To Be Beto: Cuevas Saves


Hay gente que nace para volar sola y otros para masticar el mundo como las anémonas: todos y siempre en grupo.

Cuando Beto Cuevas estaba con La Ley, la banda nunca me pareció agresiva. Más bien, me lucía indulgente. Muy lightweight, y embotada, como cuchillo sin amolar. Más pop que rock.

Por eso, yo, que extrañaba un buen disco de rock que se pudiera disfrutar tanto musical como conceptualmente (lo siento, Cerati, me defraudaste con tu última entrega), encuentro el álbum de Beto Cuevas, Miedo escénico, una verdadera joya del rock-pop. La verdad es que la voz de Beto me sentaba aburrida y solamente me gustaba aquella canción que cantó con Ely Guerra, y en la que la mexicana le repartía a gusto y gana al chileno.

Pero Miedo escénico es un viaje. Literalmente. Desde garage rock hasta el ambient/dance, folk, el power ballad y el industrial-techno… jey… que puedo decir… Aquí el arsenal se guarda y deriva en los '90 mirando hacia delante, no como Circo (sorry, again), que succiona de cuanto pop de los '80 hubo, y en continuo movimiento retrogrado.

El disco de Beto se deja escuchar y se deja roquear.

Soy feliz.

El reggaeton hastía (no aporta un pepino) y nunca me gustaron las baladas tipo Objetivo Fama.

“Tuve tanto y ahora no me queda nada”, canta Beto en “No me queda nada”, con una voz que juega por diversos registros.

Yo solía cantar lo mismo.


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