Otro Lunes: Ginsberg en el otro Puerto Rico

Todo comenzó con aquello de una nueva visión indecible.

Eran los ‘80. La década de los Reaganomics. El curso de los eventos a mi alrededor me era menos comprensible cada vez. La invasión de Israel en el Líbano, la guerra entre Irán e Iraq, el movimiento Solidaridad en Polonia, la invasión de los Estados Unidos a Granada, el recién descubierto virus del SIDA. Mientras comenzaba a cuestionarme qué yo quería ser y a dónde quería ir, incidentalmente encontré un poema escrito en una forma muy particular: verso largo y tono bíblico, de fraseo sincopado, como una partitura musical en verbo.

El poema me habló.

“He visto a los más grandes espíritus de mi generación destruidos por la locura, hambrientos, histéricos, desnudos, arrastrándose en la calle al amanecer, buscando una cura violenta.”

Quedé hipnotizado por la crudeza de aquel lenguaje, y a la misma vez por el dolor que transmitía. Era un dolor humano. Un dolor sublime. Era el “Aullido” (“Howl”) de Allen Ginsberg (1926-1997). En medio del rapto que me provocaron aquellas palabras de plumas y navajas, entendí a la poesía como algo más que un mero objeto de apreciación estética. La poesía, en efecto, podía ser tan sublime como peligrosa.

Entonces, encontré respuesta a mis cuestionamientos.

La visión indecible tenía matices de revuelta socio-cultural. Su filosofía albergaba todas las religiones y amparaba a los olvidados de la sociedad, a los marginados de la historia. Es en esta concepción “Whitmanesca” de la sociedad donde entran los puertorriqueños exiliados en Nueva York.

El resto del artículo, junto a escritos de Edmundo Paz Soldán, Santiago Gamboa, León de la Hoz, Amir Valle y Uriel Quesada, por mencionar algunos, lo pueden leer en el siguiente enlace:
http://www.otrolunes.com/html/otra-opinion/otra-opinion-n05-a04-p01-2008.html


You may also like

Blog Archive