SOLO

a mitad de camino, más o menos

amaso la idea de otros pasos,
ahora que la noción de juventud madura,
ahora que la vitalidad se significa en otros términos
entiendo el rompecabezas

la voz se detiene
y la verdad es que
ya nunca me tendré completo

los poemas son una suerte de luto

mi piel arde en el sol de verano
y el aire es la tumba cristalina que recibe la noche
encogida al toque de mis dedos

mi cuerpo queda atrás
como una concha al filo de una playa blanca

bella muerte:
me evaporo como la tinta inerte y en desuso
la voz en marcha, me torno a mitad de camino

entro en movimiento

piedra errante:
voy solo

©2008 Elidio La Torre Lagares
Poema perteneciente a Vicios de construcción (Terranova, 2008), y publicado en la edición anual impresa de la Revista Baquiana (Anuario IX 2007-2008). Agradezco a María Juliana Villafañe por enterarme.
Llueve torrencialmente. Es octubre, y regreso a encontrarme con la memoria. Espesura de furias. La mirada pesada. Un día como hoy, podríamos planificar un asesinato, o comenzar una religión (Morrison), y nadie se enteraría.

La noche enmudece. Supongo que es el lenguaje del tiempo.

Camino bajo la lluvia. En la oscuridad, nadie me ve. Las casas están cerradas. Un sentido de devastación y silencio queda atrapado bajo los alfileres de agua. Uno que otro vecino sale al balcón. Ninguno me reconoce y, ciertamente, no conozco a nadie.

Una danza de árboles enfermos se aviva en el viento. Aparte de esto, nada parece moverse o respirar. Un árbol de tulipán africano despide sus una ácida estela que me devuelve a mi infancia, cuando en la urbanización solíamos recoger los capullos, cortarle las puntas y exprimir de su interior aquel olor maloliente al que regreso de pronto. Entonces todo hace algo de sentido difuso.

Debe ser la edad. La distancia. Desconozco todo.

De una sola cosa quedo seguro: aquí nunca pude haber amado.
Doris Lessing dice que la humanidad debe estar más unida, como plantea en The Cleft (2007). Curioso. Ya lo había dicho Robert Bly. Recientemente, Lessing también lamentaba que las inanidades de la Internet hayan seducido el uso de la razón en aquellos que blogueamos. Tanta humanidad nos afecta. Ayer, un hombre fue arrestado por intentar robarse un par de zapatos deportivos, una manta y un six-pack de cerveza. En Somalia dilapidaron una mujer por adúltera. Otra mujer apareció en pedazos en una paila de pintura. Estados Unidos se mueve a razón de 10,000 despidos de trabajo semanales. Las tropas rusas entrenan en Venezuela. El partido de Democracia Cristiana de Chile desciende de un 20% al 13%. Descubren un complot neo-nazi para asesinar a Obama (“le veo un tiro en la frente”, me dijo una vez mi amigo Héctor Morales). En Panamá se dice que el riesgo de recesión en varias de las principales economías del planeta surge como consecuencia de la crisis financiera en Estados Unidos. So much for seguridad económica. No hay comida en Puerto Rico: los abastos al corriente suplen para sobrevivir un mes (“La paloma”, le llamaba Gaby, mi abuela). El prestigioso periódico La Repubblica de Italia tiene un regalo especial para sus subscriptores: el Calendario Playboy 2009. «Les Italiens sont des Français, qui seraient de bonne humeur» dijo Jean Cocteau. Uno de mis estudiantes, durante una presentación de análisis poético, comentó frente al grupo: «¿Qué les puedo decir? El poema habla por sí solo?». Brilliant. Terminé la traducción de Wonder Bread Hill, de Richard Marx Weinraub, que se titulará Maravilla rebanada: un reto, pues fuimos del pentámetro yámbico al endecasílabo («Who knows what evil lurks in the hearts of men? The Shadow knows!»: Shakespeare). Al capitalismo mundial le tiemblan las piernas: más como Naomi Klein y menos como Vargas Llosa. Quemaron el gasoducto. El alacrán se vuelve mariposa: el gobernador de Puerto Rico –acusado criminalmente por el gobierno federal de los Estados Unidos, quienes intentaron incluso taparle la boca ayer- ocupa 15 minutos en las ondas radiales y televisivas para decir que no tiene casa y se canta middle-lower class. Igual le ha sucedido a miles de puertorriqueños. Dios, si existe, es ciego. Y sordo. En un espíritu ardiente encontramos la presa disfrazada… sátiro de nuestra soledad… no perdona vivir más acá de sus verdades y sus arrebatos (Cioran). PosMo, TransMo, PanaMo, HyperMo, BiMo, UberMo, LePro, NoGo, MyBro. Sólo el poeta toma la responsabilidad del yo (Cioran, encore), disperso o no. Doris Lessing dice que la humanidad debe estar más unida. Al final, dijo Fiodor, todos provenimos de alguna cita en “El capote” de Gógol.

Estoy de vuelta.

Foto "Construcción de un personaje", de Marqa Arquitectos [http://marqa.cl/blog/miscelaneo/2007/05/construyendo-atmosferas-02/]
Por fin llega a mis manos la copia de Contrapunto, revista trimestral (edición de julio a septiembre 2008) editada en Madrid, que se presenta en óptima calidad tanto material como de contenido, y dirigida por Pedro Páramo (no kidding, ese es el nombre). En ella, como había comentado antes, un ensayo de Amir Valle intenta revisitar la novela negra en hispanoamérica y la plantea como la nueva novela política del siglo XXI.

Sin duda, hay dos tipos de novelas negra: en la que la justicia impera y en la que los malos imperan, o simplemente todo se quede igual o peor que al principio, pero que, en todo caso, los buenos no ganan.

En esta entrevista, "siete especialistas de reconocimiento internacional no dudan en hablar de la nueva novela negra iberoamericana" y discuten el estado del género al momento. Los curioso es que coincdimos en muchos puntos: Leonardo Padura , Rolando Hinojosa Smith, Antonio Lozano González, Ernesto Mallo, Jorge Franco, Juan Hernandez Luna y el hijo de Rosa María Lagares, desde puntos geográficos distintos, parecemos hablar, como pocas veces sucede, un mismo idioma.

Lo curioso es ver cómo Jorge Franco y Hernández Luna apuntamos a los mismos referentes que Mallo recoge y unifica.

Anyway, en lo que a mí concierne, las preguntas, más o menos -como las respuestas-, giran en torno a lo siguiente:

1.- ¿Qué entiendes como novela negra?
La novela negra suele tener una plurivalencia de lecturas, aunque esto no sea tan evidente. Por eso me gusta decir que la novela negra tiene varias capas de pieles. Más que un mero relato sobre un acontecimiento policíaco, o el desarrollo de una trama en torno a la resolución de un crimen y su inherente misterio, es una forma de novela política y hasta filosófica. Ciertamente, si la novela negra requiere de un ámbito social específico o de ciertas características, también clama por la resolución de una búsqueda, o la revelación de una verdad en la que es importante entrar el la psiquis de los personajes, sus emociones intrínsecas, defectos, virtudes, fortalezas y debilidades. Es la forma más fiel de representar a perfección una realidad que no es perfecta.

2.- ¿Qué sientes cuándo escuchas decir que la novela negra es un “género menor”?
La categorización de la novela negra como género menor obedece a todo un proyecto que en su momento pretendía aglutinar ciertos valores sociales, artísticos, y por ende, literarios, bajo el parámetro de la alta cultura, totalizadora y homogénea. Después de todo, su factura es moderna. Por supuesto, con el tiempo se convirtió en “branding” de las grandes empresas librescas, un asunto de mercado, como decir un Western Spaghetti, o una Novela Rosa, o de Fantasía, o de Ciencia Ficción. Es como transponer al plano literario las especializaciones que invaden el mundo laboral capitalista y las ciencias para inicios del siglo XX. Es todo parte del mismo programa. Pero ya Conan Doyle, Borges, Cortázar, Chandler, entre otros, han demostrado que en un género que todavía no ha terminado por definirse (como decía Bajtin sobre la novela), es poco consecuente hablar de subgéneros.

3.- Se reconoce que la novela negra es un divertimento y una satisfacción a la necesidad de intriga que tiene el ser humano. Pero se ha dicho que la novela negra latinoamericana tiene otros ingredientes. ¿Cuáles, en tu opinión, serían esos ingredientes?
La novela negra, como toda la literatura y el arte, muy bien entra en ese intento fútil que tiene el ser humano en completarse a sí mismo. Hablo de futilidad en la medida que nunca sabremos que habrá frente a nuestros ojos mañana. La literatura es, en cierto sentido, una reposición de esa carencia. Dentro de esto, más allá de ser un mero relato entretenimiento (que conste: la literatura sí es para entretener también), la novela negra latinoamericana tiene entre sus componentes el efecto de lo social político, menos patente y/o conciente que en la novela histórica, pero no por ello menos importante. Al contrario, la novela negra latinoamericana pudiese leerse –hasta cierto punto- como una sátira revertida de las consecuencias económicas y políticas en Nuestra América. En ese sentido, la novela negra puede ser más efectiva y mordaz que la propia novela política, porque convoca lo lúdico, lo maravilloso real (que no se confunda con lo real maravilloso, ¿eh?), donde la realidad abruma la ficción misma, que es a fin de cuentas la revelación, epifanía o visión indecible que nos avisa que esto ya no es Kansas, Toto.

4.- ¿Qué mirada quieres que dejen tus propias obras en el escenario actual del género?
Con la deferencia que merecen los grandes del género en lengua castellana, como Vázquez Montalban, Juan Madrid, Eduardo Mendoza, Leonardo Padura o Amir Valle, y a pesar que Bolaños la llevó a otra fase, la novela negra por excelencia sigue proviniendo del mundo anglosajón, con mayor fuerza desde los Estados Unidos, donde hay una gran industria cinematográfica que de algún modo se sustenta a la vez que fortalece al género. Para mí, la relación entre cine y literatura corresponde tal vez a la que una vez hubo entre poesía y teatro, y por tanto, mi escritura está infunda de ciertas cualidades cinematográficas. Esto, si se usa bien, agiliza y le da dimensión al género. Pero mi intención con la novela negra es elevarla, nutrirla, dimensionarla. Mi fascinación con las teorías de conspiración –de las cuales, no todos los países latinoamericanos participan tan directamente como participamos los puertorriqueños– fija un territorio poco visitado en la literatura latinoamericana y entrega la novela negra a otro juego, a la hibridad, a la constante reformulación del género. En Puerto Rico, detrás de toda esa violencia de la que hablé, hay una historia que nos han construido, que nos han dado, que hemos heredado, y que repetimos en el tiempo, y en la que me inserto y de la que me alimento. El tipo de novela negra que escribo me permite visitar toda esa geografía de la historia, que es, al fin y al cabo, otra ficción.

5.- ¿Cómo ves el estado de la actual novela negra en tu país?
Pues, todo lo que he expuesto anteriormente se sostiene para la condición de la novela negra en Puerto Rico, con algunos agravantes: si la novela negra es mirada como un género menor, en Puerto Rico es casi inexiste, por considerarse anti-literaria y como quien dice, poco adherida a la hispanofilia. Existe Wilfredo Matos Cintrón, que escribe el tipo de novela “hard-boiled”. Edgardo Rodríguez Juliá ha llevado el género a un estado de aceptación dentro de lo que se consideraría lo “politically correct”, porque es Rodríguez Juliá, y su presencia en nuestra literatura se lo permite. Por supuesto, Luis López Nieves con El corazón de Voltaire ha sentado pautas en las técnicas de narración con una novela donde nunca vemos los personajes, solo sus escritos de correo electrónico. Entre las generaciones más jóvenes, me gustan Rafael Franco Steeves y Juancarlos Quiñones entre las mejores plumas. Le dan aire y vitalidad al género. Pero, debo indicar que existe cierta renuencia de las promociones recientes para tratar el tema político directamente. No obstante, opino que si bien la novela negra proporciona ese medio propicio para crear una literatura que se aparte del canon impuesto en Puerto Rico por los últimos 50 o 60 años, también creo que a este género no se le puede excluir de la visión política. Puerto Rico es un país donde se vive una intensa violencia diariamente. En la ciudad de San Juan, el enclaustramiento colonial, o post-colonial, –sin considerar que es una ciudad “amurallada”– nos ha llevado a ese vórtice donde se nos reducen los espacios físicos y por ende los psicológicos. Todos estos asuntos epistemológicos que se originan en el desarrollo y el deterioro de una “polis”. Claro, creo que en los próximos años veremos emerger la novela negra en Puerto Rico. El momento histórico lo amerita.

And th-th-th-th-that's all, folks...
Entonces llegó, con su manuscrito bajo el brazo -historia curiosamente dos veces ya repetida (el primero fue James R. Cantre) y me dijo que tenía todos los libros de Terranova hasta entonces. Que había leído a Noel Luna, a Javier Ávila y a Néstor Rodríguez (así consta en los epígrafes de algunos poemas). Que tenía ese libro de poemas que quería que yo mirara.

Y nos citamos varias veces en la universidad. Y hablamos de poesía. Y de Sabina. Y yo le dije haz esto y lo otro. Y Ebrahim hizo esto, lo otro y aquello. Doce meses tranquilamente. Los libros no deben tener prisa, yo siempre digo. Y al final, Hervor de la piel.

Que no fue el final, porque a último momento, el libro ya en prensas, Ebrahim quizo disponer de una dedicatoria que ya no era, de ningún modo, meritoria. A correr se dijo, y entonces sí que logramos el libro.

Hervor de la piel, de Ebrahim Narváez, es probablemente el primer poemario que nace de la poesía de más reciente registro.

Así lo confirma Alberto Martínez Márquez, quien me llamó una noche -estaba en un party, las voces de fondo me lo confirmaban- para ofrecerse a presentar el libro. Esto es un evento cósmico, de esos que suceden cuando los planetas se alinean, o hay eclipses lunares -me refiero al de alguien ofrecerse a presentar la obra de otra persona, sea Alberto o cualquier otro-.

Y fue bonito: en la librería Isla, Alberto lo resumió todo:

"El paso de lo orgánico a lo trascendental muestra en Hervor en la piel una poética consciente de sí misma, que alcanza una plenitud definitiva en el incesante devenir de su palabra. Con este poemario, Ebrahim Narváez se consagra como una de las voces emergentes que ya han comenzado a redefinir el curso de de la poesía puertorriqueña actual".

Ya Felix Córdova Iturregui lo había resumido en una oración: "Aquí hay un poeta".

Suficiente. Un poeta. Eso. Un amigo. Mejor ser humano.

Y cómo gusta ese librito...

Luego les cuento de James y Abdiel.



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