Reformulaciones de lo boricua

peseta_boricua Tendríamos que admitir que ser puertorriqueño a principios del siglo XXI es, como en La Guaracha del Macho Camacho, una cosa fenomenal.

Nos reinventamos continuamente. Y es que como dijera Luis Aguilar León sobre los cubanos, los puertorriqueños “nacen con sabiduría”. No necesitamos viajar, ¡todo lo hemos visto! Los puertorriqueños somos algo así como el pueblo escogido... por nosotros mismos.

El pensamiento me viene dado que, recientemente, unas visitantes europeas le expresaron a una amiga mía el deseo de desayunar a lo puertorriqueño. Las invitadas quedaron un tanto desilusionadas cuando mi amiga las agasajó con unos huevos revueltos y tocineta. Esto no es boricua, dijeron.

Entonces, ¿qué es un desayuno boricua?

A ver. La respuesta tendría que venir, por supuesto, desligada de cualquier sentimiento romántico por los farináceos que una vez fueron nuestra dieta principal, por aquel pan con mantequilla y café que si bien a veces resuelve, no es nuestro concepto de la primera comida del día. Yo hablo de lo que verdaderamente comemos en la mañana. ¿Special K? ¿Pop Tarts? ¿Frutas? ¡Ah! ¿Cuáles? ¿Manzanas de Adjuntas? ¿Peras de Ciales?

Pero, desayuno aparte, habría que ver las grandes innovaciones en nuestra cultura que son pruebas que somos un pueblo en formación híbrida. Aquí todo es mezcla. Por ejemplo, hace poco, camino a Aguadilla, encontré un establecimiento que se llamaba “Lechonera Pollochón”. Y es que en Borinquén adobamos el pavo –una comida que apenas se metió en nuestras cocinas el siglo pasado– como si fuera un cerdo a la varita. Y de ahí, el “pavochón”. Pero, ¿pollochón? Seguro que pronto tendremos el “lechollo”, con la receta secreta del coronel y todo.

A todo esto, según datos del Departamento de Asuntos del Consumidor, y por medida legislativa, la canasta alimentaria básica de un puertorriqueño ha sido reinventada para incluir un celular. ¡Un teléfono móvil! Por Dios. Seguro que nuestros índices de obesidad –una de las cosas que, junto a la gasolina y el costo de vida, aumentan continua y misteriosamente– no van a reducir por esto.

También contamos ahora con el reggaetón como música autóctona. El género, que surge como mezcla del dancehall reggae jamaiquino y del hip-hop estadounidense, ha desplazado a otros géneros musicales en términos de difusión. Dios nos libre de unas fiestas patronales sin Reggaetón Todopoderoso. El reggaetón ha venido a ser como una trova urbana en el presente siglo y la madre del que no haga el coro.

Aquí mezclamos todo: desde el idioma hasta los tragos, desde arroz y habichuelas con pechugas Cordon Blu hasta tostones con pico de gallo; todo se “aboricua”, desde Chili’s hasta Denny’s, desde Wal-Mart hasta K-Mart. Todos los shopping malls se llaman “mall” o “plaza”, mientras las verdaderas plazas las dejan para poblarse de desempleados. Y póngale el sello: si la candidata a Miss Puerto Rico Universe se llama Aeropagita, demos por seguro que el registro demográfico se abarrotará de miles y miles de Aeropagitas. En cuanto a la literatura, mientras menos gente lea un libro, mejor es (ésto no es cinismo: ésto me lo dijo un escritor boricua). Pero, como diría el Dr. Aguilar León, los puertorriqueños no necesitamos leer: ¡todo lo sabemos!

Claro. Ahora, dada la reciente situación en la televisión local, pronto tendremos a Los Tigres del Norte y a Albita como embajadores culturales, y todo irá de estar a fuego a estar padrísimo.

Pero seguimos formándonos. No estamos acabados aún. Estas son sólo algunas de nuestras minucias en Genérika…



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