La risa peligrosa de un miniaturista

dangerous_laughter_large Steven Millhauser, ganador del Puliter por su novela Martin Dressler: The Tale of an American Dreamer y autor del relato “Eisenheim, The Illusionist”, el cual fuera llevada al cine bajo el titulo “The Illusionist”, es un fabulador cuya entrega más reciente, Dangerous Laughter, estuve leyendo entre bocanadas de aire que me tomaba hasta hace poco mientras trabajaba con Du Certau, Simmel, Benjamin y De Diego Padró. Son 13 cuentos de verdadera factura literaria que se alimentan de lo absurdo, la fantasía y la ficción distópica, y cuyo anclaje temático hace honor a la fama de Millhauser (1943)como “miniaturista”, o hacedor de historias que atomizan un aspecto especifico de la vida para resaltar con simpleza la complejidad de la existencia.

La escritura de Millhauser tiene más Blade Runner que Borges (con quien se le ha comparado). Más Bradbury que Kafka. Más Orwell que Gogol. Mas cartoons que reality TV. Mas es todo esto a la vez. Millhauser es un fabulador sin el sarcasmo de Vonnegut.

De todos los cuentos, “A Change in Fashion” me impacta por su prosa devastadora en donde el narrador retoma la historia de la moda según impuesta por los hombres, desde la poca ropa, pasando por la época victoriana hasta la minifalda y de vuelta a cubrirse de pies a cabeza hasta que un día las mujeres terminan inmovilizándose, a tal punto que cuando a alguien se le ocurre buscar debajo de tanta ropa, sólo encuentra un traje vacío. El tema de la elaboración de las narrativas sociales se repite en “The Dome”.

Y esta historia ni siquiera pertenece a la sección subtitulada “Vanishing Acts”, en la que, como se infiere, se disuelven las subjetividades de los protagonistas. En el cuento que da título al libro, por ejemplo, un grupo de adolecentes inventa un juego: decir una palabra de cierta manera, con cierta inflexión y tonalidad, que logre revelar la estupidez inherente de la misma.

El asunto crece proporcionalmente hacia afuera y hacia adentro: por un lado, comienzan a surgir “laughter clubs” en toda la ciudad y la gente comienza a terner orgasmos de la risa y hasta morirse de la risa, literalmente; por otro, el narrador inventor del juego comienza a sentirse excluído de la experiencia y la risa adquiere una dimensión casi espiritual, mística: el holy grail que el narrador busca y no encuentra. De hecho, de orden espiritual –sin sermoneo; más Siddhartha que la Biblia- son los cuentos “History of a Disturbance” y “The Wizard of West Orange”, que tienen implicaciones de un budismo posmoderno.

Los cuentos de Millhauser son sistemas, lo que demuestra que la rareza onírica no implica un divorcio del principio organizativo estructural; por el contrario, estos cuentos asumen al lector y lo atrapan entre sus estructuras intricadas, algo siempre apreciable en un buen escritor. Queda al final lo más valorable en una lectura: que le hayan dicho algo a uno, aunque sea un invento o una ilusión.



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