vanguardias01 Crear siempre es una manera de expandir el horizonte, aunque no se vean. Así que en Puerto Rico, todo escritor (menos uno que conocí) tiene una deuda con lo que le precede. Aunque sea para reprocharle, ¿no? De ese diafragma de lecturas, no cabe duda que los vanguardistas merecen un lugar particular, sobre todo en un país que produjo siete movimientos literarios vanguardistas, más que ningún otro país en Latinoamerica.

De la mano de las doctoras Amarilis Carrero Peña y Carmen M. Rivera Villegas, nos llega bajo el sello de Ediciones De La Discreta (España), la compilación crítica Las vanguardias en Puerto Rico.

El libro, dicen las editoras, surge ante la necesidad de proponer nuevas lecturas en torno al tema de las vanguardias en Puerto Rico. “Nos planteamos como objetivo principal convocar y propiciar un diálogo crítico, que consideramos imperioso frente a la escasez de referencias actuales sobre el tema. Recibimos, sin sospechar que así sería, una respuesta amplia y entusiasta por parte de distinguidos estudiosos, prestos a contribuir, desde su particular postura, al desarrollo de este diálogo. Nuestro trabajo es evidencia de la riqueza crítica que se obtiene cuando se practica una cultura de investigación colaborativa”.

Algunos de los críticos incluídos son María Elena Rodríguez Castro (“Silencios y estridencias: las vanguardias en Puerto Rico”); Ivette López Jiménez (“Julia de Burgos: el talante vanguardista”); Alberto Ameal Pérez (“El rostro vanguardista de la emigración: En Babia de José de Diego Padró”); Jaime L. Martel Morales (“Contracultura y vanguardia en la música popular puertorriqueña”), Mario R. Cancel (“Vanguardismo, neovanguardismo y narración: la nueva narrativa puertorriqueña”) y, claro, las propias editoras, Amarilis y Carmen, con  “Interior: Eros, creación poética e intentos vanguardistas en la poesía de Amelia Ceide”, entre otras distinguidas plumas.

Mi colaboración se titula “El poeta ante la modernidad: Responsos a mis poemas náufragos de Graciany Miranda Archilla”.

poesia es1 El Segundo Festival Internacional de la Poesía ha dado comienzo hoy lunes, 26 de octubre con los Actos de Apertura celebrados en el Teatro de la Universidad Interamericana, Recinto Metropolitano, cede del evento. Desde mañana martes 27 al jueves 29 de octubre, el festival se desplaza hacia Casa de España, donde el miércoles 28 se celebrará una Mesa Redonda en torno al poeta Miguel Hernándes en la Biblioteca de Casa de España.

Entre otras plazas de lectura, el martes 27 de octubre en la mañana,  en el Aula Magna de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, a las 10:00 a.m., se celebrará  una lectura a la que he sido invitado y que honrosamente he aceptado. La misma será coordinada por Wenceslao Serra y cuenta con los siguientes poetas:

Anamaría Mayol, Argentina
Fernando Pistilli Miranda, Paraguay
Osvaldo Sauma, Costa Rica
Lilliana Ramos Collado, Puerto Rico
Juan Mestas, Puerto Rico
Ángel Luis Méndez, Puerto Rico
Félix Córdova, Puerto Rico

El programa completo se encuentra al pulsar aquí.

festival está dedicado a Vicente Rodríguez Nietzche, quien ha luchado durante años para hacer posible este festival, además de haber presidido la primera edición del mismo. Se le reconoce como uno de los poetas más importantes de la Generación del 60 en Puerto Rico, y luego de mil otras maneras.

Otros recitales se celebrarán en la Universidad Metropolitana (UMET), Cupey; Universidad Interamericana Recinto Metropolitano, así como en los siguientes Recintos de Arecibo, Utuado, Bayamón, Cayey y Humacao; la Universida del Turabo en Argentina Hills; la Pontificia Universidad Católica de Ponce; American University y Universidad Interamericana de Barranquitas, entre otras.

La clausura será una fiesta de pueblo en la Plaza Pública del Municipio de Mayagüez el viernes, 30 de octubre a partir de las 7:00 pm.

 alg_fire_gas_warehouse “…ahogando el Suzuki con gasolina Gulf verdugo inclemente de Cataño a rojizo nocturno […]”

Así dice uno de los versos del poema que d título a mi primer libro de poemas, “Embudo”, escrito en 1989, publicado en 1994, y reeditado en el 2009 en la segunda edición del libro.

Y anoche se estremeció el cielo de la ciudad cuando una explosión en la Caribbean Petroleum Corp. iluminó de rojo la calmada noche. Las facilidades de la planta refinadora de petróleo crudo pertenecen a la compañía de gasolinas Gulf.

A veces uno no comprende por qué dice ciertas cosas que el tiempo se encarga de devolver.

maira Nunca son todos los que dicen ser y no siempre se dicen todos los que son.

Mara Daisy Cruz, directora de la revista Nuevas Letras y subadministradora de Ciudad Seva, hace pública la reciente selección de la escritora Maira Landa como una de las cinco finalistas del Premio Planeta de Novela, que recientemente se otorgara a Angeles Caso con El peso de las sombras.

Landa se presentó al premio con su novela Concierto para Leah, según anuncia en su comunicado Mara Daisy, ante 492 novelas que participaron en el concurso de mayor prestigio y dotación económica en la literatura en española.

"Concierto para Leah" es la historia de una niña con un talento prodigioso para tocar el violín. En las postrimerías de la segunda guerra mundial, Leah y su familia escapan a Cuba en un barco repleto de judíos que, como ellos, buscan escapar de los Nazis. La negación del gobierno cubano de recibir a los refugiados los obliga a regresar a Europa. Meses después, el sueño de la niña de ser concertista es interrumpido por un destierro a Auschwitz que destruirá su carrera, la enfrentará a El ángel de la muerte y, al igual que el número que le tatuaron en el brazo, no podrá borrar de su vida jamás.

Landa es egresada del Programa de Maestría en Creación Literaria en la Universidad del Sagrado Corazón.

¡Enhorabuena!

ImperialismoMacdonals La noche del sábado, en el municipio de Toa Baja, ocho personas fueron asesinadas y otras veinte heridas mientras se encontraban en el negocio La Tómbola. El acto, con proporciones de masacre, impactó los principales medios de prensa de tal manera que pocos dirían que apenas el jueves pasado, el país se encontraba manifestando en un histórico paro nacional.

De pronto, la legislatura se apresta a ilegalizar la venta de alcohol después de la media noche; de pronto, Puerto Rico se encuentra deshumanizado por una guerra civil subterránea, como aludieron las autoridades; de pronto, Juan Vélez, ganador de Objetivo Fama, esperará al nacimiento de un niño cuya paternidad se adjudica al cantante coameño para hacerse las pruebas de rigor que diluciden semejante conflicto; de pronto, Miguel Cotto revela su lado fashion. Entramos a la narrativa sentimental provocada por los sentimientos de pérdida –pérdida de trabajo, estabilidad económica y certidumbre política.

Ciertamente, y a mí entender, la participación cívica durante el paro laboral la semana pasada, no fue sustanciosa, si bien concedo que fue lo suficientemente concurrida para hacer llegar el mensaje de desencanto con el gobierno de Luis Fortuño. Aparte de la zona metropolitana de San Juan, el resto del país se mantuvo en funciones. Y justamente el fin de semana después, llega la masacre de Toa Baja.

Estamos, justamente, en esta comunidad imaginada que es la Hiber Nación®.

Los que perpetuaron los asesinatos, como los blancos que perseguían, no están afectados por las decisiones gubernamentales de despido de empleados, ni tampoco rinden cuentas con el erario, ni se les vienen encima el nuevo impuesto por la propiedad y tampoco se ven afectados y mucho menos amenazados por los llamados “grandes intereses” de las corporaciones privadas.

A la Hiber Nación® la mece la narcoeconomía.

De la masacre, no hubo testigos. Nadie nunca ve nada. Impera el código del silencio. La ciudad se convierte en un gran arrabal.

Estamos, señoras y señores, ante la posible revelación de que nos cruza cierto modo de narcopolítica (el negocio donde ocurrió la masacre había sido cerrado y sus permisos cancelados, solo para comenzar operaciones de nuevo).

Aquí no harán falta medidas profilácticas: nos matamos unos a otros, todos somos Caín y cualquiera que disienta es Abel.

Y detrás de todo, nos situamos ante el narcocolonialismo, condición adormecedora en este lugar impensado que es la Hiber Nación.

Pasemos las papitas de McDonald’s.

portada-missing Hace poco, alguien en este blog se sorprendió que mi poemario PopSickle (a work in progress), llevara título en inglés. Me preguntó y mi contestación fue franca: «Porque la mayoría de la gente no entiende mandarín».

Está bien, puede que sea una grosería, pero hay cosas de la vida de un escritor que no se preguntan.

El anónimo (estas cosas siempre pasan con anónimos), se molestó muchísimo. No me lo dijo: simplemente, yo trabajo con textos y sé leer el tono de estas cosas.

Buenos, pues ahora la pregunta para Alberto Fuguet sería la misma. La contestación sería una de dos: a-) porque el personaje se pierde en Estados Unidos, igual que nosotros los intervenidos; b-) porque le sale de los regalados gemelos que le cuelgan ponerle un título en inglés.

Un extracto del libro, dispuesto en la pagina de Fuguet en Facebook, se recoge aquí:

En un país de desaparecidos, desaparecer es fácil. El esfuerzo se concentra en los muertos. Los vivos, entonces, podemos esfumarnos rápido. Es como ese álbum de The Godfathers : Birth ,School, Work and Death . Nací, cierto, terminé, apenas, el colegio. Me quedaba trabajar y morir. Una vez una profe me dijo que estaba perdido.

Le dije: para perderse primero te tienes que encontrar.
Luego pensé: ¿Y si es al revés?

Llevo seis años borrado. He estado en muchas partes, he hecho cosas que no hubiera querido hacer. Abandoné todo y me abandoné. Nunca más se supo, nunca mas supieron de mí.

¿Han estado alguna vez en Kentucky?

Seguí, como un cachorro, a una cajera de K-Mart. Terminé, sin querer, enseñándole inglés a niños refugiados. Los ayudaba a resucitar. Era bueno. Uno de ellos murió en mis brazos. Se cayó del columpio. Lo empujé demasiado alto y voló. Detectaron alcohol en mi sangre. Bourbon al medio día. Inmigración golpeó mi celda.
El tipo de mi lado, duerme. Le robo el diario.

Me entero que mi padre se mató en un accidente carretero, en algún puto lugar de la noche. Es una noticia pequeña, de dos líneas. No me sorprende. Aterrizamos. Alguien, atrás , aplaude. La cordillera está nevada. Salgo de la terminal, respiro. Reviso mis dólares. Me doy media vuelta. Miro la pantalla.
¿Han estado alguna vez en Madagascar?

naipaul Al toparme hoy con mi copia de Miguel Street, fue inevitable abrirlo al azar y detenerme a leerlo espontáneamente y terminar digiriendo al menos dos o tres historias. La pulcritud estilística de V.S. Naipaul, aún al reproducir gráficamente las inflexiones idiomáticas del idioma inglés de su nativa Trinidad, siempre se asienta con comodidad en el acto lector.

Miguel Street es un libro de relatos cortos de tal sorprendente unidad y coherencia que es lo más cerca a lo que alguna gente ha llamado “novela cuentada”, cosa que, como he insistido, es un oxímoron, un disparate o un invento natimuerto. Pese a que en Miguel Street predomina el mismo narrador en la mayoría de los cuentos, y los personajes se repiten en varias historias, se requiere algo más que esto y una calle en común (la Calle Miguel) para que sea novela.

Eso sí: Naipaul es inclemente con su sátira, perverso en la ironía, sádico en el comentario social.

Por todo esto, el premio Nobel 2001 es probablemente el escritor más leído del Caribe franco-anglófono fuera de su país, y el más odiado en su propia tierra. Su condición de persona non-grata ha sido articulada por sus colegas, pues entienden que el escritor indo-caribeño ridiculiza y se burla de las tensiones culturales que dan forma a la vida en la isla de Trinidad.

Yo, por supuesto, difiero.

Es muy fácil decir que Naipaul tiene una visión pesimista de su país cuando, bien estudiado, vemos que es una apuesta narrativa que podría contestar el cuestionamiento de Gayatri Spivak sobre si, en las sociedades oprimidas, el subalterno tiene voz o no. El sincretismo de donde se substraen los personajes de Naipaul es el mismo que da origen, incluso, a aquel concepto de Carpentier sobre lo real maravilloso. Pero en Miguel Street (1956), como sucede en The Mystic Masseur (1957) y A House for Mr. Biswas (1961), lo maravilloso es cuán real son estas narraciones.

Sir Vidiadhar Surajprasad (armado caballero inglés desde 1990) es un insoportable que se ha cargado a Dickens,a Austen, a Hemingway y a Joyce, a quienes considera escritores malos. Su reciente biografía, The World Is What It Is: The Authorized Biography of V.S. Naipaul (2008), escrita por Patrick French, aviva aún más la llama insipiente de su mito.

Sin duda, razones pueden existir para que sea el escritor menos leído de su país, incluyendo la manera en que se aparta de los ruedos tendenciales que agrupan muchas veces a los escritores en las sociedades colonizadas y/o postcoloniales. Pero Naipaul es un cronista de es­os países a los que, como el caso de Puerto Rico, se les desposee de una historia para suplantarla con otra.

Beautiful happy housewife with rubber gloves Embudo: poemas de fin de siglo, infame primer libro de mi autoría, recibe un extreme make-over con los poemas originales de la edición que se supone que fuera y no fue, y con concepto a todo color de una ama de casa que pretende domesticar la poesía como si fueran galletitas Pillsbury para hornear al instante.

Tasty.

Algo se cocina en Amazon, porque es el único lugar donde se encontrará el libro –por el momento–. El enlace para acceder a la compra es el siguiente: http://www.amazon.com/Embudo-poemas-fin-siglo-Spanish/dp/193516323X/ref=sr_1_14?ie=UTF8&s=books&qid=1254790455&sr=8-14

Metedle mano.

Foto: Alchetron

Maurice Halbwachs, en su obra The Collective Memory,  contraponía los conceptos de memoria e historia como dos formas contradictorias de enfrentar el pasado. La historia nace cuando la memoria social y la tradición ininterrumpida cesan su operación y se disuelven. Evidentemente, y como condición inherente a la Modernidad, la historia pensada como discurso oficial entra en un juego de poder con la memoria colectiva de un pasado común a los miembros de una comunidad. A través de su clara función mnemotécnica, la ideología imperante legitima y condiciona la memoria individual. Sin duda, por tomar palabras de Fernando Aínsa, toda autoridad que domina el presente quiere determinar el futuro y reordenar el pasado, por tanto, requiere definir lo que hay que recuperar en la memoria colectiva.

Justamente, en esa dialéctica temporal que se origina entre la historicidad que se propone como definición de un tiempo colectivo y uniforme, y la memoria individual del individuo, experimentamos la magistral obra de Cristina Rivera Garza, Nadie me verá llorar. Es casi proponer la memoria como contradiscurso de la oficialidad histórica. Así, la novela de Rivera Garza se instala como narrativa de resistencia ante la mano absolutista del régimen de Porfirio Diaz en el México de inicios del siglo XX.

La facultad memorativa, sin duda, es una manifestación temporal que se suscita en un ámbito espacial abstracto. Los recuerdos pueden remitirse a un lugar, el cual puede ser evocado, recordado e incluso visitado, pero siempre en ausencia de un tiempo que sólo se experimenta de manera individual. De esta manera, los personajes principales de Nadie me verá llorar, Joaquín Buitrago y Matilda Burgos, fungirán esencialmente como puntos focalizadores de las experiencias de otros personajes, e incluso entre ellos mismos se alternarán la capacidad de voz, en la medida que el uno se manifiesta en las instancias narrativas del otro, y viceversa. Dentro de este marco contextual, la novela Nadie me verá llorar, de Cristina Rivera Garza, reformula los efectos del gran proyecto de la ilustración y el raciocinio desde una perspectiva posmoderna, donde la gran metanarrativa del control y el orden erosiona a través de una historia de amor fallido, ido y pasado, que sólo puede consumirse por medio de la memoria, o la capacidad misma de viajar en el tiempo.

Lo de las contradicciones socioculturales que se suscitan entre la modernidad y la posmodernidad, sabemos por Néstor García Canclini, da paso a cuestionarse si en realidad podemos hablar de postmodernidad en un contexto que elude, para empezar, lo moderno, en la medida que el reordenamiento sociopolítico de las urbes latinoamericanas en búsqueda de crecimiento y progreso ha abierto unas brecha entre las desigualdades sociales. Y es así que, desde el aspecto técnico de la construcción, Rivera Garza logra montar un sistema narrativo donde cada palabra funciona como un elemento constitutivo de un gran universo caótico y en desequilibrio, pero, incluso, con un patrón determinado.

Rivera Garza logra entonces hilar un discurso que se enuncia desde una variedad de ópticas multifocalizadoras para brindarnos una mirada a la conciencia de los personajes que pueblan la novela y que son orquestados por un narrador que es y nos es parte de la historia, y que a su vez controla el relato por medio de una omnisciencia selectiva. El resultado de este complejo recurso no es otro que el de recrearnos polifónicamente una serie de experiencias donde lo ficcional se disuelve en lo histórico, y en las que los personajes funcionan como hiperenlaces o ventanas a otros mundos y planos narrativos. Así, por medio de flujos de conciencia, digresiones analépticas y pasajes donde predomina el lenguaje esquizofrénico, los personajes se nos van caracterizando en su función plena pero sin consecuencia, dado que en el relato llama la atención la carencia de un momento climático, y, por tanto, subraya la carencia de un objeto del deseo, que, de existir, se encuentra tronchado ante la imposibilidad del tiempo mismo, puesto que se aparece como una quimera lejana. La función del discurso en No me verán llorar, es, pues, transgredir temporalmente, a través del lenguaje, las marcas de la historia en la vida de Matilda y Joaquín.

En la modernidad, todo tiempo uniforme presupone no sólo la absorción del tiempo, sino su conquista. La prosa de Rivera Garza propone esa entropía de la memoria como el último recurso de transgresión del orden impuesto, puesto que la memoria es atemporal y no puede ser apresada por la medida cronológica. Dice Anthony Giddens que la dinámica de la modernidad deriva, justamente, de la separación del tiempo y el espacio y de la recombinación en formas que permitan la creación de zonas espacio-temporales de vida social. En este sentido, uno de los grandes proyectos de la modernidad fue el de hacer de la realidad una experiencia colectiva, prediseñada y predeterminada de acuerdo a las necesidades de los emergentes estados capitalistas y los sectores sociales de dominio y poder. Las sociedades fueron creando, a estos fines, esferas de acción social, que nos remiten a las ambiguas relaciones espaciales de lo que está fuera y de lo que queda dentro. Lo que se excluye es lo ilógico, lo irracional, lo subversivo, y lo vigente queda establecido por la relación de antónimos. Entonces, la manera de incluir lo foráneo y extraño es, irónicamente, incorporándolo adentro, o sea, enclaustrándolo.

La modernidad, tal y como nos la vendieron, creó el concepto de confinamiento como rito de purificación y exclusión de los centros de poder de la metrópoli. Para el siglo XIX, según los estudios de Michel Foucault, la locura se convirtió en puro espectáculo para el mundo. Como prerrogativa hegemónica, la segregación de los ciudadanos en lugares confinados confería la separación de lo espacial. Quedó así instituido el manicomio como espacio de exclusión para aquellos sujetos que no se sometían a los estándares sociales. No es coincidencia, entonces, que Nadie me verá llorar tenga como ámbito narrativo al manicomio de La Castañeda.

Dentro del proyecto de modernización de México, bajo el mandato de Porfirio Díaz, el manicomio fue institución central. El Manicomio General de La Castañeda fue establecido en el año de 1910 con la doble función de hospital y asilo para la atención psiquiátrica de enfermos mentales de ambos sexos, de  cualquier edad, nacionalidad y religión, pero primordialmente poblado de niños, delincuentes, ancianos, alcohólicos, drogadictos y, sobre todo, mujeres. El manicomio, de estructura imponente y afrancesada, servía para segregar a todo aquel que no constituyera o representara utilidad para el proyecto de modernización de México bajo el gobierno de Díaz. De todas las potenciales mujeres que podían ser encerradas para tratamiento siquiátrica, se encontraban las mujeres que se revelaban contra sus maridos, las de vida licenciosa (a las que se le diagnosticaba locura moral) y las prostitutas. De algún modo, las tres tipologías se ajustan a la caracterización de Matilda, que se nos aparece más que como una mujer rebelde, como una víctima de un sistema controlado por hombres.

De esta manera, Matilda pertenecerá al mundo de lo oscuro, de lo irracional, de lo ilícito. Ella es desorden encarnado, tomado esto siempre en su relación con el paradigma social de la época. Cuando Joaquín lee los informes sobre Matilda, la mujer se nos revela como reflejo de un mundo premoderno, metonimia del atraso que tanto atacaba el proyecto del presidente Díaz. Por eso, para Matilda, el manicomio es santuario. Ella contrapone a todo lo que es dominio de la luz: la razón, lo masculino, lo convencional. Matilda “habla demasiado. Cuenta historias desproporcionadas. Escribe”,  y por ello, es juzgada y confinada a los oscuros recónditos de la institución mental. Con frecuencia, se opone o le huye a la luz, particularmente la del sol. Su relación con Joaquín queda entonces expuesta tanto explícitamente como implícitamente. Al comienzo de la novela, el narrador nos dice que para Joaquín, “todo fracaso comienza con la luz, con el deseo de atrapar la luz para siempre”. Esta proposición es totalmente paradójica, dado el hecho que Buitrago es fotógrafo, un artista cuyo desempeño confiere un dominio de la luz y su desplazamiento en el espacio.

La modernidad en las artes alcanzó su punto climático con la aparición primero de la cámara fotográfica y luego con el cine. Por supuesto, en una tradición de mimesis en el arte, nada podía superar la capacidad para capturar la realidad como la fotografía, que es imagen estática, y el cine, que es imagen en movimiento. Es así que la llegada de la cinematografía precipitó un cambio de paradigma traumático en el mundo del arte, que dejó de ser un asunto de mimesis de la realidad; ese papel lo asumía el nuevo medio del cine. Por tanto, según Paul Crowther, el arte asumió dos problemas: primero, al perder su función primaria, el arte había llegado a su “límite lógico”: se convertía en arte determinado por una intención meramente artística y, consecuentemente, llegaba al punto donde nada nuevo podía ser creado; segundo, a causa de la cinematografía, el arte fue obligado a entrar en una progresión necesaria en torno al descubrimiento de su propia esencia. Queda entre el arte plástico y el cine, la fotografía. En ese sentido, las fotografías de Joaquín equivalen a los momentos captados sin tiempo en la memoria, suspendidos en un tiempo sin tiempo, luz hecha imagen.

Por supuesto, es de esperarse que ante el énfasis y presencia de los juegos de luz, surja una primacía sobre el sentido que se privilegia directamente de la presencia lumínica: la vista. La ausencia de luz es, justamente, la oscuridad y la ceguera. Y es en la oscuridad que Joaquín descubre el dolor, no en “una palabra ni una sensación, sino [en] una imagen: el rostro de una mujer en rigor mortis”. Para Matilda, la oscuridad es su dominio. Y si en la luz de la modernidad predomina el ruido de la ciudad, “la educación de Matilda empieza así: en el silencio”. La ausencia de lenguaje será virtud y defecto. El único recurso que le queda a nuestra protagonista para invocar la memoria, para viajar en el tiempo, son las palabras. El lenguaje es importante para el personaje de Matilda, puesto que las palabras, como la música, se desplazan con un sonido en el tiempo. Matilda habla, si bien por compulsividad, más por sentirse vida, por asirse a la única cosa que la conecta con la realidad interior.

Matilda muere añorando sus amoríos con Paul Kárack, empresario geólogo de mucho interés. Hijo de emigrantes europeos, Paul llega a México desde Estados Unidos en búsqueda de su utopía. Matilda comparte una relación con él que nunca rinde los frutos deseados, aspecto resaltado por el hecho que ambos van a vivir al desierto. Al morir su marido, Matilda pierde toda esperanza y posibilidad en un futuro mundo mejor. No cabe duda que Matilda se queda con “tantos años de estudio, tantos libros, y tal vez ningún abrazo”. El amor, el aspecto intangible que domina el reino del instinto, es el gran perdedor de esta novela que se desarrolla al pie de la modernidad racionalista. Es por ello que Joaquín Buitragro, narcómano incapaz de ajustarse a su realidad circundante, termina, al igual que hiciera Matilda en varias relaciones lésbicas, trasgrediendo su propia desgracia hacia espacios vedados por la sociedad pero convenientes para él como individuo. Así, termina en una relación homosexual con el abogado que le ayudará a obtener estabilidad económica.

Todo se desarticula. Todo delirio se despedaza.

Nadie me verá llorar culmina con la muerte física y la pérdida de un pasado que, como la figura de Matilda en la mente del lector, sólo podrá rescatarse ilusoriamente por medio del espacio designado a la ilusión y al sueño, o, en su mejor parecer, a la memoria. Este espacio que requiere que sea llenado con una historia, una narrativa, que pueda rellenar el vacío, que pueda reparar esa fractura -una narrativa que esté estructurada en torno a la memoria y que se pueda ir construyendo y no re-construyéndose.

Y esa es la manera en que viven los viejos pueblos de siempre aún por venir.

Blog Archive