La sencilla complejidad de Horton

Anoche, dadas las insistencias de "you-know-who", tuve la oportunidad de ver la peli Horton Hears a Who?, inspirada en el libro de Theodor Seuss, mejor conocido como Dr. Seuss.

La verdad es que, para mí, cualquier película en la que aparezca Jim Carrey (la voz de Horton, el elefante), merece atención y estudio.

Horton es la película número uno en este momento, pero queda expuesto que a veces lo popular no tiene que recaer en lo banal.

La trama de la película gira en torno a una proposición muy simple, pero no por simple, sencilla. Y es que Horton encuentra una partícula en la cual vive todo un pueblo -Whoville- que no se sabe parte de otro universo mayor, que es el mundo de Horton, quien, a su vez, decide salvar a toda la civilización que vive en la particula.

Sencillo, ¿eh?.

Lo que no es tan sencillo es que la película es todo un hilar constante de filosofía kantiana, las ideas de Foucault, Emerson y Thoreau; budismo, cristianismo, física quántica, positivismo, darwinismo, empiricismo y hasta cienciología, todo montado sobre un tema muy particular: el tamaño no importa, que es enunciado en voz de Horton, y quien al final es declarado "poeta guerrero".

Las connotaciones en contra del racismo y la segregación étnica también peinan el trasfondo, ciertamente.

La película es excelente, porque los niños se la disfrutan y los adultos la entienden. Por supuesto, el tejido filosófico e ideológico queda para aquellos que lo identifiquen.

Al final, la película se reduce a un grado particular de perspectivismo: nos creemos tan grandes, porque no vemos nuestra propia minucia.


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