La heroificación de Steve McNair

mt1156112322 El más reciente objeto de heroificación estadounidense es Steve McNair, hoy recipiente de halagos, homenajes y servicios religiosos para la salvación de su alma. McNair fue deportista estrella de los Titans de Tennessee y de los Ravens de Baltimore y condujo a ambos equipos al punto de mayor proximidad en tanto al Super Bowl, el Holy Grail del deporte americano, aunque, como buen rey Arturo, nunca lo obtuvo.

Pero el ‘si tan sólo’ a veces puede ser muy poderoso…

Como mariscal de campo –quarterback-, fue un determinado líder en la cancha y realizó proezas, pues, heroicas que fueron muy celebradas por la fanaticada.

El pasado 4 de julio, día de los héroes de la revolución americana, McNair fue asesinado, como informa la prensa estadounidense, por su “novia” de veinte años de edad, Sahel Kazemi, quien cometió suicidio tras el crimen.

El mundo del deporte, desde ESPN hasta la NFL, se olvidó de la pose de macho cabrío para llorar la pérdida de la estrella del futbol americano. En Tennessee, y a lo largo de la conocida “Bible Belt”, ese frente sureño de fundamentalismo protestante y conservadurismo social, el nombre de McNair fue enaltecido en alabanzas. Un héroe, dijeron muchos.

El acto de heroificar, si bien trata de resaltar las hazañas de una persona, es más un modo de percepción subjetiva. Se construye al héroe y se mitifica.

No me alzo en puritanismos consustanciales, pero McNair no fue asesinado por su “novia”; era su amante. La prensa, claro, ha observado muy bien el lenguaje con el que se refieren al caso.

El futbolista, casado y con hijos, llevaba tiempo en andadas poco auspiciosas para su imagen. En algunos medios noticiosos, se ha vendido la idea de que Sahel, quien conoció a McNair en el restaurante donde ella trabajaba como mesera, perseguía a la estrella deportista.

Como en toda caída heroica, la presencia de una mujer fatal es necesaria.

No obstante, el apartamento que ambos compartían y la Escalade que él le obsequió a ella apuntan a que aquí existía una relación formalizada.

Días antes que fuera asesinado, McNair y su amante fueron detenidos por la policía. La chica conducía bajo los efectos de sustancias embriagantes, y fue arrestada, multada y citada a corte. A McNair, líder cívico conocido y admirado, le dejaron ir, a pesar de un dudoso historial policíaco que nadie quiso resaltar. Luego, él mismo se encargó de fiar a su chica.

McNair impartía clases bíblicas en Nashville. Su pastor, Joseph Walker III, exaltó el compromiso del atleta con Dios e invitó a aquellos que hoy lo critican a arrojar la primera piedra. No era un hombre perfecto, agregó. Todo fue culpa del diablo, dijo su madre. Fanáticos, compañeros de equipo y otros conocedores del deporte lo declararon finalmente héroe, un ejemplo a seguir.

Y me perdí. Lo siento, pero me perdí.

El día de su sepelio, su esposa e hijos no levantaron la mirada en ningún momento.



You may also like

Blog Archive

Search This Blog

Loading...