brizna III

pink_cad III.

Conducimos en un Cadillac rosado de asientos blancos y, no, no es una canción de Bruce Springsteen. Somos una gota de Pepto Bismol sobre ruedas. Uma deja su cabello ondular entre la franja de viento que vamos abriendo con la velocidad. La miro y pienso en el tiempo que llevamos juntos: a penas, unas horas calvas. Su boca, dibujada por el intenso rojo del lápiz labial, viaja en una sonrisa. Me percato de que el paisaje que vamos rebasando asemeja una dentadura disforme. Nada, en este momento, me parece más maleable que el tiempo. Entonces, avanzamos en espacio.

—¿Cómo dices se llama el hombre qué vamos a conocer? —pregunto.

—No he mencionado el nombre —dice, sus ojos fundidos tras dos planetas de vidrio ambarino que le hacen de gafas—. Y ya yo le conozco; tú eres el extraño aquí.

La sinceridad a veces sobra. Es la historia natural del modo.



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