Sexo: el reality show, or never get old


Sexo, sexo, sexo.


Pienso que la sexualidad y sus dimensiones están en el centro de la vida humana, e inevitablemente, en el centro de la cultura. Esto lo digo luego de meterme con la nueva novela de Chuck Palahniuk, Snuff, donde Cassie Wright, una pitonisa del porn, se dispone a acostarse con 600 individuos y de paso implantar el record mundial de fornicación en serie. La historia la cuentan Mr. 72, Mr. 137, y Mr. 600, mientras esperan su turno. Y todo esto ocurre en vivo, a manera de Reality Show.


Sexo, sexo, sexo. Ron, mujeres, sexo. ¿A quién le amarga un dulce?*


El asunto es que, como comentaba ayer en mi clase de poesía, el sexo es nuestro impulso primario.


Prueba de ello es mi recuerdo de aquella vez, durante una lectura de poesía en un grupo al que yo frecuentaba (circa 1996) y en el que todo el mundo me miraba por encima del hombre, que leí aquel poema erótico inspirado en el Kama Sutra, titulado “Abriendo surcos”, publicado en Cuerpos sin sombras (1998) y hoy fuera de edición. El poema dice:


Antes de sembrarte luz por los poros,

quiero desnudar los secretos bajo tu lengua,

apretar tus pétalos de miel, prensar tu piel de agua,

y embeber la calma inquieta de tu sonrisa.

Cara a cara, pecho a pecho,

beso el horizonte, sin penetrarte.

En la cintura del tiempo,

tú, de pie, y yo, sentado,

con el sigilo de la espuma,

mis labios de sol bañan

la flor túrgida de tus pechos,

y no te rehusas- no, no te rehusas.

Inclinas sobre mí tu catedral

para que mi enredadera

se deslize por tus cúpulas de carne,

mientras por tu paladar se desbocan

las palabras que galopan entre los pliegues de tu voz.

Le prendemos novas al rocío de prisma.

Frotando nuestros seres

en la oscuridad unificadora,

sosegados suspiros de llamas

en la sangre brotan en tu garganta.

Te oprimo contra la ciega pared,

presionando mi voluntad erecta

contra tu oscura flor de fuego.

Buscas besarme.

Enlazas tus brazos

alrededor de mi cuello de tallo,

y te aferras a mi espalda ramificada,

y te derramas,

te cuelgas como una liana:

mi pie izquierdo sobre tu pie derecho;

tu pierna derecha haciéndome de cinturón,

y me trepas,

y nos hacemos enredadera;

nos hacemos ajonjolí y arroz.

Me impulso con firmeza

entre tus paredes de azúcar.

Te halo por la ónix caída de tu cabello-

y te rasgo y te muerdo-

y te abro el cielo en tus venas,

soplo de viento inmóvil bajo el vientre-

y atrapo tu aliento entre mis dientes-

y te abro como un loto-

y en la redondez de mis dedos

esparzo las hojas de tu puerta al Cosmos.

Aspiro este anhelo de agua y leche.

Intento insertar mi labio entre tu boca,

sin querer prenderme de ella.

Te esquivas.

Me buscas.

Te esquivas.

Tu labio inferior tiembla

en ondas involuntarias.

Con la noche bordada en tus córneas,

te derramas en llanto de luna glaseada,

nos succiona el delirio pélvico,

una luz se prende en nuestras pupilas,

y le abrimos surcos al Infinito.


Dios

debe estar cerca.


El poema no es gran cosa, ahora que lo leo en la distancia, pero aquella noche fue un escándalo.

Mi mejor opus, decían. ¿Cómo tú duermes con un hombre que escribe así?, le preguntaron a AnaIve.


Lo curioso es que, aparte de que alguna gente me dijo que era un poema pornográfico, cuando llegó la próxima reunión del grupo, todo el mundo apareció blindado de toda clase de poema no apto para puritanos., en los que se narraban experiencias místicas en la cama, la palabra vagina se escuchaba más que la "ánfora" modernista, y hasta en uno que otro relato o poema se le hacía el amor al mismísimo Dios.


Lights off. All worn out.


Fue la última vez que asistí a las tertulias. Y fue el fin de aquel libro de poemas eróticos que para entonces yo elaboraba, y que se titula aún, en su más perfecto estado inédito, Eroticana.


El otro día me encontré los poemas otra vez.


A la verdad que el sexo, como reality show, nunca pasa de moda.


*La cita es de "Control remoto", de Cuerpos sin sombras, mi segundo librito, que hoy cumple 10 años. Sniff...



You may also like

Blog Archive