Feeling porcine

De todas las maravillosas aventuras que confiere el hecho nada más de vivir en Genérika, la menos esperada me ha tocado: la influenza del tipo A N1H1, mejor conocida por sus atributos como fiebre porcina. Entonces, con sentimiento whitmaniano, me hallo oficialmente entre la gran piara de estadísticas de ciudadanos contagiados.

Por dolerme tremendamente la cabeza –mi beanie de Medalla no tiene nada que ver con el hecho de que yo ande de tortillas de Panadol–, no escribo más, excepto para añadir que el mundo –la vida– es guerra, y los humanos siempre la estamos perdiendo. Y tanto delirio de grandeza, pienso, mientras aprecio cuán ineficaces somos ante el poder de la muerte física.

Oinc.



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