Mamotreto

Bueno, luego de tres años y nueve meses, más o menos: un acopio de horas de sueño robadas, frustraciones, descubrimientos, invenciones, escapadas para escribir aunque fueran dos paginitas; luego de batallar las crisis personales, familiares, laborales, sociales que son la sal y el limón de la vida, por fin llevé a encuadernar el manuscrito de lo que se supone sea mi tercera novela publicada.

Uno sabe que terminó una novela cuando se levanta y no piensa en ninguno de los personajes, ni en los giros de la trama, o cuando el sentido de hacer el camino desaparece y es suplantado por un vacío espectacular.

El asunto es que al llevar mi novela a encuadernar, y considerando su voluminosidad, preferí dejarla en la tienda de servicios de oficina y pasar a recogerla más tarde. Después de todo, no hay prisa, right?

Cuando me dispuse a recogerla, tres horas más tarde, ya los empleados habían cambiado de turno. Al preguntar por el trabajo que yo había dejado a nombre de Elidio La Torre Lagares, pues de momento el chico qaue me atendía no tenía idea de lo que yo le hablaba. Entonces, va y pregunta, como se suele hacer en estos sitios, de manera vociferante y decidida -o sea, a grito tierno-. La respuesta no se hizo esperar: "¿El mamotreto? Ah, sí... está por aquí".

Uno acostumbra a recibir crítica después de publicado y leído el libro, no antes de que lo lean y ni siquiera esté organizado. Por tanto, pagué, me fui, y estuve todo el día con la palabra "mamotreto" en la cabeza.

¿Es malo? ¿Es bueno? Me fui al mataburros de la Real Academía Española y encontré la siguiente definición:

Del lat. tardío mammothreptus, y este del gr. tardío μαμμόθρεπτος, literalmente, 'criado por su abuela', y de ahí, gordinflón, abultado, por la creencia popular de que las abuelas crían niños gordos.

1. m. armatoste (objeto grande).

2. m. coloq. Libro o legajo muy abultado, principalmente cuando es irregular y deforme.

3. m. desus. Libro o cuaderno en que se apuntan las cosas que se han de tener presentes, para ordenarlas después.



Holy arroz con pollo.

A mí ciertamente me crió mi abuela.

Aparte de eso, el supuesto conjunto exagerado de páginas es un armatoste abultado -quién sabe si irregular y hasta deforme-, en el que se han apuntado cosas que se han de tener presentes para ordenarlas después (es el inicio de una trilogía).

Sobre la palabra armatoste, debo señalar que, aparte de ser fea e intimidante, significa "objeto grande y de poca utilidad".

Grande y de poca utilidad.

Recordé a John Holmes, estrella del porno cuyo órgano protagonista de sus películas medía 14 pulgadas (38 centímetros) y no le servía para nada. Entonces, se suicidó.

Recorde el gran desatre aéreo del Hindenburg. Recordé el Coloso de Rodas. Recordé La Torre de Babel, and there's no pun intended. Recordé al acróbata Karl Wallenda precipitándose por el espacio entre la brisa del Condado y en ruta hacia el pavimento.

Bang. Pow. Wang. Un 11 de septiembre.

Entonces se consuma la primera crítica a una novela que no ha sido leída ni publicada. Sólo encuadernada.

Ni modo. Espero que me vaya mejor con los editores cuando la vean, o en su defecto, la lean.

Nota de autoconsuelo: Ya comencé a delinear mi cuarta novela, que titulará Mamotreto.


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