Equinoccio de Primavera: Happy Birthday, Terranova, entre Vividores y Requiém

logo terranova solo circlenew copy Darse las veces de hacer lo mismo de diversas maneras, y cada vez como si fuera por vez primera.

Por seis años –y quince de mi vida profesional, los últimos dos junto a AnaIve– esa ha sido mi intención.

Anoche, 21 de marzo de 2009, ante casa llena, la antología Vivir del cuento, del colectivo literario del mismo nombre, se presentó en la librería Borders de Plaza Las Américas. Éxito para Isamari Castrodad, Shara Lávender, Blancairis Miranda, Luccia Reverón, Sandra Santana, Andrés O’Neil, Juan Felix Algarín y Héctor Morales, los autoproclamados “Vividores” del cuento, que han venido a llenar un vacío en la literatura de gusto popular.

El evento no podía llegar en mejor momento: era el Equinoccio de Primavera, fecha escogida con toda la intención pagana de darle la bienvenida a la vida a un proyecto editorial, que es Terranova.

El logotipo, un signo shamánico, no es casual.

Los Vividores no están solos. Van de buena compañía: Corsario, de Luis Asencio Camacho; La lengua y otros dialectos, de Luis Saldaña; El fondillo maravilloso, de Tere Dávila; Equus Rex, de Jaime Marzán; Náyade, de Jorge Valentine; y todos se unen a otros libros premiados como El centinela y otros mini-cuentos, de Gary Morales; La soberbia venganza del verbo, de Rubén Javier Nazario; Ojos de luna, de Yolanda Arroyo y Pelo bueno, pelo malo, de Carmen Montañez.

La poesía prima: Noel Luna, Javier Ávila, Néstor Rodríguez, Abdiel Echevarría, Kattia Chico, Maribel Ortiz y Martin Espada han sido todos premiados. Igual Lowell Fiet, Edgardo Soto y Elidio La Torre Lagares.

No todo es premio o acontecimiento del año: Guillermo Rebollo-Gil, Néstor Barreto, Sofía Irene Cardona, Mara Pastor, Ebrahim Narváez, Iris Miranda, José J. Bonhomme, Israel Ruiz Cumba, James Cantre, Juan Carlos López, Marcos Pérez, Mario R. Cancel, Aurora Arias y Amir Valle, entre otros valiosos escritores, han pasado por aquí.

Y fue anoche, comienzo de la primavera, cuando, ante un lleno total en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico, se estrenó el Requiém Domesticus, y fue un éxito absoluto.

Trabajo hecho.

Es tiempo de moverse.



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