El narcocolonialismo de nuestra Hiber-Nación®

ImperialismoMacdonals La noche del sábado, en el municipio de Toa Baja, ocho personas fueron asesinadas y otras veinte heridas mientras se encontraban en el negocio La Tómbola. El acto, con proporciones de masacre, impactó los principales medios de prensa de tal manera que pocos dirían que apenas el jueves pasado, el país se encontraba manifestando en un histórico paro nacional.

De pronto, la legislatura se apresta a ilegalizar la venta de alcohol después de la media noche; de pronto, Puerto Rico se encuentra deshumanizado por una guerra civil subterránea, como aludieron las autoridades; de pronto, Juan Vélez, ganador de Objetivo Fama, esperará al nacimiento de un niño cuya paternidad se adjudica al cantante coameño para hacerse las pruebas de rigor que diluciden semejante conflicto; de pronto, Miguel Cotto revela su lado fashion. Entramos a la narrativa sentimental provocada por los sentimientos de pérdida –pérdida de trabajo, estabilidad económica y certidumbre política.

Ciertamente, y a mí entender, la participación cívica durante el paro laboral la semana pasada, no fue sustanciosa, si bien concedo que fue lo suficientemente concurrida para hacer llegar el mensaje de desencanto con el gobierno de Luis Fortuño. Aparte de la zona metropolitana de San Juan, el resto del país se mantuvo en funciones. Y justamente el fin de semana después, llega la masacre de Toa Baja.

Estamos, justamente, en esta comunidad imaginada que es la Hiber Nación®.

Los que perpetuaron los asesinatos, como los blancos que perseguían, no están afectados por las decisiones gubernamentales de despido de empleados, ni tampoco rinden cuentas con el erario, ni se les vienen encima el nuevo impuesto por la propiedad y tampoco se ven afectados y mucho menos amenazados por los llamados “grandes intereses” de las corporaciones privadas.

A la Hiber Nación® la mece la narcoeconomía.

De la masacre, no hubo testigos. Nadie nunca ve nada. Impera el código del silencio. La ciudad se convierte en un gran arrabal.

Estamos, señoras y señores, ante la posible revelación de que nos cruza cierto modo de narcopolítica (el negocio donde ocurrió la masacre había sido cerrado y sus permisos cancelados, solo para comenzar operaciones de nuevo).

Aquí no harán falta medidas profilácticas: nos matamos unos a otros, todos somos Caín y cualquiera que disienta es Abel.

Y detrás de todo, nos situamos ante el narcocolonialismo, condición adormecedora en este lugar impensado que es la Hiber Nación.

Pasemos las papitas de McDonald’s.



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