La violencia del silencio: ensayo breve en El Nuevo Día

Odilon_Redon_Silncio El rotativo El Nuevo Día acaba de publicar un breve ensayo mío titulado “La violencia del silencio”. El mismo aparece en la página 59 de la edición impresa (miércoles 16 de septiembre de 2009, sección Perspectiva). Anoche estuvimos en Cultura Viva junto a Edgardo Rodríguez Juliá y coincidimos en varios puntos que dejo en manifiesto en mi escrito. Así, para nunca callar, les dejo aquí con el texto integro del mismo:

»Probablemente, de manera sinuosa, y de menos impacto físico en los individuos que constituyen una multiplicidad social, la censura se apura como un modo de violencia pasiva, pero, al fin y al cabo, un golpe contundente contra el estandarte fundacional de un pueblo, que es su pensamiento. No debe sorprender que la reciente postura asumida por el Departamento de Educación al prohibir terminantemente la divulgación de ciertos textos seminales de nuestra literatura puertorriqueña e hispanoamericana. La manera violenta con que se acallan las voces de estos escritores equivale a lo acontecido en la Avenida Universidad hace dos semanas atrás, donde unos estudiantes -a quienes se les delegará el país futuro- fueron atacados impunemente y sin razón.

La existencia humana es pluralidad y diferencia, un principio pedagógico que si bien estructura diversos acercamientos curriculares pertinentes en otros países, para nuestro sistema de enseñanza, decididamente, no parece haber tal apertura. Y todo esto surge cuando, justamente, los textos que nuestros estudiantes leen merecen ampliarse, no reducirse. Esa es la condición de espacio que rige el desarrollo intelectual de un pueblo, nación o mundo: la expansión del pensamiento y el libre flujo de ideas.

El mal mayor queda en la gesta, en la iniciativa de responder a unos ideales condicionados unilateralmente y, consecuentemente, en la formación descontextualizada en la que se desarrollarán nuestros estudiantes. Porque, hemos de reconocer, no hay palabras malas, sino las malas intensiones con las que se enuncian. El acto de violencia, precisamente, recurre en la manera en que se coarta al individuo de su libertad de expresión; violencia es privar a un individuo de completarse como un ser pensante en el tiempo.

De hecho, no debe quedar sin atribuir que los textos se rechazan por ser “burdos” y “soeces”, adjetivos que los avatares de nuestra educación utilizan como refuerzo de presunta lógica ante la medida censora, mas todo lo que queda al relieve es el hecho de que Educación fomenta un clasismo estridente, lo cual nos rememora otros notorios calificativos de reciente cuña en nuestra historia social y política, algo así como “crápulas” y “garrapatitas”. Esa manera de articular un desprecio hacia lo que por obra y desgracia del propio sistema de educación subraya las desigualdades sociales es peligrosa.

Hablamos ya de una narrativa de selección unilateral elitista y aniquilación del elemento disonante, disconforme y desigual. Hablamos de una ficción de vida que no compagina con la realidad social de nuestros tiempos. Hablamos, en el mejor sentido Foucaultiano, de disciplina y castigo como recursos de poder e imposición, no como reformación del sujeto. Hablamos de un discurso de desarticulación del elemento que precisa la construcción de una cultura: la pluralidad de pensamiento. Y todo se suma a la imposición de un estado de gobierno totalitario.

http://www.elnuevodia.com/columna/615696/

(Foto: Odilio Redón- “Silencio”)



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