y directo, sin la retórica ni el malabarismo verbal tan comunes en muchos de los poetas contemporáneos. En esencia, es una poesía muy rulfiana en cuanto a la simpleza y la economía del lenguaje. “Para mí, el ciclo se completa cuando el lector lee el poema y se siente en él de alguna manera”, asevera. “Cuando eso no sucede, para ese lector simplemente ahí no hubo poesía”.

En su origen, este libro estuvo concebido como una parodia de poemas canónicos de la literatura estadounidense, pero nada quedó de eso porque, poco a poco, las voces que dictaron sus poemas a Elidio convirtieron en simples fantasmas a aquellos poetas muertos.

Sin embargo, al libro le faltaba cierta urgencia -según aseguró al poeta el crítico peruano Julio Ortega- y no precisamente la de un plazo de publicación. La vida le dio a Elidio esa urgencia: la noticia de la enfermedad de Rosa María Lagares, su madre y a quien le dedica la obra. “Eso impregnó entonces el tono del libro y encontré unidad y una voz que me permitió establecer un diálogo con la muerte… la muerte siempre ha estado cerca de mí por diversas razones y siento que finalmente he podido hablar con ella de frente”, asevera.

Con “Óbito” como título original -descartado luego por ser un tanto “lúgubre”- el libro adquirió el que lo acompañará hasta el fin de los días a partir de una anécdota de Elidio con doña Gabina, su abuela materna -mujer sabia como sólo suelen serlo los abuelos- quien le regaló un paraguas para celebrar su ingreso a la universidad, con el consejo de que “nunca nadie debe andar sin uno porque nunca se sabe cuándo va a llover”. “Un día fui a visitarla y me senté en la sala… al rato comenzó a llover y del techo una gotera comenzó a caer sobre mi cabeza. ‘Siempre caen goteras en uno… son vicios de construcción’, me dijo. Esa frase se quedó conmigo y ahora es del libro”.

-Elidio, morimos porque tenemos “vicios de construcción”… en el ejercicio de escribir este libro. ¿te reconciliaste con la idea de la muerte y con la certeza de nuestra incuestionable finitud?
-Sí… y la imagen de los vicios de construcción también tiene que ver con la construcción del “yo”, de los que somos con defectos y virtudes, con esos espacios de soledad, con amarse en una ciudad que te devora y que, a la vez, tú devoras en una relación medio sadomasoquista con ese cuerpo metafórico. Por lo que respecta a la muerte, creo que uno nunca está del todo preparado para eso, pero siento que ya la asumo como algo inevitable, como algo que va a llegar en algún momento. En este poemario miro hacia atrás, pero sin melancolía ni desconsuelo, sino como un reconocimiento de lo vivido y en un plan de reconciliación para seguir adelante y afrontar lo que cada día traiga.

El libro concluye con una “sentida nota de duelo”:

Ha fallecido sentado entre sus poemas
Elidio La Torre Lagares
(1965-1987; 1987-1991; 1991-1996; 1996-2007)
Le sobreviven su esposa Ana Ivelisse,
su hija Sophia Angélica
y unos cuantos versos inconclusos.
El amigo Elidio será cremado y esparcido en el aire,
donde siempre vivió, de todas formas.
De sus amigos, sólo quedo yo, R.J.,
a quien el fenecido ha visitadoa pocas horas de su deceso,
y me ha encomendado informarles
que, aunque se ha ido, lo encontrarán en la tierra que pisan;
o para comunicación directa,
busquen en el destello que se asoma como estrella lejana,
ahí, entre las palmeras de pestañas en la mirada de su hija.

(Rescatado del siguiente enlace: http://www.elnuevodia.com/diario/noticia/cultura/noticias/estamos_hechos_de_pasado…/364388)

por Héctor Aponte Alequín
Su editor fue un cáncer: el que le diagnosticaron a su madre, Rosa María Lagares.

El poemario se titulaba “Óbito”, era extenso y paródico. Pero cuando se enteró de la probabilidad de que su progenitora falleciera antes de ver ese texto en circulación, Elidio La Torre se vio obligado a adelantar su alumbramiento, con todo y los “Vicios de construcción” que aún le pudieran haber quedado al tomo así titulado.

“Recibo la noticia de que a mi mamá le habían detectado cáncer y de ahí es que sale el primer poema (‘Visitaciones de la muerte’). Yo quería que el libro lo viera ella y afortunadamente lo vio”, relata el editor del sello Terranova, responsable de la publicación del volumen.

De otra manera, el producto hubiera sido muy diferente al que se estuvo presentando en varias librerías Borders esta semana. Elidio es su propio editor.

“Corté mucho del material. Empezaron a salir poemas con una madurez, con un lenguaje poético de la memoria, con una mirada de cómo hacer las paces con todo lo que uno ha vivido, lo bueno y lo malo”, cuenta el socio de Ana Ivelisse Feliciano.

La única persona que tuvo acceso a ese proceso, confiesa, fue el crítico Julio Ortega. Este peruano leyó las piezas literarias y determinó que “hacía falta una urgencia, no necesariamente de publicarlo”, narra Elidio La Torre.

“Lamentablemente, esa urgencia fue el cáncer de mi madre”.

El proceso de abandonar la parodia, no obstante, ya estaba en progreso, pues los poetas de principios de siglo 20 cuya visión de mundo quería abarcar desde una perspectiva irónica, “habían calado demasiado” en él.

“Iban allanando el terreno de lo mío y terminaron siendo fantasmas”, como la figura de Wallace Stevens en “Trece manera de pensar la noche” (“Thirteen Ways of Looking at a Blackbird”).
“Me gustó mucho que la imagen poética era creada con la intención de reparar una discontinuidad en el tiempo. Nos lleva a un intento de superar esa discontinuidad, y por eso siento que éste es el primer poemario donde la mayor parte de los poemas son serios”, establece el lirista de “Embudo: poemas de fin de siglo” (1994), y “Cuerpos sin sombras” (1998).

Elidio La Torre Lagares se encuentra escribiendo su tercera novela. Aunque dice que no le gusta adelantar detalles sobre trabajos sin finalizar, celebra la libertad de poder darse el lujo de que ésta sea larga, “como las de antes, de 200 o 300 páginas”.

Tampoco tiene reparos en revelar el título, “San Juan Sour”.

“Tiene esa cosa bien extraña de nuestra generación, la X, que ya estamos llegando a los 40, que nos ponemos viejos sin lamentarnos por eso”, detalla.

Asegura que su madre se encuentra fuera de peligro.
La historia de las publicaciones periódicas en Puerto Rico es –debe ser– materia de estudio. La misma se constituye por una extensa narrativa que se va sumando y anulando a sí misma, que se recrea y se renueva a la vez que se repite a sí misma. De ahí la condición de relatividad en la que se circunscriben dichas publicaciones de manera temporal y/o espacial, donde la primera no necesariamente implica la presencia de la segunda, ni viceversa. O sea, nunca se constituyen en un estado absoluto de las cosas.

Dentro de esta proposición, las revistas literarias siempre han funcionado como pequeños bolsillos de energía que de pronto desencadenan en reacción colectiva. Se originan en la eterna necesidad del decir de unos y se va multiplicando en los otros. Pero en el tiempo, cambian los personajes y los protagonistas; en el espacio, la geografía sigue siendo la misma: lo marginal, lo escondido, lo accesorio al mainstream, lo contracultural, pero superpuesto en un punto específico. De hecho, entre las revistas más prominentes en el incansable discurso literario en Puerto Rico, hay una necesidad de anclaje - si tan solo para nunca detenerse, como deriva del nombre de la revista Nómada-; un topos que se desprende de sus propios nombres, como Ventana, que implica de por sí una relación espacial del que mira de adentro hacia fuera, o de afuera hacia dentro; Guajana, que es nombre de la flor que se da específicamente en una región, que es el cañaveral; o Zona de carga y descarga, nombre que advierte una designación espacial específica; o Filo de juego, una correspondencia de proximidades y finalizaciones espaciales que apreciamos de meramente leer los nombres de otras publicaciones como Postdata y Bordes.
Incluso, esta tendencia a la fisicalidad se manifiesta entre las publicaciones de más reciente factura, como Pastiche, cuyo nombre connota el aunamiento de elementos disímiles pero coincidentes en un mismo punto, Puñal de epifanía, nombre que propone otro tipo de corporalidad, otra dimensión de la experiencia, o Tonguas, referente en el aparato fonador, que es específicamente la boca.

En esta relación de publicaciones de los últimos cuarenta años, sobresale de manera peculiar El Sótano 00931, colectivo de escritores cuya publicación del quinto volumen de la revista que lleva el mismo nombre se presenta este miércoles 13 de febrero de 2008 a las 7PM en la Librería Isla de Río Piedras.

Pero El Sótano, que implica encerramiento, frío, oscuridad, y se asocia con lo subterráneo, lo marginal o alterno, es una antinomia, porque su verdadera localidad es la del lenguaje.

Y por ahí vamos.
Fue unánime.

Bajo el seudónimo Eva Salvaterra, la escritora nicaragüense Gioconda Belli ganó ayer el Premio Biblioteca Breve, de la editorial Seix Barral, dotado con 30.000 euros, con la novela titulada El infinito en la palma de la mano.

El jurado, integrado por José Manuel Caballero Bonald, Luis Mateo Díez, Pere Gimferrer, Rosa Montero y Elena Ramírez, subrayó el "singular enfoque de la obra, así como su capacidad evocadora y su recreación antropológica del mito de los orígenes" en esta novela que regresa a los orígenes de la humanidad y retoma el mito de Adán y Eva.

La trama gira en torno al primer hombre y la primera mujer del mito cristiano, quienes aparecen en la novela de Belli en un escenario de poesía y misterio y la historia se conecta con los primeros interrogantes sobre el universo y el difícil arte de aprender a vivir, descubriendo la propia naturaleza y el entorno, según un parte de prensa.

Así que back to the basics: el mito nunca falla.

Y en manos de una poeta, es un arma peligrosa.

El participante Lorenzo Méndez salió del concurso Objetivo Fama tras confirmarse que era cantante profesional y tenía un contrato musical.

Tito Trinidad continuará en el boxeo.

Julian Gil actuará de villano sexy en una telenovela.

Le caen "chinches" a congresista que dijo que los puertorriqueños éramos ciudadanos extranjeros de los Estados Unidos.


Maripili regresa después de la tragedia.

Preparan funeral de Heath Ledger.

Más dinero para los maestros.

La ola de Obama.

Pero la noticia sigue siendo que 35 días año adentro, se han registrado 26 suicidios.

La tierra tembló: 5.1 escala Richter.

Estas son las verdaderas minucias de nuestra Genérika.
La Revista Literaria Baquina, con matriz en Miami, es uno de los medios difusores de la literatura hispanoamericana con mayor presencia en la Internet, a razón de más de un millón de visitas desde su fundación. También editan una versión de la revista en papel.

En su número más reciente, que cubre de enero a abril de 2008, aparece una selección de poemas extraídos de Vicios de construcción.

La Revista Baquiana puede ser accesada aquí.

Nota de ficción: me pusieron dos años más viejo, pero debe ser que este libro envuelve algo de maduración.

The Shadow knows.
Vicios de construcción.

Presentación del libro en lectura de poemas.

Día: 15 de febrero de 2008

Lugar: Borders de Plaza Las Américas

Hora: 7:00PM

Todos invitados.

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