An Ni Bao Bei: lo mejor despues del arroz frito

Yo recuerdo que, en algún momento de mi vida pasada, cuando uno entablaba algún tipo de conversación literaria, las lecturas obligadas tenían que provenir de aquel u otro escritor francés que se supone uno debiese haber leído. A veces el asunto se tornaba más oscuro, y comenzaban a hablar de escritores polacos, checos o húngaros. Por aquello de impresionar a los interlocutores, siempre pensé. A veces, hasta me preguntaba si en verdad leían a esos autores.

Ahora creo que va a haber un cambio de paradigma.

Hoy, en el 2008, y usurpando un poco el espíritu deportivo que suscitan los Juegos Olímpicos en Beijing, creo que el planeta comienza a redondearse con la proliferación de la literatura contemporánea china.

Me parece interesante considerar que, en relativamente menos de treinta años, China ha logrado amasar una producción editorial proporcional a su población. Y ello incluye una camada de escritores que han surgido desde diversos ámbitos de la inmensidad asiática. Por ejemplo, Han Han es un novelista –Blogger y conductor profesional de autos de carrera también– al que le siguen y veneran como una estrella de rock. Por otro lado, Che Quianzi es un poeta al que la gente lee con un fervor público similar al que goza Pablo Cohelo en América. ¿Quién diría que un poeta podía lanzar tiradas de 200,000 poemarios?

La vanguardia subterránea de los tiempos de la censura y el control comunista maoista ha producido escritores de profundo y complejo registro literario como Su Tong y Jia Pingwa, y quienes a su vez abrieron el camino para An Ni Bao Bei, una escritora que se suscribe en la marginalidad y lo urbano, algo así como un Kafka Cyber-Escritural con fino sentido de lo hip chino, whatever that is.

Esto es sólo un atisbo a lo que se escribe en la China comunista-capitalista, post-Revolución Cultural de estos días.

Irónicamente, todos estos escritores tenían una sola cosa en mente: separarse de una escritura política, que significaba entonces comprometerse ideológicamente con el Estado.

Pero, como ha sucedido en muchos de los espacios literarios en Puerto Rico, terminaron reformulando aquello que tanto repelían. Por tanto, sólo alteraron la sintaxis; nunca dejaron de ser políticos.

Yo voy a la pesca de muchos de ellos, que ya se encuentran en traducciones disponibles, al menos, en inglés. Hasta ahora, de lo que he leído, An Ni Bao Bei me parece espectacular. (Para darse un taste, pulse aquí.) Para una mejor vision de China, en primera persona singular, visite La Tribu de los Cafres.

No hay duda. Olvídese del Chow-Mein y el Cerdo Agridulce. An Ni Bao Bei: lo mejor después del arroz frito.


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