Palabra cedida: “El arte de la denuncia” según Lilliana Ramos Collado

violencia contra la mujer ¿Qué tienen en común Palestrina, Mozart, Verdi, Brahms, Björk y Vázquez? Todos compusieron misas de réquiem. ¿ Qué comparten Masaccio, Miguel Ángel, Tiziano, Rubens, Velázquez, Picasso, Dalí, Chagall, Mapplethorpe y Sambolín? Todos elaboraron imágenes de la crucifixión de Cristo.

Pero en las obras de los puertorriqueños Carlos Alberto Vázquez y Nelson Sambolín, la protagonista es una mujer. Sus obras versan, no sobre el descanso eterno de algún potentado o sobre el Cristo martirizado, sino sobre las mujeres víctimas de la violencia doméstica.

Hoy estrena, en el Teatro de la UPR, el “Requiem Domesticus”, composición musical de Carlos Alberto Vázquez, comisionada por el Recinto de Río Piedras para inaugurar su nuevo órgano de pipas.

En el texto cantado dialogan la liturgia latina del réquiem con poemas en español en que una mujer expresa ante el Dominus su dolor y su miseria. La tradición paternalista se enfrenta aquí al reclamo femenino usualmente excluido del réquiem: el dolor que suscita la violencia doméstica ante la cual tantas mujeres sucumben bajo la fuerza de aquéllos que prometieron protegerlas.

Los impecables poemas de Elidio La Torre Lagares denuncian una tradición musical que suele soslayar la voz femenina al pasar por alto el drama de la intimidad, drama que cobra cada día más víctimas. Este magno evento constituye un “first” en la tradición mundial de la misa de réquiem.

Para la ocasión, Nelson Sambolín, el gran artista gráfico puertorriqueño, confeccionó un cartel conmemorativo de gran tamaño que acoge la denuncia social de la obra de Vázquez. Sambolín también usa motivos del arte religioso tradicional y resignifica esas imágenes.

Su “crucificada” es una mujer, parte de cuyo cuerpo desnudo sobrevuela una columna de la arcada del Teatro. Reconocemos el tópico de la crucifixión por la pose de la mujer, parecida a la de los Cristos crucificados de Miguel Ángel, Rubens y Goya: cuerpos en plena juventud, cuyo sacrificio se vuelve entonces más notorio y lamentable.

El cuerpo femenino desnudo, abocetado en crayón litográfico y huérfano de color, con piernas apretadas y pies cruzados, asciende hasta perderse sobre el borde superior del cartel. Debajo, un sátiro se retuerce y baila con su báculo de tirso sobre una columna en rojo llamativo.

Presentar la esencia de la violencia doméstica es el reto que enfrenta exitosamente el cartel de Sambolín. En vez de explicarlo todo, prefiere, al igual que Vázquez y La Torre, sugerir las fuerzas en tensión: la tradición paternalista versus la indefensa desnudez del cuerpo femenino. Igualmente, en este réquiem, los parlamentos de la mujer son más humanos y contundentes que los versos admonitorios del texto latino. Aquí, la mujer gana la batalla por el lenguaje.

Pero, como decía La Lupe, todo esto es “puro teatro”. Lo importante del Requiem Domesticus y del cartel conmemorativo es que escenifican una denuncia contra la relación peligrosamente desigual entre hombres y mujeres en nuestra sociedad.

Esta lucha entre tradición y justicia nos convoca a una reflexión profunda sobre este abuso que trunca las vidas de tantas mujeres en Puerto Rico.

Como sabemos, la Ley —incluso la Ley 54 sobre violencia doméstica— siempre llega tarde a la escena del crimen. Carlos Vázquez, Elidio La Torre y Nelson Sambolín, artistas puertorriqueños extraordinarios, al cuestionar la tradición desde dentro de la cultura, nos incitan a una mayor conciencia, a emprender la ruta —ardua pero indispensable— hacia la justicia doméstica. ¡Que ninguno de nosotros descanse en paz hasta alcanzar esa justicia!

 

Publicado el sábado 21 de marzo de 2008, Día del Equinoccio de Primavera, en el periódico El Nuevo Día.



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