Embutir la ficción, o cómo hacer de personaje

Ya es harto conocido –si ha leído este blog anteriormente– que suelo predicar ese aforismo posmoderno –no sé si de mi invensión, pero sí de mi más fiel advocación– que todos somos una ficción. De algún modo o de otro.

Por eso, cuando me preguntaron una vez de dónde sacaba mis personajes, contesté: “De la gente que me rodea”.

Debe ser por eso que no tengo muchos amigos.

Después de Septiembre, mi primer y hasta ahora único libro de cuentos, y donde todos los personajes son montajes de gente que ha cruzado por mi vida, me debe estar huyendo.



En todo caso, la reciente narrativa sobre el escándalo sexual entre el excandidato presidencial demócrata John Edwards y la cineasta Rielle Hunter de pronto se nos ha develado como una metaficción: Hunter ya había sido ficcionalizada en la novela Story of My Life (nada que ver con mi post del 7 de julio), de Jay McInerney (célebre autor de Bright Lights, City Lights, su primera novela).

En la novela de McInerney, el personaje de Alison Poole es una party animal a-lá “Wild thing/ you make my heart sing”, que polvorea cocaína como si fuera Splenda en mezcla para brownies y satisface sus deseos sexuales como si fueran un mero craving por chocolates. McInerney debe conocer una o dos cosas bien sobre Hunter: mientras escribía su novela, ambos dormían juntos, cuando ella se hacía llamar Lisa Druck.

El personaje de Alison quedó tan bien caracterizado, que otro escritor de los '80, Bret Easton Ellis le utilizó en sus novelas American Psycho y Glamorama.

Story of My Life (1988) no disfrutó del éxito crítico y comercial de la opera prima de McInerney, quien fuera discípulo de Raymond Carver. Pero estos días, la historia es otra, casi una reversión del pareado final de aquel soneto Shakesperiano (Soneto XVIII) y que promete inmortalizar a la amada en poema. Ahora es el escándalo Edwards-Hunter que le da vida a la novela.

La realidad suele embutirse en la ficción, y viceversa. En la obra de McInerney, Alison defalca a uno de sus amantes bajo el pretexto de que necesita dinero para practicarse un aborto. En nuestro caso de la vida real, Edwards ha admitido que él ha estado correspondiendo financieramente a Hunter por el hijo que ambos concibieron a espaldas de la esposa de Edwards, quien es paciente de cáncer.

Bad Johnny, bad Johnny.

Ahora, la novela es otra.

Dos lecciones: la primera, cuidado con los amigos escritores; la segunda, si dicen que el dinero es poder, a ver qué me dicen del sexo.

Y, por supuesto, al final, seguro que sí: todos somos un personaje en alguna ficción.


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