Medias a medias

Desde que el caos reina, ya queda poco interés en la validez del misterio. Pero yo le voy a que no, que aún quedan cosas cuyo conocimiento en pleno nos es vedado, al menos en vida. Todavía no sabemos nada de las civilizaciones mesoamericanas desaparecidas en Chichen Itza, igual que sucedió en Macchu Pichu; o de la esfinge egipcia; del paradero del Santo Grial; o de Excalibur; o del presupuesto del gobierno de Puerto Rico.

Todos estos mitos, de alguna manera, sostienen una ficción perdida en nuestra existencia terrenal. Como, por ejemplo, ¿por qué razón oscura los santos patrones del pueblo de Adjuntas son San Joaquín y Santa Ana, los supuestos padres de la Virgen María, y quienes, contrario al Cameo que hace su hija en la Biblia, ellos ni siquiera son mencionados? Sobre esto, ya hablaremos en otro momento. Pero el punto aquí es que todavía quedan misterios que sobrepasan el caos. Y prueba de ello la tengo frente a mí en este momento sobre mi cama: cinco medias sin su correspondiente pareja complementaria.

¡Alás! Aquel que nunca haya perdido una media en la lavadora, que dé un paso adelante y arroje la piedra de la solución, ya que no le voy a creer nada más porque lo diga. Lo siento. Las medias son pares idénticos, ruedas de un mismo eje, y no opuestos binarios que se cancelan, en tanto la ausencia de una ratifica la presencia de la otra. Por eso, aquella canción "Where Do The Children Go?" (¿Se acuerdan de The Hooters? La banda, quiero decir, no la cadena de restaurantes del mismo nombre.) debe ser reescrita como "Where Do Socks Go?"

Debe existir algo así como una ciudad de las medias perdidas, porque tantas medias cojas, medias divorciadas, medias separadas de su otredad significante carecen de fundamento empírico y/o racional. Nincycle, le llaman, por la capacidad ninja de desaparecer, entre los ciclos de lavado, sin dejar rastro alguno.

Y es peor: ¿De qué sirve una media sola? Digo, las medias timbran en rima par consonante. Aquí no hay media libre. Ah, pero yo no soy el Príncipe Hamlet, y la gran pregunta no es esa, no, sino, ¿adónde fueron a dar? Nada en la medianía.

Medianamente, pudiera tratarse de un caso de estudio en física cuántica, dado que los giros de la lavadora automática de ropa genera, en sus infinitas vueltas, una especie de centrífuga, que seguramente abre un espacio inacabable en el vacío, a manera de hoyo negro, por donde escapan las medias como un alma que se eteriza al Nirvana. ¿Y qué si Bukowski dice que eso (el Nirvana) no es posible? Él no usaba medias.

En el espacio sideral, si la masa de una estrella que estalla es mayor que ocho veces la masa del Sol, el resultado del colapso será un hoyo negro. Y todo lo que se le acerque queda succionado. Algo parecido, pero en sentido inverso, debe suscitarse dentro de la maldita lavadora.

Por el momento, ni medias a media ni Medias Rojas. Si Moctezuma nunca tomaba de la misma copa o vestía los mismos ropajes dos veces, me daré a la resignación de hacer lo mismo con mis medias, pues para casamientos, un juez o un cura.


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